Las encuestas son concluyentes y nos están diciendo que el fenómeno de la fatiga ha pasado a formar parte de la vida de cada vez más personas. Y esto es una pena porque la fatiga compromete nuestra felicidad y satisfacción de vida. Cuando estamos cansados es mucho más difícil que experimentemos las emociones positivas que son la base de la sensación de felicidad. La ilusión, el entusiasmo, el disfrute o la alegría tienen sus raíces en un estado de vitalidad, y cuando estamos cansados es más fácil que experimentemos sus opuestos: frustración, enfado, pesimismo, depresión.

Vivimos en una realidad que implica unas altas demandas sobre nuestra energía. Carga de trabajo en aumento, presiones, estrés, cambio permanente, necesidad de adaptación, dificultades económicas, incertidumbre, necesidad de compaginar trabajo doméstico con trabajo fuera de casa, y la lista podría continuar. Todo ello hace que las demandas sobre nuestra energía sean altas y la gestión eficaz de ésta una necesidad. Al igual que cuando le exigimos un poco más a nuestro coche en una carretera de montaña el consumo de combustible sube, la realidad en que vivimos implica un mayor consumo energético, y por tanto, una mayor necesidad de llenar el depósito y de recuperar energía.

En el colegio nos enseñaron a todos que el principio básico de la energía era: «la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma». Bueno, pues este principio aplica muy bien al mundo de la física, pero cuando de lo que se trata es de biología, y ahí estamos todos porque nuestro cuerpo es pura biología, el principio cambia y ha de decir: «la energía se consume y ha de ser repuesta».

Y es precisamente una eficaz gestión de la energía algo que necesitamos para mantener nuestra salud, nuestro bienestar físico y emocional, y nuestra felicidad. ¿Es esto complicado? No, todo depende de adoptar los hábitos de vida que nos lo garanticen, y que además, son conocidos por prácticamente todos nosotros. Lo que ocurre es que quizá no somos conscientes de su importancia y del gran impacto que estas cosas sencillas tienen en nuestra vida. Veamos un poco cuáles son estos hábitos.

Cuando hablamos de energía biológica, hay una única fórmula que hemos de tener en cuenta; es la siguiente:
Energía = Combustible x Oxígeno

La energía que nuestro cuerpo necesita para mantener su funcionamiento y su vitalidad, y la que necesitamos nosotros para realizar nuestros quehaceres diarios y vivir nuestra vida, proviene de la combustión de nuestro combustible, la glucosa, con el oxígeno que obtenemos al respirar. Por lo tanto, una de las claves para tener toda la energía que necesita nuestra actividad diaria es que nos dotemos del combustible necesario. ¿Te imaginas emprender un viaje de 500 km con tu coche con un cuarto del depósito de gasolina? Ni se nos pasa por la cabeza porque los coches se paran cuando se termina la gasolina del depósito. Sin embargo, en muchos casos, nosotros nos disponemos a emprender el viaje de nuestro día sin apenas gasolina en el depósito y sin un plan para repostar cuando lo necesitemos. Esto es así porque a diferencia de los coches, nuestro cuerpo puede seguir funcionando aunque se le haya acabado la gasolina.

Nuestro combustible es la glucosa, y para tener un buen nivel de energía y de vitalidad para vivir nuestro día y no generar fatiga, lo primero es que nos dotemos de una adecuada aportación de combustible a lo largo del día. ¿Qué significa esto? Pues algo tan sencillo como lo que se presenta en el siguiente gráfico:
graficoglucosa - Gestionar la energía y la vitalidad para una vida plena

Las dos líneas horizontales marcan nuestros niveles de glucosa (máximo y mínimo), y las curvas cómo van variando en función del consumo y el repostaje (comidas). Este gráfico tan sencillo te da una idea de la importancia que tiene eso que tanto se dice sobre hacer un buen desayuno y tomar algo a media mañana y media tarde.

Pero para mantener nuestra energía y vitalidad, además de cuidar las comidas, hemos de prestar atención a otras tres variables:
• Descanso y recuperación
• Actividad física
• Relajación

En la naturaleza todo funciona de acuerdo al principio de oscilación en el que la actividad y la recuperación se suceden en una especie de ciclo interminable. La noche sucede al día, que a su vez da paso de nuevo a la noche. El otoño y el invierno dan paso a la primavera y al verano, y luego vuelta a empezar. En nosotros ocurre lo mismo porque somos parte de la naturaleza, y esta es la razón por la que necesitamos dormir y descansar a lo largo del día.

¿Cuántas horas necesitamos dormir? Entre siete y ocho. ¿Cuántas horas dormimos? Pues según las encuestas, hay un alto porcentaje de personas, especialmente en las grandes ciudades, que duermen entre una hora y hora y media menos de lo necesario. Esto tiene un impacto inmediato en los niveles de energía y de vitalidad durante el día, pero también en la cantidad de años que vivimos. Sí, has leído bien, tal y como demostró Dan Kripke en un estudio con un millón de personas, los niveles de mortalidad debida a casi cualquier causa eran más bajos en las personas que dormían entre siete y ocho horas cada noche. Junto con el sueño nocturno, también necesitamos descansar regularmente a lo largo del día, en concreto, cada hora y media o dos horas. Esto es así porque nuestro cuerpo funciona de acuerdo a unos ritmos biológicos llamados ritmos ultradianos, que hacen que cada hora y media o dos horas el cuerpo esté pidiendo un tiempo de recuperación. ¿Cuánto? Con diez minutos es suficiente.

Estas dos iniciativas pueden transformar un estado de fatiga y cansancio en uno de energía y de vitalidad. Pero para estar en un estado óptimo, hemos de añadir la actividad física y la relajación. El ser humano, como especie, ha tenido una vida físicamente activa durante el 99 por ciento de su existencia. Esto implica que nuestro cuerpo está diseñado evolutivamente para la actividad, y que el sedentarismo en el que hoy viven muchas personas (80 por ciento en poblaciones urbanas) nos es anti natura.

La actividad física es fundamental para mantener nuestra salud, como bien indican múltiples estudios científicos, pero también para que nos sintamos plenos de energía y de vitalidad por la activación celular que la actividad física su pone. ¿Supone esto que hay que hacer deporte? No necesariamente, simplemente con caminar cada día media hora obtendremos unos grandes beneficios.

¿Por qué es importante también la relajación? Pues básicamente porque el estrés se ha convertido un compañero de vida de muchas personas. Las presiones de la vida cotidiana hacen que en nuestro organismo se produzca una activación que es necesario desactivar y contrarrestar. Aquí cada persona tiene unos niveles de activación distintos, pero en general, la dinámica de la vida moderna, especialmente en las ciudades y de personas que trabajan fuera de casa, hace que esta respuesta se dispare y que necesitemos momentos de relajación para desactivarla porque un estado de permanente activación no sólo es muy nocivo para la salud (se calcula que entre el 60 y el 90 por ciento de las visitas al médico tienen que ver con problemas derivados del estrés) sino que también se come nuestra energía. Diez minutos de cerrar los ojos y desconectar de todo cada día son suficientes.

Lo bueno de todos estos hábitos es que son muy sencillos, no requieren de grandes esfuerzos y proporcionan resultados casi inmediatos.

Juan Manuel Martín Menéndez
Escritor, conferenciante y autor del libro «Que tengas un gran día»
www.quetengasungrandia.com