El caso del lama Osel, aquí en España tuvo bastante repercusión, pues no es muy normal que algún español aparezca en el mundo espiritual a nivel mundial.

Para los pocos que lo desconozcan, es un joven ya de casi treinta años, hijo de una familia española budista, que desde poco después de su nacimiento fue designado por todos los oráculos budistas, como sucesor de un famoso lama tibetano, el Lama Yhese, que había fundado muchos monasterios budistas en Occidente, entre ellos el de Granada donde residían sus padres.

Después de ser educado en la India, durante toda su infancia, cuando llegó a los dieciocho años, renunció a su “cargo”, y abandonó la India, residiendo actualmente en Madrid.

Y es muy significativo su caso, y quizás se puedan sacar de él, conclusiones oportunas. Naturalmente los que no creen en nada, verán en este caso, un caso más de las supersticiones generalizados en el mundo “religioso”.

Pero las cosas son mucho más complejas. Aquí en España, inmersos en nuestra “catolicidad” cultural, se oyen muchas voces sobre la necesaria “revolución” que la Iglesia Católica al igual que otras muchas instituciones del pasado, deberían realizar para adecuarse a los nuevos tiempos actuales y futuros.

Pues el caso del Lama Osel, puede ser significativo de que ese proceso de progreso espiritual, es un proceso universal, y de que lo tendrán que hacer todas las religiones del mundo, bajo el riesgo de que de no hacerlo, se verán envueltas en crisis de identidad generalizadas.

Para comprender el verdadero significado del caso de Osel, habría que plantearse varios aspectos del tema. El primero el de la verdadera naturaleza de la “reencarnación”.

Quizás de lo que se trate en realidad, sea de una forma específica de realizar la “influencia espiritual” llevada a cabo por nuestros “Guías” hacia nosotros, los humanos corrientes.

De esta forma los “tulkus” o cadenas de “reencarnados”, quizás sean en realidad una sucesión en el tiempo de personas sin ninguna relación entre sí, mas que la de haber sido escogidos por el Guía de una determinada cadena espiritual.

Por ello quizás, la única relación entre el Lama Yeshe, y sus supuesta reencarnación el Lama Osel sea la de ser las personas escogidas por el “guía espiritual superior” de esa organización religiosa, como receptores de su guía e inspiración especial .

Si esto fuera así, parece que debería haber una continuidad entre lo inspirado a uno y lo inspirado al otro, y a lo mejor en este caso la hay mucho mas de lo que parece a simple vista.

El Lama Yeshe, inició un proceso de universalización de su corriente espiritual. Los tiempos en que una corriente espiritual está enmarcada exclusivamente en unas estructuras tradicionales dentro de una cultura local y ancestral, están acabándose, por no decir que se han acabado ya.

Los nuevos tiempos están contemplando la aparición de una raza de personas espirituales, que desarrollan su espiritualidad directamente desde dentro de sí mismos, y con una formación múltiple y pluralista.

Las organizaciones religiosas tradicionales, se resisten a perder su “exclusividad” y el monopolio de la intermediación entre el individuo y la Trascendencia, y cada vez semejan más a reductos de “galos de Asterix” defendiendo su rinconcito y sus intereses, pero en realidad están condenados a integrar en el futuro solo a personas que renuncien a su desarrollo personal individual.

Y por ello, el proceso de renuncia al llamado por parte de Osel, quizás no sea tan extraño y traumático como puede parecer, sino que constituye un paso mas adelante, del mismo proceso que realizó el Lama Yeshe anteriormente, durante su vida.

Yeshe, obligado por la situación política de su país de origen, y su obligada expatriación a la India, decidió universalizar ese proceso, creando toda una serie de instituciones budistas en todo Occidente. Y muy posiblemente, él sabía que eso significaba una necesaria doble influencia, del budismo tibetano en Occidente, y de Occidente en el budismo tibetano.

Y quizás, después de esa revolución de Yeshe, la actitud de Osel, sea el siguiente paso lógico en el mismo sentido, y la continuación de esa revolución: la instauración de una espiritualidad interna y personal, en personas insertas en la vida ordinaria, y la paulatina eliminación como caducas, de unas instituciones religiosas, quizás necesarias y positivas en épocas pasadas, pero inútiles en los tiempos nuevos que nos llegan, y que ya están aquí.

En este sentido el Dalai Lama, es un caso también a observar, pues tiene actualmente ya ochenta años, y solo era tres años mayor que Yeshe, (muerto bastante joven). El, (“gracias” a la invasión china de su país), ha guiado la muy difícil transición cultural de un pueblo medieval al mundo moderno. Y posiblemente ha llegado todo lo más lejos que una prudente “revolución” podía realizar. Su avanzada edad, hace que será fundamental observar la trayectoria de sus sucesores.

Se podrá argüir que por qué se dan esos casos de modernización, (Yeshe, Dalai Lama), en algunos miembros del budismo, mientras que en otros sectores del mismo budismo, o en otras iglesias, la influencia espiritual que sin duda también tienen, no los impulsa en ese sentido de modernización.

Pues porque la influencia espiritual no señala una ideología concreta, o las ideas a primar. Lo que hace es estimular las ideas de los sujetos de la influencia. Casi seguro que fue el mismo Lama Yeshe el que percibió la situación del mundo cultural-religioso en el que vivía, y fue él mismo el que desarrolló las ideas de modernización, ideas que fueron apoyadas por sus “Guía”.

Ellos siempre apoyan nuestras ideas, sean buenas o malas, porque el desarrollo de la humanidad debe provenir sólo de nosotros. Y es muy posible que el mismo Lama Yeshe obtuviera de su “Guía”, la “sucesión” de su cargo por parte de un niño occidental, que prosiguiera su idea de universalización de su institución religiosa.

Somos nosotros los que tenemos que cambiar de ideas. La “influencia espiritual” lo más que puede hacer es darnos de vez en cuando una “sacudida psíquica”, cuyos efectos son impredecibles, unas pocas veces son para un cambio positivo, pero la mayor parte de las veces solo es una experiencia maravillosa que contar, pero no nos cambia casi nada.

Hay una frase teológica que dice: “La gracia encarna en la naturaleza”, que explica muy bien que la “gracia” necesita de una naturaleza bien dirigida, pues por si sola no puede nada. En realidad no es que “no pueda nada”, sino que en realidad “no quiere poder nada”, pues en sus designios “cósmicos”, estaría que nosotros mismos fuéramos los protagonistas de nuestra evolución, y de nuestra futura incorporación al “Reino”, como una especie inteligente y benéfica.

Mires donde mires, todo al final, siempre conduce a lo mismo.

Isidoro García

Director Revista Quitapesares