Al amanecer, mientras riego unos árboles sedientos, supervivientes de una prolongada sequía y una anormal canícula, una fila de hormigas traza su camino hacia el hormiguero. Todas van cargadas de provisiones para el invierno. Están ocupadas antes de que los primeros vientos de otoño y las ansiadas lluvias desperdiguen las semillas o las pudran.

Ese trabajo les impide emplear el tiempo en otra cosa. Tienen una única prioridad y ocupan literalmente un delgado y largo espacio de terreno. Sin distracciones, quejas, reproches, anhelos ni fantasías. Ventajas de seguir un código genético grabado generación tras generación. Sin excepciones, dudas, rebelión posible ni libre albedrío. Es la felicidad de la hormiga.

Los humanos anhelamos siempre un futuro mejor

Los humanos, ¡pobres de nosotros!, tenemos memoria del pasado y fantaseamos el futuro o queremos construirlo a nuestra medida. Nos negamos a repetir vivencias dolorosas, ansiamos retener y reproducir las placenteras. Anhelamos siempre un futuro mejor.

Muchos milenios atrás nos salimos de la fila al comer el fruto prohibido del «árbol del bien y del mal«. Y quien ha salido de la fila, aunque pudiera volver a ella, ya no es el mismo. Se le «abrieron los ojos» a todas las posibilidades. Exultantes, arriesgadas, sanas e insanas, solidarias e insolidarias, expansivas y constrictivas… ¿Y quién quiere volver a ser hormiga? ¿O reptil luchando exclusivamente por el territorio? ¿O simio colgado de los árboles y comiendo cocos y bananas?

¡Ah, pero el precio ha sido caro! En lugar de tener una sola tarea, las hemos multiplicado. Y en vez de vivir un presente intemporal, nos hemos insertado en la historia.

Hemos construido una narrativa individual y colectiva. Nos agarramos a un hilo biográfico, repitiendo los recuerdos de infancia, las carencias, los momentos felices que perdimos, los sueños rotos, las esperanzas aparentemente inalcanzables, los miedos a equivocarnos de camino, a tomar la opción peor, a perder el tren de nuestro aparente destino: una profesión o un oficio mal elegidos; un amor que creíamos el alma gemela; el piso o casa de los sueños que otro soñador se quedó adelantándose a nuestra indecisión; la oportunidad única del número de lotería que no tocó por una cifra…

Y aparecieron las preocupaciones.

Las PRE-OCUPACIONES. El tiempo empleado en temores, tácticas y estrategias para desviar las flechas imaginarias de futuros catastróficos que no van a ocurrir. La mente se ofusca. Se pierde la atención al presente. Se despilfarra la energía que va goteando por las grietas que se agrandan con los pensamientos obsesivos.

Todos hemos vivido algún momento en que la mente se ocupa previamente y de antemano, de temores absurdos, de males que podrían ocurrir, de circunstancias que habría que evitar, de objetos de deseo que habría que conseguir a cualquier precio.

otroladodelamente 300x175 - Ocupaciones y preocupaciones

Para muchos, es un hábito. La única forma de vivir. Se acostumbraron a la cárcel construida con barrotes de papel y claraboyas de cristales embarrados que no dejan pasar la claridad, la intuición, el aire para respirar a pleno pulmón y ventilar las neuronas. No otra cosa es la angustia y la ansiedad que engordan las cuentas de las multinacionales farmacéuticas que sacan constantemente ansiolíticos de nombres impronunciables como Klonopin, Rivotril, Karidium, Urbadan o Saromet. Palabrejas para hacer una buena canción rapera.

Y la vida va pasando mientras a una enorme velocidad que acorta el tiempo.

