Con el objeto de aportar nuevas soluciones a los desajustes alimentarios que caracterizan a nuestra sociedad actual y a los problemas de salud asociados, tales como las enfermedades metabólicas, ha surgido un enfoque conocido como Ritmonutrición, el cual plantea un interesante abordaje de nuestras prácticas de alimentación.

La Ritmonutrición es una perspectiva basada en la observación de los ritmos biológicos naturales del individuo, que persigue ayudar al paciente con sobrepeso u obesidad a alcanzar una diminución de peso progresiva y saludable, además de ayudarle a que asimile una nueva forma de alimentarse y la sostenga a través del tiempo.

Para ello, la Ritmonutrición se apoya en los aportes de otra rama de la ciencia, la Cronobiología, disciplina que estudia los ritmos biológicos a los que están sometidos los seres vivos, así como los mecanismos por los cuales estos se producen y sus aplicaciones en Biología y Medicina.

Dichos ritmos son dependientes de una suerte de reloj interno o endógeno, localizado en la corteza cerebral, al igual que de ciertos sincronizadores ambientales como la luz solar, los cambios climáticos estacionales y las mareas; entre otros.

Habitar en nuestro astro-hogar, la Tierra, con todas sus vibraciones, rotaciones y traslaciones a través del espacio, determina fehacientemente la manera según la cual trascurre la vida humana, así como la del resto de los seres vivos. Cambios en la luminosidad, temperatura y en la humedad ambiental, debidos a la alternancia del día y la noche, o a la sucesión de las estaciones, inciden directamente en nuestra manera de comportarnos, incluida la manera en la que procesamos y asimilamos los alimentos que ingerimos.

Cada uno de nosotros, somos organismos sometidos a la periodicidad de la Naturaleza y nos comportamos siguiendo las indicaciones de un complejo reloj orgánico, cuyo funcionamiento es sólo ahora que estamos comenzando a entender.

No en vano se ha podido detectar que la aparición de ciertos eventos fisiológicos y patológicos, se relaciona con ciertos horarios, como lo determinaron Smolensky y Lamberg (2000). Por ejemplo, que el aumento agudo en la presión arterial se registraba entre las 6:00 y las 12:00.

La Ritmonutrición, viene a ser entonces la aplicación de los conocimientos de la Cronobiología a la alimentación. Y uno de sus campos de mayor interés, consiste en determinar con exactitud el efecto fisiológico de la comida en función del momento en que esta se ingiere, de la cantidad que se consume y de su composición nutritiva. Igualmente busca esta ciencia evitar las posibles interacciones negativas entre los alimentos, dependiendo del momento en que son ingeridos. E incluso determinar la utilización de nutrientes específicos para disminuir el estrés, los trastornos del humor y las sensaciones de frustración y carencia.

El objetivo de la Ritmonutrición es mejorar la eficacia de las dietas en la conservación de la salud y en el tratamiento de las enfermedades de mayor impacto en los países desarrollados, como son las dislipemias (alteración en los niveles normales de lípidos plasmáticos, sobre todo colesterol y triglicéridos), la hipertensión, la diabetes, el cáncer, el sobrepeso y la obesidad.

La clave de todo el abordaje se encuentra en adecuar el ritmo de las comidas y su composición, así como el ritmo de vida, a los biorritmos individuales.

La mayoría de las personas, por lo general, tiene una mayor actividad física durante el día, lo cual implica a su vez un mayor gasto energético en dicho período. Sin embargo, a partir de la media tarde y durante la noche, el gasto energético disminuye dado que las células se dedican a la regeneración y reparación de sus estructuras. Esta apreciación no desconoce el hecho de que ciertos individuos, en virtud de los trabajos que realizan, deban invertir su horario de actividad y descanso. Tal es el caso del personal sanitario y de seguridad que realiza guardias nocturnas, de los operadores del segundo o tercer turno de fábricas, de los músicos, cantantes y otros artistas que actúan en locales nocturnos.

Basándose en los períodos naturales, la Ritmonutrición determina cuáles deberían ser los mejores momentos del día para la ingesta de cada tipo de alimento, en especial en aquellos pacientes que desean reducir el peso.

Es bien sabido también que los trastornos del humor (estrés, ansiedad, alteraciones del sueño) provocan a menudo un desajuste del mecanismo de la saciedad con deseos compulsivos de comer y picotear sin hambre alimentos dulces o salados, de manera incontrolada. En estos casos los pacientes refieren: “Me surge una imperiosa necesidad de masticar cualquier cosa que sea comestible”.

