«El llamado mono no es más que las reacciones desordenadas del organismo hacia la salud, un estallido de vitalidad que no tiene por qué asustar»

Ex-fumador de dos y tres cajetillas diarias de tabaco, el Dr. Miquel Masgrau I Bartis, ha dedicado los últimos veinticinco años a asistir profesionalmente a centenares de personas que han dejado el tabaco, no desde el puritanismo de la cruzada anti-tabaco, sino desde la comprensión que da la condición de ex-fumador.

Fue médico interno en el Hospital Sant Pau (Barcelona), se introdujo en el mundo de la psiquiatría en la clínica de la Borne (Francia), y estudió antropología médica en la Amazonia (Brasil). Pionero en el estudio de la medicina China estudió y practicó al lado de médicos tradicionales en Hong Hong y Taiwan, así como en el Hospital de medicina tradicional de Pekin.

 

Es autor del libro  «El placer de dejar de fumar. Origen, esplendor y muerte de una adicción» de Ediciones Luciérnaga.

 

P – ¿Cómo ha pasado el tabaco de ser una planta «sagrada» que liberaba a una hierba que esclaviza?

Al fumarse fuera de sus usos tradicionales. En sus orígenes, se consumían uno o dos cigarros al día compartidos y en un ambiente de armonía con la naturaleza, bien distinto del estrés que caracteriza nuestra sociedad. Así pues, lo nocivo no es tanto el tabaco como su consumo inmoderado. Aparte de que nada tiene que ver el tabaco original con el amasijo de aditivos y adictivos que constituye la mayor parte del cigarrillo de hoy.

P – Con toda la información de que disponemos ¿se fuma por placer o se fuma convencidos de nuestra gran debilidad?

El hábito de fumar pasa por varias fases. Una primera de disgusto, que hay que superar para no ser menos. Poco después se fuma en grupo, en momentos de relajación, que despierta una sensación de confianza en uno mismo que, en mayor o menor medida, cada cigarrillo evocará siempre. Pero esta fase es corta, porque muy pronto se empieza a fumar en momentos de tensión, en busca de esa misma satisfacción, sin darse cuenta de que se ha caído en un círculo vicioso en el que el propio tabaco deja un vacío que sólo puede llenar un nuevo cigarrillo.
Así pueden pasar unas cuantos años, o incluso décadas, durante los que se necesita fumar no tanto por placer –pues son muy pocas las caladas que realmente se disfrutan- como para calmar la desagradable sensación que mantiene esta necesidad artificial. Hasta que uno cree que no puede dejarlo y fuma tan solo para evitar un desplacer. De modo que el «me gusta fumar», «no quiero dejarlo» encubren una dependencia, un debilidad.

P – En algún momento del libro dice que para dejar de fumar la voluntad es condición necesaria, pero no suficiente ¿puede explicarlo?

La mayoría de los fumadores quieren dejar de fumar, por lo que está claro que con la voluntad no basta.

Es muy ilustrativa la imagen de que dejar de fumar es como subir una montaña; es cuesta arriba, pero el camino resulta agradable si se emprende con buen ánimo. Sin embargo, hay que conocer los senderos, es decir, que no es suficiente con la voluntad, sino que es necesario el entendimiento, la inteligencia. Resulta, pues, de gran ayuda un mapa y una guía que, desde la experiencia, describa los parajes en los que los fumadores se suelen perder y los recursos que ayudan a llegar a la cima. Y esto es una de las tres partes del libro.

Pero tampoco basta con consejos prácticos. La comprensión de lo que el tabaco ha significado a lo largo de la historia y cómo ha influido en la sociedad y sigue haciéndolo en la mentalidad de los fumadores, acaba convirtiéndose en la motivación definitiva.

P – ¿Por qué fracasan las campañas que se hacen para animar a dejar de fumar?

