Mitos, cuentos e historias nos rodean y aparecen en nuestra vida transmitiéndonos mensajes, compañía y sanación.
También podemos animarnos y escribir una historia a nuestra niña interior o a nuestro hijo cuando tiene miedo.
Cuando repetimos una y otra vez un patrón absurdo en lugar de enfadarnos con nosotros mismos, podemos dibujar un cómic y a través del sentido del humor tomar menos en serio nuestros errores.

Mitos y cuentos que aparecen.
Los mitos iban apareciendo en mi vida cuando necesitaba su sabiduría. Me gustaban tanto que me puse a leer libros de antología de mitos y al ir a por ellos la magia desapareció. Los mitos que me llegaban a través de un libro, un curso o una amiga eran los mejores para mí. Fue así como aprendí a esperarlos. El mito de Deméter y Perséfone, el mito de Psique y Eros, el mito de Inanna. Todos estos mitos dejaron una honda huella en mí. Así aprendí que cuando un mito se cruza en mi camino trae un mensaje importante. Me paro a leer el mito, a estar con él y a traducir lo que me quiere decir.

Desde que ha nacido mi hijo mi vida se ha llenado de cuentos. Han dejado de aparecer mitos y han empezado a aparecer cuentos infantiles. Ante la evidencia de vivir rodeada de vacas-cerditos-pollos y peces de colores y la evidencia de que mi vida va a estar rodeada por estos personajes durante muchos años (confirmado por mis amigas madres) decidí observar con atención los cuentos que a mi hijo le fascinaban. Esos cuentos que quería leer mucho y a menudo, muchísimo. Y a preguntarme si tenían también algún mensaje para mí. Así comencé a leer entre líneas los mensajes de los cuentos. Los tres cerditos es el cuento favorito de mi hijo desde primavera. Me recuerda la importancia de estar atenta a la esencia de lo que necesito e ir a por ello y sentar las bases con solidez. Todo tiene un camino y un tiempo en la Tierra me digo. Aunque yo quiera ir rápido y tenerlo todo ya, necesito constancia, sentar las bases, paciencia. Es así.

Creando cuentos.
Los cuentos han sido desde antaño un camino para explicar a los niños y las niñas cómo es la vida, como son las cosas y cuál es la mejor manera de transitar por ciertas situaciones. A mí me gustan mucho los cuentos tradicionales (con lobos, brujas, ogros, misterio, algo de miedo, emoción) y considero que transmiten una gran sabiduría. Ahora la tendencia es contar cuentos más dulces-más suaves-más templados. Está bien y a la vez vivir es intenso y existen los conflictos, las contradicciones, la frustración, la agresividad, las emociones fuertes y yo prefiero preparar y acompañar a mi hijo en esto.

Una noche estaba pensando acerca de mi infancia. Y me puse a pensar qué cuento me hubiera ayudado escuchar y leer de pequeña. Uno acerca de cómo ser amable conmigo misma cuando cometo errores me dije. No tenía mucho tiempo así que escribí un cuento muy cortito. Con dibujos. Fue bonito escribirlo y leerlo cada noche durante una temporada.

También comencé a crear cuentos a mi hijo. Especialmente uno para el miedo. Un cuento cortito con una canción muy pegadiza para los momentos de miedo. Se llama Pachito no tengas miedo. Se lo contaba-cantaba cada noche antes de dormirse.

En verano leí un libro acerca de la mente de los niños (“El cerebro del niño” Daniel Siegel y Tyna Payne Bryson) y descubrí la maravilla de usar algo que ha ocurrido de verdad y contárselo como un cuento.

A él especialmente le gusta la historia de cuando fuimos a llevar el coche a un túnel de lavado. El verano pasado empezó a adorar los túneles de lavado de coches y se tiró un mes entero diciéndome que nuestro coche estaba muy muy sucio y que teníamos que llevarlo a lavar. Así que un día decidimos ir con él a lavar el coche a un túnel de lavado.

Antes de entrar él empezó a llorar y a decir que no quería, que no quería. Yo me quedé muy sorprendida pues esperaba que él estuviera encantado, ya acostumbrada a estas sorpresas de la maternidad le pregunté que si le daba susto, sí, me dijo y le pregunté que si prefería que nos quedáramos fuera él y yo y que yo le cogía en brazos. Medio llorando me dijo que sí. Le cogí en brazos, se tranquilizó y estuvimos fuera del túnel de lavado mientras su padre y la abuela se quedaban dentro del coche. Luego el coche salió limpísimo y nos pusimos todos muy contentos.

Yo le contaba esta historia cuando me la pedía y al contársela reforzaba claro, si algo no nos gusta o nos asusta mucho decimos no, yo no quiero y pedimos ayuda. A través de la historia le estoy ofreciendo una manera de afrontar situaciones que para él son difíciles o complicadas.

Me pidió esta historia muchos días muchas veces al día hasta que dejó de hacerlo. Supongo que ya había integrado y comprendido lo que él necesitaba y era suficiente. Estas historias que incluyen acontecimientos difíciles, emociones y la resolución de la experiencia ayudan a los peques a entender sus emociones y a dar sentido a experiencias que para ellos son muy complejas.

La magia de los cómics.
Cuando me veo atrapada en uno de estos bucles absurdos de sufrimiento innecesario me ayuda dibujar un cómic. Un personaje, unas viñetas, texto y acabo riéndome y tomando perspectiva de mí misma. También me ayuda a desarrollar ternura hacia esas partes de mí que son más torpes, más lentas, más empeñadas en repetir lo mismo una y otra vez aunque no funcione.

Los cómics también me han ayudado a dejar de pedir peras al olmo. Me dibujo tratando de conseguir empatía de quien no es empático y me hace gracia, se me queda grabado.

La próxima vez que me encuentro a esa persona me acuerdo del cómic y ya estoy mucho más clara de lo que sí puedo esperar y de lo que no.

Es muy divertido hacer un árbol genealógico con personajes tipo cómic, un diálogo típico de la comida de Navidad en casa de la familia política o un cómic de la madre que creía que iba a ser y luego otro de la madre que soy y reírme un ratillo. Utilísimos los cómics incluyendo al príncipe azul tan maravilloso y las consecuencias nefastas que tiene para nosotras cuando nos empeñamos en conseguir casarnos con él. Dibujar madrastras malísimas, princesas atrapadas, reyes enfadados, reinas solitarias, sapos, ogros, duendes…todos estos personajes nos ofrecen la posibilidad de transformar la visión de lo que nos ocurre.

Mitos-cuentos-canciones-cómics-personajes hablan directamente a nuestro inconsciente. Ese lugar donde reside nuestro niño o niña interior. Ese lugar donde quedan grabados patrones antiguos que a menudo repetimos. Estar con un mito o un cuento y comprender su significado nos ayuda a integrar de manera consciente dicha enseñanza, lo cual refuerza el poder del mensaje. También podemos caminar en dirección contraria. Creando cuentos, canciones y cómics podemos hablar a nuestro inconsciente para asegurarnos de que el mensaje que emitimos será recibido e integrado.

Ojalá que cada vez seamos más capaces de integrar nuestra mente consciente y nuestro inconsciente para lograr mayor equilibrio-armonía y sanación.

María Ponce de León Fuentes
Psicóloga colegiada
Terapeuta Gestalt-Arteterapeuta
www.mariaponce.es