Cualquier intento consciente explícito de hacer variar las creencias en la cosmovisión de un individuo no hará sino reforzarle en sus posiciones, iniciándose una discusión hasta el infinito. Y si la materia afecta a las convicciones profundas, el sujeto pasará por alto todas las evidencias, por más contundentes que sean, pues eso supondría no solo estar cuestionando una creencia sino una forma de vida.

Este mecanismo atávico de resistencia a las nuevas ideas y para huir de las contradicciones de las antiguas con la realidad, es lo que  Leon Festinger bautizó como «disonancia cognitiva».
Mediante él, somos capaces de buscar una alternativa, cuando los hechos se contradicen con aquello de lo que estamos profundamente convencidos. Y disponer de más datos – o más conocimientos técnicos – no le libra a uno del sesgo cognitivo.
Solo aceptamos las nuevas ideas sobre algo, si no tenemos todavía establecido un criterio sobre ello. La primera opinión que se desarrolla sobre un tema siempre va a ser mucho más fuerte que las restantes.
Si ya tenemos una idea sobre un tema, solo buscamos información que confirme nuestras hipótesis previas porque así es como construimos nuestro conocimiento. Nos resistimos a poner en duda las ideas que ya tenemos.
Hay una fuerte tendencia a opinar sin datos primero y luego buscar los argumentos que refuercen nuestra posición inicial. Es el llamado efecto «ancla».
La «ceguera a la elección» es el mecanismo de elegir primero una opción y luego tratar de justificarla. Cuanto más se pronuncia uno sobre un problema, más se ancla su posición en su mente y más difícil es que pueda cambiar de opinión o que pueda asimilar los datos contrarios a lo que está opinando.
Ante esta alta propensión al error individual surge un nuevo concepto que es el de la Sabiduría de los Grupos, que hace tiempo se utiliza a nivel empresarial. James Surowiecki, señala como en un grupo todos saben más que el que más sabe. Esto ya se utiliza en la actualidad, para grupos de diagnóstico y previsión de sucesos futuros.
Para ello hay que formar un grupo de personas especializadas. Estos grupos funcionan como redes neuronales, en tanto que los usuarios van aprendiendo de su experiencia y ellos mismos tienden a autoseleccionarse, y a reconocer quién es bueno vaticinando en las diferentes ramas como la política o la tecnología.
Según Next, cuanto más amplios son los grupos, más tendencia al acierto. Según el especialista Andrés Alonso, «a partir de 65 usuarios el porcentaje de acierto se sitúa en torno al 80-85%, y en el 95% cuando son entre 110 y 120 las respuestas».
El gobierno de Estados Unidos está financiando proyectos de este sesgo: uno, The Good Judgement Project, un estudio de cuatro años que busca soluciones a los grandes problemas globales. El otro, SciCast, trata de anticipar el futuro de la ciencia y la tecnología.