“Estamos aprendiendo a no temer la verdad”. (Ralph W. Emerson)

Patrick Harpur reconoce la emergencia en el mundo moderno de un generalizado cambio de muchas mentes en relación al “Otro mundo”: “Una de las innovaciones distintivas del pensamiento occidental ha sido la de transformar el Otro Mundo en una abstracción intelectual. Tal abstracción se ha formulado principalmente de tres maneras: como “El Alma del Mundo”, como “La Imaginación” y como “El inconsciente colectivo”. Los dos últimos modelos presentan la excentricidad añadida de situarlo dentro de nosotros.

Al tener difícil encaje el mundo espiritual en nuestro mundo científico, muchos de los que no quieren renunciar a dicho concepto, lo aparcan en un abstracto mundo paralelo, fuera del Universo y de sus leyes, lo que les otorga total libertad para afirmar de dicho mundo cualquier cosa, al no tener que someterse a ley general alguna.

Apunta Carter Phipps en su magnífico libro “Evolucionarios”, como personas sensibles y brillantes “tienden a asociar el mundo “espiritual”, con cosas situadas más allá de la razón”, por lo que tienen que utilizar mitos y metáforas en un lenguaje extraño, esotérico y muchas veces absurdo. Renuncian al sentido común y a la sensatez, que imperan en el resto de sus vidas, asociando así la espiritualidad con vaguedad, irracionalidad o en el mejor de los casos silencio.

En parte lo hacen amparados en que esas han sido las formas de representación del mundo de la espiritualidad, a lo largo de la historia. Tradicionalmente se ha asociado lo sobrenatural con lo no físico. Pero sigue diciendo Phipps, que con el paso del tiempo descubriremos que la ciencia del universo interno de la espiritualidad, caerá dentro del marco de referencia de un universo observable y comprensible.

Pero los “abstractos”, para darle un cierto prestigio metafísico a su pirueta mental, se refugian tras el burladero del gran filósofo Platón. Platón creía en la existencia de un mundo paralelo al “normal” nuestro, poblado exclusivamente de inteligencias e ideas, sin la presencia de materia “sensible” alguna, y contraponiendo este mundo inteligible al mundo sensible, al que se accede mediante los sentidos.

De este mundo la mente podía captar ideas y pensamientos. Naturalmente Platón no explicaba la forma en que ese mundo existía, ni quién lo había colocado allí. Era una intuición genial suya del mundo Intermedio o espiritual, en el mundo científico de su época, que naturalmente era mucho más deficiente que el nuestro actual.

El uso en la actualidad del modelo platónico, no deja de ser una patética trampa en el solitario, de personas que dimiten del esfuerzo de la racionalidad que se exige a todo pensador, (lo cual es humanamente comprensible), pero quieren autoengañarse y engañar al personal sobre la calidad de su pensamiento, (lo cual no es legítimo).
Pero todo se vuelve mas complicado, cuando son muy pocos los neoplatónicos que se autodenominan como tal. Lo normal es que la mayoría lo sea de forma vergonzante, escondiendo su verdadera naturaleza bajo una cortina de palabras de camuflaje. Por ejemplo es muy corriente denominar el mundo espiritual con términos como “dimensión interior y misteriosa del cosmos”, “experiencia de la consciencia”, y otras formas igual de vagorosas y poeticoides.

Pero afortunadamente existe la justicia poética, y tales ventajismos al final no resultan gratuitos. Hay un refrán que dice que es mejor ponerse una vez colorado que cien veces amarillo. Y uno de los grandes filósofos del fútbol, y por ello también de la vida, Vujadin Boskov, (ex entrenador del Real Madrid y autor de la síntesis definitoria total, “fútbol es fútbol”), cuando en un partido amistoso perdió por 9-1, lúcidamente aseveró: “Es mejor perder un partido por nueve, que nueve partidos por uno”. Heidegger no lo habría expresado mejor.

Pues el neoplatonismo es un ejemplo de esta gran verdad. Como no queremos hacer la pirueta intelectual de sostener una hipótesis no probada aún por la ciencia, nos vemos obligados a hacer pirueta tras pirueta indefinidamente. Y además al no tener un modelo claro e inteligible, bastante tienen con el esfuerzo imposible de intentar describirlo, pero nunca le sacarán ningún provecho práctico a su pseudoconocimiento.

Porque el conocimiento tiene que servir para algo, y por ello, como muy bien dice Phipps, “nuestra comprensión de las estructuras y sistemas constitutivos del interior de la cultura humana, mejorarán sin duda nuestra capacidad de influir en la salud global de nuestra sociedad”.