INTELIGENCIA AFECTIVA: 4 PASOS PARA POTENCIARLA Y CÓMO LA BIODANZA NOS AYUDARÁ A ELLO

 

¿CÓMO INTEGRAR NUESTRAS EMOCIONES?

Las emociones, sentimientos y estados de ánimo, son nuestros aliados. Encierran un mensaje tremendamente valioso, nos indican qué necesidades estamos teniendo, qué es lo que tenemos que atender para tener una vida aún más feliz y amorosa.

Rolando Toro, creador de la Biodanza, definía “Inteligencia Afectiva” como “la inteligencia puesta al servicio del amor, de la felicidad y de la alegría de vivir”.

Y podemos aumentar la inteligencia afectiva, casi sin darnos cuenta, mientras lo pasamos fenomenal: la Biodanza hace una labor silenciosa que tira de todos los hilos necesarios.

PASO 1: PERCIBIR

Lo primero es darnos permiso para sentir lo que estamos sintiendo. Es algo que parece de Perogrullo pero que sin embargo frecuentemente no logramos hacer, complicando todo el proceso posterior. A veces sentimos enfado pero lo tapamos y emerge, por ejemplo, la tristeza en su lugar. Esto impide que pongamos los límites que necesitamos. Otras veces podemos sentir tristeza y sin embargo negarla con la aparición del cabreo, con lo cual nos perdemos la ocasión de buscar el apoyo afectivo que necesitamos.

Esto es lo que Leslie Greenberg llama “Emociones Secundarias” que ocultan las “Emociones Centrales”.

La práctica habitual de la Biodanza nos sensibiliza y nos aporta el valor para trascender las “falsas defensas”. La absoluta integración entre movimiento, música, grupo y ejercicios que se da en la sesión de Biodanza deja pocos huecos para escaparnos de sentir. Evitamos “evitaciones”.

PASO 2: ENTENDER

Toca ahora captar el mensaje ayudador que se esconde en cada emoción. La tristeza nos avisa de una pérdida, el enfado de que nos están faltando al respeto, el miedo de que sopesemos con prudencia una acción…

La Biodanza nos lleva de viaje por nuestro sistema simpático (acción) y el parasimpático (reposo). Este tránsito de un estado de conciencia a otro nos deja como poso una expansión de conciencia, nos abre nuestra forma de percibir y entender el mundo (interno y externo). Nos permite dotar de otro significado, más rico, a nuestras emociones y a nuestra vida.

PASO 3: VER NUESTRAS NECESIDADES

Esta lucidez nos permite ver con claridad qué es lo que estamos necesitando.

La emoción funciona como el indicador que nos avisa en el coche de que necesitamos echar gasolina.

¿Necesito expresar mi dolor emocional ante una persona significativa?

¿Acercarme de nuevo a esa persona que he descubierto lo que me importa?

¿Tomar valor para decir “no” de forma asertiva?

¿Confiar en mis propias decisiones?

¿Actuar libremente?

¿Tomar el protagonismo de mi propia vida? ¿Descansar? ¿Quererme más a mi mismo/a?

La Biodanza nos pone un espejo delante para que veamos de forma cristalina qué es lo que estamos necesitando más allá del juicio, de los convencionalismos sociales y de nuestras propias armaduras.

PASO 4: ACTUAR

Quedaría entonces atender esa necesidad. Si ya he visto el indicador del coche, ahora lo que tengo que hacer es “echar la gasolina”. De lo contrario la lucecita seguirá encendida o, peor aún, tendré que llamar a la grúa.

Es el momento de actuar de una forma que sea beneficiosa para mí y para mi entorno.

En Biodanza existen tres normas básicas:

  • Progresividad (para que cualquier acción o transformación resulte orgánica),
  • Autorregulación (para que sea beneficiosa para nuestra persona) y
  • Feedback (para que sea coherente y positiva para las demás personas y la naturaleza).

Con esas tres claves y un largo elenco de ejercicios enfocados al desarrollo de nuestros potenciales, la Biodanza nos facilita que nuestros actos estén tamizados por el amor y una entusiasta apuesta por la vida.

 

David Díez Sánchez

Dir.de la Escuela Oficial de Biodanza

Sistema Rolando Toro de Madrid Centro

biodanzamadridcentro.com