Tomando en cuenta los ritmos biológicos que controlan el funcionamiento del cerebro podremos aportar, en momentos estratégicos del día, nutrientes precursores de los neuromediadores, esas sustancias tan necesarias para el correcto equilibrio del sistema nervioso.

En la mañana, cuando necesitamos más activación física e intelectual, el sistema nervioso produce y libera los neurotransmisores del grupo de las catecolaminas, como la dopamina y la noradrenalina, que tienen un efecto decisivo en evitar, por ejemplo, la depresión. El precursor de estos mediadores es un aminoácido llamado tirosina. Los alimentos ricos en tirosina son: Las almendras, el maní, la manzana, el espárrago, el aguacate, la zanahorias, la lechuga romana, la espinaca, los productos de soja, la sandia, los pepinos, el perejil y el berro.

La utilización de un suplemento de tirosina nos ayuda a comenzar el día potenciando la actividad física e intelectual, influyendo también en el control del apetito.

Sin embargo, para descansar durante la noche, se necesita incorporar el triptófano, aminoácido esencial precursor de la serotonina y la melatonina, las cuales tienen consecuencias positivas en el descanso y la serenidad. Algunos consideran al triptófano un calmante natural. A nivel del comportamiento alimentario este compuesto interviene fundamentalmente reduciendo las compulsiones por alimentos dulces, por la tarde o al final del día.

Las implicaciones sanitarias de primer nivel de la Cronobiología y la Ritmonutrición – reducir la mortalidad y la morbilidad- están ayudando a la efectividad de los tratamientos de Medicina Estética, disciplina que se ocupa tanto de afecciones como la obesidad y el sobrepeso como de aspectos de carácter puramente estéticos como la corrección de la líneas de hiperexpresión facial, que tienen no obstante una gran relevancia en la autoimagen de los pacientes y por ende en sus posibilidades de recuperarse de afecciones, aprender a cuidar su piel para prevenir enfermedades cutáneas y llevar una existencia placentera.

Definimos Salud Estética como: “El equilibrio bio-psico-social de un individuo adulto que se manifiesta en forma de belleza, la cual es percibida y apreciada tanto por dicho individuo como por el grupo social al cual pertenece”.

Dicho de una manera simple, a la persona que goza de una buena Salud Estética podríamos reconocerla diciéndole: “Estás tan bien que se te nota (en belleza)”. Este concepto de Salud Estética es bien distinto del tradicional y un tanto mercantilista, según el cual bastaba lucir una apariencia atractiva (según los cánones de belleza imperantes en una cultura determinada) para darse por satisfecho. Aunque dicha belleza pudiera no tener un debido soporte orgánico y estar escondiendo patologías de base.

Cada vez entendemos y valoramos más la importancia que tiene para los individuos una poderosa autoimagen, en los procesos tanto de autoexpresión como de recuperación de afecciones de la salud, de desencuentros sentimentales, de fracasos económicos y de crisis en general.

La imagen con la que se encuentra una persona frente al espejo puede tener un gran impacto en la manera en la que dicho individuo experimenta el vivir y cifra sus esperanzas y expectativas respecto a los acontecimientos que le depara cada día. “Para ser feliz tienes que gustarte” pareciera ser un aforismo que resume este fenómeno.

De manera que los estándares estéticos que durante tantos años han seducido a la humanidad, adquieren con la Salud Estética una nueva dimensión, por cuanto esta persigue, a partir de la armonización interna de las funciones orgánicas (al manejar afecciones como la obesidad y el sobrepeso), alzarse hacia los ideales de belleza que animan al ser humano.

La aplicación de los principios de la Cronobiología y la Ritmonutrición en la promoción de la Salud Estética (“Estás tan bien que luces bella o bello”), avizora un futuro más alentador y efectivo en la gestión del sobrepeso, la obesidad y en proveer el sustrato orgánico a otros resultados más superficiales (por estar en la superficie de nuestro cuerpo, en la piel) que persigue la Medicina Estética, como es el caso del rejuvenecimiento facial o el modelado corporal.

Estos logros están haciendo que el paso del tiempo y los años esté perdiendo algo de su capacidad para dejar huellas en nuestra silueta y en nuestra piel, escapando un poco a la influencia y control de Cronos, el poderoso dios del tiempo.

Dra. Mariela Barroso Vásquez

Método Reabel©

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