Porque están orientadas a asustar a los adultos, que ya han consumido una parte de su vida. Pero no parecen incidir en la raíz del mal, en los jóvenes, a juzgar por lo que se ve en las puertas de los institutos.

P – Habla de una adicción mental y una adicción física, a grandes rasgos ¿qué sucede cuando se deja el cigarrillo?

La mayoría de fumadores reconoce que la adicción es sobre todo mental. Y el quid de la cuestión es saber cómo quitárselo de la cabeza, no tanto del cuerpo. De ahí que un libro pueda ser de tanta utilidad.

Por lo que se refiere a las reacciones físicas, contrariamente a lo que se suele temer, al dejar de fumar sólo suceden cosas buenas, y desde el primer momento. El llamado mono no es más que las reacciones desordenadas del organismo hacia la salud, un estallido de vitalidad que no tiene por qué asustar.

P – ¿Cuál es el mejor momento para dejar de fumar?

Cuando te das cuenta de que es una gran tontería, de que es una necesidad absurda por superflua, costosa e insana. Y es urgente cuando empiezas a creer que no puedes dejarlo.

P ¿Cuál es la clave para dejar de fumar? ¿Cuál es el secreto?

Darse cuenta del engaño. Hay que darle la vuelta a los motivos que llevan a superar el mal sabor de los primeros cigarrillos. Se empieza a fumar para alimentar la sensación de emancipación, libertad y rebeldía. Y hay que dejarlo por las mismas razones: para emanciparse, liberarse y rebelarse contra una esclavitud que sólo aporta inconvenientes.

P – ¿Por qué se recae tanto?

Porque la mayoría de fumadores sólo pretende seguir igual pero con un factor de riesgo menos y desaprovecha la gran oportunidad de que dejar el tabaco sea el inicio de una reacción en cadena hacia una existencia más satisfactoria.

P – En el libro habla de que el tabaco deforma la percepción de la realidad ¿de qué manera la deforma?

El chamán utilizaba el tabaco para provocar una alteración de consciencia en intoxicaciones rituales, para buscar en otros planos de consciencia las respuestas a los problemas de la comunidad. Fuera de este contexto, el tabaco sigue utilizándose para evadirse por unos instantes del aquí y ahora, pero no para conectar con los espíritus sino para poder soportar niveles cada vez más altos de tensión.

Esta desconexión del cuerpo y la mente que facilita el tabaco ha propiciado tanto el idealismo como el materialismo de nuestra sociedad, y ha acentuado el dualismo característico de nuestra cultura. La consciencia de cómo influye el tabaco en los planos personal y social, es decir, ver el tabaco desde fuera de la nebulosa de la adicción, es de gran ayuda en el momento de dejarlo definitivamente.

P – ¿Qué papel pueden jugar los sustitutivos o las Medicinas complementarias en conseguir el objetivo de dejar de fumar?

Los sustitutos son totalmente prescindibles, e incluso indeseables, básicamente por dos razones: porque se oponen al cambio en vez de favorecerlo y porque desplazan al cuerpo un avispero que está en la mente. Por lo que respecta a los fármacos, basta leer los prospectos para concluir que, sea cual sea la ayuda que prometan prestar, comportan un riesgo desmesurado para un paso que la mayoría de ex fumadores ha dado sin ningún tipo de ayuda.

Por lo que se refiere a las medicinas alternativas, éstas sí sin efectos secundarios y con una visión positiva, resultan beneficiosas para transformar la reacción del organismo ya libre de tabaco en la plena forma física y psíquica. El ejercicio es el mejor antídoto, y el yoga, el tai qi y otras técnicas holísticas son prácticas que ayudan a superar los viejos hábitos.

Pero en la medida en que la adicción está arraigada sobre todo en la psique, la meditación y la reflexión son los mejores recursos. Este libro está pensado para romper con los tópicos que tanto dificultan dejar de fumar, e iniciar una vía alternativa para que abandonar el tabaco sea una oportunidad, un placer.

M. F. G. G.

Espacio Humano