Vivimos tiempos propicios para la espiritualidad. En los que cada vez más personas buscan el auténtico encuentro con lo que son, y este movimiento es de esperar que progresivamente afecte a todas las estructuras humanas actuales tanto individuales como colectivas.

El Yoga Integral nos facilita el abrir las puertas de nuestra misteriosa interioridad, aportándonos los medios para alcanzar de una forma efectiva la realización de lo que somos, ayudándonos a liberar los elementos sufrientes y limitantes en nuestra vida, y a hacer emerger potencialidades ocultas, que ensanchan los horizontes de una realidad desconocida para la ordinaria mente humana.

En el presente, la persona espiritual aprecia las maravillas del progreso y del desarrollo de la razón humana en su justa medida, disfrutándolas como corresponde, mientras que lleva en su corazón el anhelo humano de la felicidad, y en su mente el ideal de una vida superior. Así es como avanza sin negar nada, a la vez que lo perfecciona todo, con la asistencia del poder que encuentra dentro de sí , y que es el motor de una continua evolución.

El estudio de la historia muestra que la evolución espiritual del ser humano es imparable, incluso cuando la razón humana pudiese considerar inexistente el Espíritu por su intangibilidad, la humanidad, aunque haya sido excepcionalmente, sigue progresando hacia seres que manifiestan la influencia evidente de un poder que sobrepasa a la mente.

El riesgo de la espiritualidad, como formulación de esa necesidad, es el de quedarse en las formas externas, puesto que la espiritualidad ha de ser la ciencia de la esencialidad, y no una atropellada adquisición de técnicas para alcanzar nirvanas imaginarios.

El verdadero conocimiento se halla en lo profundo, y si queremos saber con mayúsculas, no es suficiente con buscar en los libros, aunque estos nos ayuden. La prospección indagatoria de nuestro ser, tenemos que hacerla por nuestros medios. Hemos de encontrarlos y utilizarlos adecuadamente para que nos lleven al conocimiento.

En el Yoga Integral practicamos Hatha Yoga para progresar en los logros de: una salud perfecta, un equilibrio emocional y una vitalidad elevada, que coloquen a nuestro cuerpo en la posición privilegiada de ser el vehículo acto para la misión del alma. Lo que nos aportan Asana (postura) , Pranayama (control de la respiración) y Kriya (gestión de las energías internas) es de gran utilidad para llevarnos al encuentro íntimo y verdadero con nuestro corazón. Con la Meditación Integral obtenemos el equilibrio mental, y sentamos las bases la paz, y receptividad que necesitamos para que lo intuitivo emerja e ilumine nuestra vida diaria. Todo lo que la ciencia del Yoga puede aportarnos es de un gran valor, si sabemos ponerlo al servicio del encuentro íntimo y gozoso con el Ser.

El descubrimiento de lo que somos, se va convirtiendo en una acción real en el mundo. El efecto de nuestros logros internos tiene que ser evidente, primero sobre nosotros mismos, y después sobre nuestro entorno, llevándonos a una espiritualidad más práctica que teórica.

Para la aventura espiritual, a la que todos estamos invitados, necesitamos unas actitudes. Nos ha de asistir el orden y rigor del científico espiritual, para mantenernos a salvo del error dialéctico. El impulso a despojarnos de los aspectos sufrientes de nuestra vida, junto con la firme determinación de alcanzar la plenitud. La humildad para escuchar a nuestro corazón. Y el ideal de la transformación de los viejos códigos de necesidad, enfermedad y muerte.

Estas potencias están latentes en todo ser humano, y se muestran desarrolladas en mayor o menor medida, siendo los únicos emblemas que necesitamos para reconocernos en el paso de transición de personas mentales a personas espirituales.

La espiritualidad moderna no contempla una huida de la vida, al contrario, los logros del ascetismo han de ser puestos en práctica en la cotidianidad. El trabajo, la familia, la pareja, la vida en sociedad son oportunidades para realizar nuestro ideal. El ideal culminar el más alto desarrollo de lo humano, con el despliegue de los poderes ocultos latentes que hay en nosotros, como forma efectiva de cristalización del principio de vida humana superior que progresa hacia una futura vida divina. El idealista y el realista no son opuestos, se complementan, el primero nos proyecta hacia grandes metas, y el segundo nos permite reconocer el momento presente para realizar en él las acciones que nos lleven a alcanzarlas.

El método es positivo, puesto que se asienta sobre una visión certera y realista de nosotros mismos y del mundo, y se enfoca constantemente hacia nuestras posibilidades más elevadas, más que hacia nuestra debilidades o incapacidades.

Esta espiritualidad moderna es la propuesta del Yoga Integral, que no niega el cuerpo, ni la emoción, ni la mente en ninguno de sus aspectos, y los sublima a todos al ponerlos en contacto con lo que está dentro y por encima de ellos.

Nos anima a convertirnos en acompañantes a la vez que en transformadores de una realidad dinámica, con el soporte de fondo de la sabiduría intuitiva que hay en nosotros, sepamos o no de ella, la cual responde a un propósito universal más amplio que nuestra individualidad.

Despertamos a nuestra realidad interna, disfrutamos de ella y al mismo tiempo establecemos un vínculo con lo externo para la espiritualización de la vida.

Para ello necesitamos básicamente tres puntos de anclaje : una mente abierta a la posibilidad, la disposición de progresar y los medios precios para alcanzarlo.

Así es como la espiritualidad teórica e individualista está en condiciones de avanzar hacia una espiritualidad práctica y universalista, que no sólo está diseñada para la felicidad del individuo, si no que es la punta de lanza de la transformación social a través de éste.

Sandra Docando Andrade (Savitri).
Miembro de la Escuela de Yoga Integral Mahashakti
www.escuelamahashakti.com