A más miedos y deseos, menos tiempo real. El tiempo se estira cuando la mente está en calma como un lago sin viento. Muchas personas trabajan en cosas que aborrecen, vendiendo horas de vida para comprar horas de libertad. Se pre-ocupan por la pensión que le va a quedar, la jubilación, los días de vacaciones pagadas. Sin duda, pequeños avances en la historia del mundo laboral. Sin embargo, a costa de una esclavitud limitadora. Durante milenios y milenios la humanidad sobrevivió sin que «alguien» (empresa o Estado) tuviese que crear puestos de trabajo. Y en la actualidad, más de tres quintas partes de la población mundial no son asalariados.

El miedo a carecer de lo adquirido genera preocupaciones, ansiedad, angustia. Meros desfases entre el presente y el futuro. El ahora y el después. Pero quien está vivo, respira. Nunca vi a ningún consultante que no calmara su ansiedad haciendo respiraciones profundas, volviendo a la inspiración y a la espiración. Tal como respiramos, así pensamos. Respiraciones entrecortadas generan pensamientos convulsos. Pobres respiraciones que no llenan la caja torácica producen conclusiones miopes. La respiración consciente ayuda a confiar y fluir, a dejar de querer controlar cada detalle de la vida: río que va a parar a la mar, que es el morir. Las preocupaciones alimentan los ríos tumultuosos que se precipitan a su desembocadura y final. Las ocupaciones suponen dominar los remansos de cada instante, llenándolos de luz, energía y sentido común.

Salud, dinero y amor suelen ser preocupaciones básicas generalizadas. Si acudimos al refranero, encontramos respuestas sencillas para ocuparnos de cada uno de estas tres prioridades o focos de interés.

«La salud no está en el plato, sino en el zapato» o menos dietas y más ejercicio. «Salud sin trabajo, campana sin badajo«. Hoy día el desempleo es causa de hambre y dolores de cabeza. Pero si no hay suficientes ofertas de empleo, se pueden explorar capacidades no empleadas para cubrir necesidades aún no satisfechas por las que alguien está dispuesto a pagar para cubrirlas. El ocio del prejubilado a la fuerza o del rico de toda la vida también puede llevar a la depresión, al colesterol, al aburrimiento y a la muerte prematura por falta de dar un sentido a la vida.

A disfrutar de objetos en el presente, pagando en el futuro.

«Cada deuda, por pequeña que sea, es el anillo de un grillete«. La sociedad occidental, copiando el consumismo estadounidense, se acostumbró a comprar a crédito. A disfrutar de objetos en el presente, pagando en el futuro. Todo lo contrario de la filosofía tradicional del pueblo chino (a excepción de los cientos de miles de multimillonarios de última generación). Solo se compra con ahorros acumulados. Preocupación masiva es poder pagar lo comprado a plazos o perderlo. «De enero a enero, el dinero es del banquero«. Parece que lo habíamos olvidado, hasta que la codicia, las quiebras bancarias y los increíbles rescates a la Banca, nos han hecho aterrizar: nuestro dinero no era nuestro pues obligatoriamente seguirán manteniendo el sistema. Los grilletes son ya gruesas e interminables cadenas… perpetuas.

«Amor loco, yo por vos, y vos por otro«. La gran preocupación de muchas parejas. A veces, tal vez demasiadas, se convierte en ocupación. Alguien engaña y alguien se ocupa de descubrirlo. Tal vez no sea un fracaso que el amor por una persona no dure hasta la muerte. Que el camino pueda recorrerse con amor, pero no siempre con la misma persona. «No tiene el corazón amor postrero, siempre el último amor es el primero«.

Quien ama de verdad, ama en el presente, cortó amarras con el pasado, está totalmente disponible.

Lo vive todo como nuevo. Se ocupa del amor que está, no del que partió. Es el único amor verdadero que se recrea instante a instante y une albas y atardeceres en un sol rojizo, que parece levantarse y ponerse, pero fija su mirada inmóvil, mientras los terráqueos giramos a su alrededor enamorados.

Alfonso Colodrón

Alfonso.colodron@yahoo.es

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