Nuestras creencias modifican nuestra percepción, cambian nuestra memoria, destruyen nuestra esperanza, afectan a nuestra energía, alteran nuestra salud, modifican nuestros estados de ánimo, y están íntimamente relacionadas con nuestro comportamiento para con nosotros mismos y con los demás.

Dicho de forma muy simple una creencia es lo que es verdad para ti. Y tu verdad te hace que observes la vida, desde ese prisma, con esas gafas, lo que hace que percibas o que descartes lo que no está de acuerdo con tu verdad. Las creencias filtran lo que está en consonancia con lo que nosotros pensamos.

Las creencias nos hacen olvidar lo que no nos interesa. Las creencias nos limitan cuando pensamos que no somos capaces y nos desmotivan a la hora de ponernos en marcha. Incluso pueden condicionar nuestra salud afectando nuestro sistema inmunológico.

Una de las formas de darnos cuenta que creencias tenemos es intentar escuchar nuestros pensamientos (nuestro diálogo interno) como nos hablamos a nosotros mismos, que nos estamos diciendo. Frecuentemente nos encontraremos diciéndonos cosas como «eres tont@, como has podido hacer eso…, no debería haber dicho eso…., todos mis compañeros son unos inútiles y no se dan cuenta de lo que valgo…., no aguanto más…tendría que marcharme.» Estos pensamientos tienen algo en común y es que se basan en creencias acerca de mi mismo y de los demás por los que yo creo que no soy suficientemente bueno y que no puedo hacer nada para cambiar mi situación. En suma son creencias limitadoras que me hacen sentirme en inferioridad de condiciones frente a las demandas de mi entorno.

Lo importante es tomar nota de que creencias subyacen nuestras actitudes y comportamientos. Además de escuchar el diálogo interno puedes imaginarte tus sueños y luego escuchar esa vocecita que te dice que no lo vas a conseguir por qué ………… Si te explicas a ti mismo por qué no lo vas a conseguir te darás cuenta de las creencias limitadoras que subyacen.

Hay otro factor importante y es que ofrecen ciertas ventajas como las que detallamos a continuación, y por eso las mantenemos:

  • Ventajas para el ego: Si confirmo mi creencia, porque sólo percibo lo que está de acuerdo con lo que yo creo, me refuerzo en lo que pienso y me hace sentirme valioso. Por ejemplo de una dificultad podemos sacar una idea irracional para sentirnos mejor. Por ejemplo el hombre que tiene dificultad para llorar «Soy un hombre fuerte, puedo manejar la situación». La creencia que subyace es que los hombres fuertes no pueden llorar
  • La sensación de seguridad: Si mantenemos nuestras creencias tenemos un falso sentido de seguridad, «más vale malo conocido que bueno por conocer».
  • Menos responsabilidad, menos trabajo: Si tu crees que eres tímido es más fácil seguir con ese comportamiento que intentar cambiarlo y te convences diciéndote «yo soy asï»
  • Predicciones certeras: Normalmente filtramos nuestra realidad en función de nuestras creencias y experiencias pasadas y esto hace que actuemos de determinada manera que viene a reforzar nuestras creencias las llamadas profecías auto cumplidas. Distorsionamos la evidencia para que encaje con nuestra realidad

Todas las creencias limitadoras tienen que ver con el concepto de nosotros mismos y tienen dos componentes importantes

1) No soy lo suficientemente bueno
2) No puedo: soy víctima de mis características personales.

A continuación hay una lista resumida de creencias limitadoras.

Esta sensación de incapacidad, de impotencia, de falta de recursos indudablemente conducen al miedo y esto nos lleva a la inseguridad. Nos llevan también a culpar a los demás, pero al hacerlo también les estamos cediendo nuestro poder. Al ceder el poder tenemos la sensación de falta de control. Pero en realidad lo que son es el camino más fácil porque si no nos creemos capaces, no tenemos que elegir un camino diferente, no tenemos que arriesgarnos en buscar soluciones, no tenemos que ver que de nosotros necesita ser cambiado.

Las crisis, las sensaciones de malestar, los problemas son en sí regalos para que nos demos cuenta de que tenemos que cambiar algo de nosotros mismos y nuestra relación con los demás para ser más felices. Si interpretamos nuestras dificultades como oportunidades para encontrar otras vías, si cuando tenemos un problema nos ponemos a buscar soluciones tendremos una sensación de poder; mientras que si nos damos por derrotados antes de ponernos en marcha tendremos una sensación de víctimas de nuestras circunstancias, y entraremos en el miedo de no tener lo necesario para afrontar nuestra vida.

¿Cómo podemos cambiar estas creencias y actitudes? El primer paso es tomar conciencia de lo que pensamos. Para hacerlo sólo tenemos que escucharnos, darnos cuenta de nuestros pensamientos y creencias acerca de nosotros mismos, de los otros y de cómo vemos la vida. Este paso es crucial pero para poder cambiar las creencias. No vale solo la voluntad de hacerlo. Hace falta ver qué función cumplen estas creencias, si su función es mantenernos como estamos tendremos que crear otra creencia que nos proporcione beneficios similares o mejores y nos motive a cambiar. La creencia suele llevar emparejada una emoción, o bien nos reduce un miedo o nos produce tranquilidad y antes de eliminarla tenemos que asegurarnos que vamos a continuar manteniendo esa sensación de bienestar.

La mejor manera de trabajar nuestras creencias es con las técnicas de psicología energética que mediante la verificación muscular podemos comprobar cuando las creencias nos desenergetizan y cuando nos energetizan. Una cosa es tratar de racionalizar, justificar y explicar nuestras creencias y mediante la voluntad tratar de cambiarlas y otra es darse cuenta de cómo nos afectan, liberar las emociones asociadas, y poder cambiarlas con tranquilidad.

«Nuestros pensamientos son nuestro mundo, lo que piensas es en lo que te conviertes, ese es el eterno misterio» (Maitri Upanishad)

Victoria Cadarso

Psicoterapeuta

Autora de «Botiquín para un corazón roto»

www.itiee.org