“Conocer el principio masculino y permanecer en la virtud de lo femenino es convertirse en el cauce en el que todos los ríos confluyen”

Tao Te Ching

 

Antes de ponerme a escribir estas líneas, he pasado varias horas sumergido en el silencio del jardín municipal que los vecinos hemos ido construyendo frente a nuestra urbanización. Solo se oía el lento deslizarse de caracoles sobre la hierba recién mojada por la lluvia. A lo lejos, las campanadas del reloj de la vieja iglesia… doce de la medianoche, luego, una campanada, después dos; cuando cuento tres, avanzo en la oscuridad hacia mi casa. Empiezan a cantar los mirlos y, en lo más profundo de la noche, tomo conciencia de que ya empezó el amanecer, aunque solo se vea la luna llena e infinidad de estrellas. En nuestras antípodas, en pleno sol de sobremesa, avanzan hacia el atardecer y se encaminan hacia el invierno al mismo ritmo que nosotros nos preparamos para el verano.

Lo mismo que en el símbolo taoísta del Ying y del Yang, la parte negra contiene un punto blanco y la parte blanca un punto negro. No hay oposición entre los polos de opuestos, sino coexistencia y armonía en un continuo proceso de transformación. Todo es una cuestión de perspectiva; perspectiva en el tiempo y en el espacio; de ampliar la conciencia y dejar de identificarnos con la mente dual. Si nos alejásemos en una nave espacial, pronto veríamos nuestro planeta “de día y de noche” al mismo tiempo. Si contemplásemos las partículas subatómicas, comprobaríamos que a veces son materia y a veces onda. Si nos adentramos en el corazón del llanto, tal vez encontremos profunda tristeza y enorme liberación, alegría serena y nostalgia que se resiste a desaparecer.

Ya casi es un lugar común el que hombres y mujeres tengamos cualidades y defectos atribuidos culturalmente a uno u otro género. Desde la biología, la tradición y la psicología, se han propuesto parejas de opuestos para diferenciar “lo masculino” de “lo femenino”. Norberto Levy, psicoterapeuta argentino, creador del concepto “autoasistencia psicológica” propone la siguiente lista:

ENERGÍA MASCULINAENERGÍA FEMENINA

Iniciativa-búsqueda
Emisión-penetración
Tensión
Fuerza física
Dureza
Acción
Pensamiento
Anticipación del futuro
Percepción de la individualidad
Pensamiento lógico racional
Análisis
Tiempo
Concepto
Líneas rectas-ángulos-puntas

Capacidad de espera
Receptividad
Relajación
Flexibilidad
Delicadeza-ternura
Sensibilidad-contemplación
Sentimiento
Percepción presente
Percepción del conjunto
Intuición
Síntesis
Espacio
Forma
Líneas curvas-redondeadas

En un reciente taller de arte terapia en el que todas las participantes eran mujeres y los dos facilitadores éramos hombres, algunas pusieron en cuestión esta división con gran vehemencia; nadie duda de que en mayor o menor medida mujeres y hombres podemos tener las aptitudes de ambas columnas. Depende del carácter, la educación, el grado de desarrollo, las opciones que vamos tomando en nuestra vida… Sin embargo, para llegar a una cierta integración y unidad, es útil separar y definir previamente. Atribuirse porcentajes para conocerse mejor. Después, podemos dejar danzar en nuestro interior todas estas habilidades potenciales y, a continuación, gozar en un baile común con nuestro cuerpo de hombre o nuestro cuerpo de mujer, sin prejuicios, proyecciones, ni miedo a “lo otro” desconocido…, que también está en nuestro interior.

Y también existen polos de opuestos que compartimos hombres y mujeres, como seres que venimos a este planeta con una existencia muy limitada en el tiempo, si la comparamos con la larga vida de galápagos y ballenas o de los milenarios árboles como los baobabs, eucaliptos, sequoias o pinos britlecone. El miedo a la soledad y la necesidad de libertad e independencia, la huída del dolor y lo efímero del placer, el sufrimiento que produce la pérdida del éxtasis y nuestro continuo anhelo por lograrlo y mantenerlo…

Y en el torbellino de pérdidas y ganancias que produce la aceleración de cambios sociológicos, económicos, culturales, tecnológicos y políticos, las estructuras y los roles de hombres y mujeres se tambalean. Mark Josephs-Serra, monje hinduista y uno de los pioneros de grupos de parejas, expresa lúcidamente que la convivencia no ha mejorado cuando muchos hombres se han esforzado en añadir a su vida valores femeninos (empatía con las mujeres, cuidado de los niños, sensibilidad, llanto, tareas domésticas…), porque “en la mayoría de los hogares el hombre se siente infinitamente criticado, no respetado y sexualmente frustrado; y la mujer, malhumorada, impaciente, intolerante, invisible y no amada… Hoy las mujeres rechazan ser dominadas por hombres emocionalmente ausentes, inmaduros y arrogantes, a los que hay que cuidar como niños a la vez que admirar”. Se pierde así la tensión creativa y la pareja se convierte en una relación de hermandad aburrida y estancada.

Al final, como escribe el entrenador personal de desarrollo humano, Óscar Durán Yates (“Triunfa en el amor. Cómo reconciliarte y mejorar la relación con tu pareja) “el amor es el equilibrio que hermana sincrónicamente la coherencia con la contradicción, el conflicto con la oportunidad… el miedo a lo desconocido con descubrirte a ti mismo”.

Entonces descubrimos que receptividad no es pasividad y que la mujer evolucionada es indomable y arremete con todo lo que no es real en su pareja y que el “tercer hombre” (no machista, ni sumiso niño bueno de su pareja-mamá) ha recuperado su poder fálico (dirección y visión en acción) puesto al servicio del corazón. Recupera la verdadera presencia que necesita su pareja. Y esto es válido, tanto si se trata de parejas mujer-mujer, como parejas hombre-hombre, porque si no hay polaridad, tensión y complementariedad, solo habrá lucha de poder o aburrimiento.

Puede llegarse así a una vida más llena de confianza que de ansiedad y de conexión que de conflictos. Una vida en donde las quejas son sustituidas por la gratitud y la pasión pasajera por el amor, porque hemos dejado de proyectar lo que creíamos la sombra del otro, para convertirla en nuestra propia cualidad de manifestar la luz.

 

Alfonso Colodrón
Terapeuta Gestáltico y Consultor Transpersonal
www.alfonsocolodron.net