Psicología Neuroenergética para ser más feliz

¿Quieres más?

¿Te gustaría estar siempre al día con las últimas tendencias, consejos y secretos?  Suscríbete a nuestro boletín mensual y sé parte de una comunidad exclusiva.

Con la Psicología Neuroenergética podemos acceder y modificar diferentes patrones de personalidad que nos hacen tener visiones limitadas de la vida y de nosotros mismos.

Con la Psicología Neuroenergética podemos acceder a diferentes patrones de personalidad que nos hacen tener visiones limitadas de la vida y de nosotros mismos. El problema de estos es que, al ser inconscientes, no percibimos la gravedad con la que nos están afectando hasta que accedemos a ellos y descubrimos las diferentes consecuencias que han tenido en nuestra vida.

La mayoría de estos comportamientos no conscientes se fueron generando en la infancia, que es la época en la que conformamos la imagen de nosotros mismos, del mundo exterior y en la que mayor cantidad de información almacenamos por minuto. Así, por ejemplo, en el colegio podemos adquirir creencias del tipo: «no soy bueno dibujando», «hablar o expresarme no es adecuado», «moverse no es bueno», «ser alegre, tener ilusión, creatividad, etc… no puntúa positivamente, más bien al contrario», «el conocimiento está fuera en los libros o en el profesor, no dentro de mí», «soy tonto si no saco buenas notas«, etc…

Todas estas creencias y muchas otras, al ser implantadas en etapas tempranas del desarrollo, y por adultos, crean circuitos neuronales que impiden recorridos alternativos (atreverme a dibujar, a bailar, a expresar mis ideas, a estudiar, etc..) sin que seamos conscientes de todo este proceso. Dicho de otra manera, el software que dirige nuestra vida adulta se programó en la infancia y si queremos corregir alguno de estos mapas de comportamiento o «patrones» porque no nos sentimos felices, o «nos falta algo» para sentirnos más plenos, debemos de sacarlos a la superficie, a la conciencia, y descondicionarlos.

Aunque así dicho puede parecer fácil, la realidad es que estos programas, de tanto repetirlos, se han hecho automáticos y hemos llegado a creer que forman parte de nuestra identidad, que «yo soy así». Por ejemplo: que «yo soy tranquilo, callado», «en realidad no sé dibujar», «no bailo bien», «no me gusta el deporte, o moverme» o, al contrario: «sólo valgo para el deporte», «no soy listo», «no valgo para estudiar», etc… Además, como éstos nos ayudaron a sobrevivir en su momento (adaptándonos al sistema) están protegidos por fuertes mecanismos de defensa que hacen muy difícil el acceso a ellos y, por tanto, su modificación.

Fueron programados cuando nuestro cerebro estaba funcionando a un nivel de actividad delta y theta, por debajo de la conciencia, y que suelen ser llamados de trance hipnótico, y corresponden al mismo estado neurológico que un hipnotista utiliza para programar nuevos comportamientos o ideas en el cliente. Es por esto que a la hora de cambiar la programación con la que vivimos, necesitamos acceder a un estado diferente del estado Beta, el estado de conciencia despierta habitual, en el que la mayor parte de los adultos vivimos la rutina diaria.

Voy a poner un ejemplo práctico, muy frecuente de encontrar en terapia: Un joven adulto que se siente apático, sin ilusión, ocasionalmente presenta síntomas de ansiedad e insomnio y se muestra irritable. Está casado y tiene un buen trabajo pero dice que no encuentra demasiado sentido a su vida. Indagando un poco en su pasado cuenta que de niño era muy vital (casi todos los niños lo son pero él era de temperamento más activo) y al principio tuvo problemas de adaptación escolar, los profesores se quejaban a sus padres de su «hiperactividad» y «nerviosismo».

En el colegio la vitalidad no es una cualidad sino, al contrario, es un obstáculo para este tipo de sistema educativo (va contra el orden, la programación, los objetivos) por lo tanto la escuela pone en marcha diversos métodos para reprimirla: Se castiga con malas notas, malas reacciones del profesor, etiquetas como «inquieto», «oposicionista-rebelde», «hiperactivo» e incluso medicación.

Como consecuencia, de forma gradual y casi imperceptible, el niño va limitando su expresión de alegría, su entusiasmo, su curiosidad, iniciativa, etc… para adaptarse y sobrevivir a la escuela, y al sistema en general, y se va convirtiendo en una persona, «bien ajustada», buen estudiante, buen trabajador posteriormente, buen marido, pero con la vaga sensación de fondo de que «le falta algo» aunque hace ya mucho tiempo que ni recuerda qué era.

Para ayudar a alguien así (por cierto ¿conocéis a alguien así?) siempre hay que hacer el recorrido inverso hasta llegar a esos primeros años en los que se formó ese programa para cambiar las creencias y comportamientos que se fueron asociando a él.

Y la única manera de acceder a esos primeros años es pasar la barrera consciente, mediante hipnosis (la ericksoniana que es más suave y la persona permanece «despierta» durante el proceso es la mejor) para llegar a las creencias, emociones y reacciones de base que fundamentan nuestra personalidad. Si no lo hacemos así, sólo estaríamos realizando una evocación mental sin activar el resto de memoria celular como sonidos, olores, reacciones hormonales, del sistema nervioso, etc… que conforman el programa completo.

Volviendo al ejemplo anterior, tras una o varias sesiones de N.E.P. o haciendo los talleres de N.E.P., ese joven deprimido en el que se transformó el niño vital iría recuperando poco a poco las sensaciones de plenitud y entusiasmo que todos hemos experimentado siendo niños y empezaría a reclasificarlas por fin en el apartado de «buena persona» o al menos en el de: «lo que de verdad me hace feliz a mí (no al sistema o a los demás) y me hace sentir vivo».

Mediante el empleo de las técnicas de Psicología NeuroEnergética descubrimos la profunda interconexión entre la mente, las emociones y el cuerpo y cómo ese conjunto crea patrones o formas de comportamiento que denominamos personalidad. Podemos cambiar esas reacciones equilibrando el sistema autónomo y las dinámicas neuro-vasculares con puntos reflejos de los plexos nerviosos y de los órganos. Esto permite al organismo volver a la homeostasis, accediendo a un estado de relajación y equilibrio.

«En el mismo instante en el que cambias tu percepción reescribes la química de tu cuerpo».

Dr. Bruce Lipton

Mª Carmen García-Caro Sánchez

Psicóloga, colegiada Murcia Nº 1106

Centro Esencial

www.psicologiaysaludnatural.com

Haz tu buena obra del día ¡Compártelo!

5,4 minutos de lecturaActualizado: 20/08/2017Publicado: 31/10/2013Categorías: Desarrollo PersonalEtiquetas: ,

Comenta este artículo