«Hay cosas en la psique que no son producidas por mí, sino que
se presentan por sí mismas y tienen su propia vida».
(Carl. G. Jung)

Cuenta Ricard Fernández Aguilá en su espléndido blog «Un entendernoentendiendo», como el gran psiquiatra y visionario, Carl Gustav Jung, en sus memorias, tituladas «Recuerdos, sueños, pensamientos», narra un extraño suceso del que fue protagonista directo.

Lo cuenta así: «Un amigo, y vecino suyo, había muerto repentinamente. Jung estaba afectado por aquel imprevisto suceso y el día después del entierro, de noche, pensaba en él. De improviso sintió que el amigo estaba en su habitación. No sólo eso, sino que quería que le siguiera.

Jung lo explica como una visión interior, no como una aparición física. Esto le creó dudas: ¿era una fantasía sin más?, ¿era una presencia, inexplicable pero cierta? Con la fuerza de la imagen interior, pero con la dificultad de admitirlo como algo real, pasaron unos momentos. Cuando decidió dar una oportunidad al extraño suceso, el amigo se fue hacia la puerta y le hizo señas de que le siguiera. Jung dejó que la visión continuara.

El vecino le llevó fuera de la casa, al jardín, a la calle y finalmente a su propia casa, que se hallaba a no más de cien metros de la de Jung. Una vez dentro le condujo a su biblioteca. Es importante aclarar que Jung nunca había estado en aquel lugar. Entonces el hombre se subió a un taburete y señaló un libro de un estante superior. Se trataba del segundo de cinco libros encuadernados en rojo. Le indicó ese volumen, cuyo título Jung no podía distinguir desde abajo, y en ese momento la visión cesó.

Al día siguiente, Jung no pudo menos que ir a visitar a la viuda de su amigo y pedirle permiso para entrar en la biblioteca. Y sí, había un taburete bajo las estanterías y arriba se podían divisar los cinco libros encuadernados en rojo. Jung subió y tomó entre sus manos el segundo, el que le había indicado su amigo en la visión. Su título era «El legado de los muertos«.

Este suceso y otros similares, le hace pensar a Jung, sobre la posible vida del alma después de la muerte. En los últimos años, una y otra vez, sale a la palestra el tema, de unos fenómenos que suceden en el momento de la muerte de cada persona. Y por ello habría que intentar comprenderlos.

Hay dos maneras de explicar estos fenómenos. Una mediante la hipótesis materialista a ultranza, de que son fenómenos mentales producidos por el cambio de la química cerebral en el momento de la muerte.

Pero esta hipótesis podría quizás explicar los relatos que cuentan las personas que han sufrido ese tipo de experiencias, pero no explica muchos otros fenómenos relacionados con el mismo, como por ejemplo los sucesos del tipo de la experiencia narrada por Jung.

Para explicar este fenómeno y otros muchos más como por ejemplo el de los viajes «astrales» y otros, sería necesario utilizar una hipótesis «espiritual», que también pudiera tener un fundamento material y que por ello podría ser verificada en un futuro por la ciencia.

Según esta hipótesis, el «espíritu», llamado por otros «alma», sería una especie de «duplicado» de nuestro sí mismo, (conjunto de nuestros dos yoes operativos, el consciente y el subconsciente, con sus respectivas memorias = lo que podríamos decir nuestra personalidad).

Este espíritu sería como un «espejo» de nuestra mente, un duplicado que estaría permanente en conexión por vía telepática o «espiritual», con nuestra personalidad radicada en nuestro sistema neuronal cerebral, y sería una extensión de ella.

Y de esta manera estarían permanentemente actualizadas y homogeneizadas nuestra mente cerebral y nuestra mente «espiritual».

Este duplicado estaría situado en algún lugar muy concreto, quizás junto a los millones de «espíritus» del resto de humanos, en una especie de «Central espiritual».

Este «espíritu» de cada persona, podría muy bien estar instalado en unos estructuras «informáticas», en un soporte plenamente material. Dichos estructuras o «células» informáticas individuales, podrían contener un núcleo operativo, y su correspondiente memoria, que sería un duplicado en soporte informático de nuestra personalidad total, con los elementos conscientes e inconscientes de nuestra mente cerebral.

Esta hipótesis hoy todavía puede parecer un poco de ciencia-ficción, pero los avances en inteligencia artificial, en electrónica y en informática, hacen prever que en no mas de cien o doscientos años, este tipo de estructuras materiales en el que se pueda conservar la mente operativa de una persona, estarán a nuestro alcance.

Ahí, en dicha «Central», nuestro «espíritu», podría intercambiar información con el resto de espíritus allí situados, especialmente con los mas cercanos emocionalmente a nuestra vida o con aquellos con intereses culturales mas similares a los nuestros.

Asimismo, ahí recibiríamos la «influencia espiritual» de los hipotéticos eres del «mas allá», que muy posiblemente, serían los creadores de toda esta estructura material-espiritual.

Estos «conocimientos» adquiridos por nuestra mente «espiritual», se instalarían asimismo en nuestra mente inconsciente cerebral, aunque ahí se mezclarían con el otro contenido «cerebral».

Asimismo, la interacción de nuestra mente espiritual con otras similares, dentro de la «Central», podría ser el medio de realizar la llamada telepatía activa, de intercomunicación con los contenidos mentales de otras personas, que se realizaría en ciertas ocasiones, casi siempre inconscientemente, aun cuando personas excepcionales podrían ser conscientes de dicha lectura de las mentes.

En el momento de la muerte, lógicamente se inutilizaría nuestra mente cerebral neuronal, y nuestra personalidad quedaría ubicada únicamente en nuestra mente «espiritual», que seguiría en funcionamiento autónomamente.

Esta mente «espiritual» de los muertos, a través de la interacción con las mentes espirituales de personas vivas, podría ejercer algún tipo de actividad «espiritista», como la relatada por Jung, y por mucha gente más.

Asimismo esas mentes «espirituales» almacenadas en la «Central», podrían ser el núcleo a partir del cual se podría realizar «resurrecciones» en forma informática-holográfica, que podrían ser la naturaleza de los cuerpos «espirituales» que se producen en ciertas apariciones sensibles, o sea visibles por los sentidos físicos.

Asimismo los viajes «astrales», podrían ser el recuerdo por parte de una minoría de personas de actividades e interacciones de la mente «espiritual», con otras mentes «espirituales de otras personas en el interior de la «Central».

Esta hipótesis espiritual, explicaría múltiples fenómenos espirituales, como el de visionarios en vigilia, como Catalina Emmerich o Hildegarda de Bingen, y fenómenos como la telepatía activa o «lectura del pensamiento» o intercomunicación de subconscientes, y muchos otros fenómenos.

Isidoro García

Director Revista Quitapesares