Lo primero que aprendemos con el Chi Kung es a fluir y a observar atentamente nuestras sensaciones, sin esperar o desear que suceda nada en especial. A esta forma de atención renovada se le llama WU JI y es la clave de todo este sistema de enseñanza; diríamos que se trata de un estado de observación permanente en el que nos sentimos libres de la carga de interpretar lo que está sucediendo.

Lo segundo que aprendemos, es a vivir nuestro cuerpo físico con más consciencia. El cuerpo nos habla, expresa sus mensajes y lo escuchamos con atención. En esa escucha atenta uno se da cuenta de que el cuerpo es mucho más que una suma de estructuras orgánicas que posibilitan la vida, y comenzamos a descubrir nuestro cuerpo como un recipiente que contiene información en forma de energía, de emociones, de pensamientos y de consciencia.

Reconocer que somos todas estas manifestaciones reunidas bajo una forma con una cierta apariencia, es algo de suma importancia, pero aún podemos encontrar mucho más. El segundo descubrimiento vital consiste en darnos cuenta de que no somos tampoco esa apariencia; a medida que vamos profundizando en nuestras prácticas, nos encontramos con algo que está sosteniendo esa apariencia, y aún seguimos descubriendo qué hay más allá de las formas. A partir de ese momento la observación inicial se vuelve profunda observación, un lugar donde la mente entrenada llega a descubrir el origen de donde surge todo lo que está observando, llamémosle La Fuente.

El entrenamiento comienza por el cuerpo y la respiración como el fenómeno primario que sostiene nuestra vida. La consecuencia inmediata, casi inevitable, va a ser la experiencia de la energía que circula en nosotros. Esto nos pone en un plano más vital; pasamos así de lo material a lo energético.

Estos primeros pasos son fáciles, porque en general los cuerpos están tan machacados que cualquier cosa que hagamos en su favor, como estirarnos, mover las articulaciones y ayudar a que la sangre circule mejor, nos hace sentir bien enseguida. Por otra parte una gran cantidad de personas vive bajo un exceso de tensión, con lo que todo lo que sea relajarse y aprender a respirar les va a venir muy bien. Hasta aquí estaríamos hablando de una buena Gimnasia Energética para la salud, pero entre la materia y la energía existen dos planos intermedios, que son el Mental y el Emocional, y si bien trabajar sobre lo físico y lo energético es sumamente beneficioso para la salud, es imprescindible desarrollar así mismo el trabajo en los otros planos para que el beneficio sea permanente.

Esto requiere un nivel de compromiso mayor con uno mismo y con nuestra vida. ¿Queremos realizar un cambio sincero para mejorar nuestra vida?, o ¿sólo queremos sentirnos bien durante un rato? y luego volver a lo de siempre… Cualquier opción es aceptable, todo depende de cada uno, pero debemos de tener presente que nosotros elegimos. Mientras elijo tengo la opción de cambiar algo, mientras que si me dejo arrastrar por comodidad o por inercia, absolutamente nada va a cambiar.

Voy a explicar esto: somos la emanación de nuestro SER desde el Origen, energía que se materializa con un propósito, como un organismo vivo y consciente. Esta energía es lo que hace posible entre otras cosas, que nuestro sistema nervioso pueda funcionar y que los meridianos transporten energía en ellos para que la vida siga su curso. Gracias a esta energía pensamos, amamos, experimentamos y aprendemos, hasta que convertimos nuestra experiencia de la vida en un cúmulo de conocimientos en relación a los cuales vamos a estar funcionando constantemente, tanto a la hora de valorar una situación, como a la hora de dar una respuesta a esa situación. Es decir, que todas las respuestas van a estar condicionadas por nuestra percepción del mundo. Pero… ¿y si nuestra percepción de la realidad fuera incompleta? o ¿estuviera distorsionada?…. Tal vez el nivel de percepción desde donde contemplamos el mundo sea muy básico, lo que nos lleva a que nuestras respuestas serían erróneas o al menos bastante deficientes y esto genera sufrimiento.

En el plano mental, cuando trabajamos con la observación, aprendemos a reconocer primero, cuando estoy pensando y cuando no. Esto que en principio parece algo trivial no lo es, porque lo que habitualmente pasa es que los pensamientos suceden sin que nos demos cuenta, así que darnos cuenta ya es un paso. Después aprendo a reconocer que soy yo el que elabora el pensamiento y a reconocer qué carga emocional me está despertando ese pensamiento. Si es algún tipo de conflicto que me hace sufrir puedo llegar a ver que yo mismo soy el causante; hasta aquí reconozco que los pensamientos que elaboro tienen una consecuencia a nivel emocional y físico. Ahora bien, los sistemas de valores y de creencias en base a los cuales generé esos pensamientos tal vez me están impidiendo ver la realidad de la situación y tal vez resulta que no estoy viendo la situación, si no que la estoy interpretando. Aquí juega un papel fundamental la Observación Consciente, a la que podemos llamar Meditación, aunque esta palabra se ha utilizado tanto y en tan diversas formas que puede dar lugar a confusión.

Para que la Observación Consciente se pueda dar, el observador tiene que estar en un estado de vacío, diríamos de neutralidad total, de desapego con el plano emocional, y esto es lo más difícil; es el WU JI que comentaba al principio. Si no existe ese estado de vacío, seguiremos identificándonos con la situación que sea.
Este estado de WU JI, lo que supone es que activamos una parte de nuestra mente que sigue conectada con la Fuente Original, ya que nuestra mente es una parte de esa Mente Original que dio lugar al Universo; esto es lo que los chinos antiguos llamaban el «Shen» y nosotros lo conocemos cómo el Espíritu.

Así es como pasamos de utilizar un nivel de la mente que funciona a una frecuencia muy baja, y que está lleno de sufrimiento, a un nivel en el que funcionamos con la libertad que nos da observar desde el lugar del desapego.

Los ejercicios abren nuestros circuitos, la respiración aumenta nuestra energía, y las muchas técnicas de concentración y para cultivar la energía nos ayudan a mejorar la calidad de la misma. El Chi Kung está lleno de técnicas de meditación y concentraciones y de multitud de prácticas energéticas, pero no van a servir absolutamente de nada a menos que uno esté decidido a hacer un trabajo sincero con su vida. No es suficiente con maquillar nuestra identidad, aunque sea para darle un tinte más espiritual; esto es lo que nos vuelve verdaderamente pesados. Por el contrario cuantas más capas de identidad nos vamos quitando de encima, más ligeros nos volvemos. Como contaba uno de mis maestros, hay un proverbio Budista que dice «No basta con teñir de otro color una túnica que está sucia para que parezca limpia, porque seguirá estando sucia; es necesario lavarla».

Janú Ruiz
Instructor de Chi Kung
www.chikungtaojanu.com