Corazón grande, corazón pequeño

El Chi Kung busca despertar en el Ser Humano su verdadera naturaleza, y desarrollar nuestras mejores cualidades, aquellas que nos hacen sentirnos más sanos, más felices y más sabios. Por supuesto que estas bondades no son para que uno las viva en exclusividad, si no para compartirlas con todos los demás.

El Chi Kung es algo tan extenso y a la vez tan cercano, que a veces cuesta entender su magnitud. Se tiende a reducirlo a una simple gimnasia para la salud, o a una serie de movimientos, o de técnicas para manejar la energía y así mejorar nuestro estado físico, curarnos de enfermedades, o alcanzar la longevidad.

El Chi Kung sobre todo es Naturaleza, y debería de bastar esta palabra para comprender de lo que se trata. Si pensamos en la naturaleza, vemos que todo, absolutamente todo, hasta lo que el hombre crea de forma artificial, viene de la naturaleza. Nosotros venimos de la naturaleza y estamos formados por los mismos elementos que se encuentran en ella, nuestros átomos antes de ser parte de nosotros, estuvieron en una planta, en una piedra, en una nube, o fueron mariposa o pez, solamente viajan de una forma a otra.

Vivimos gracias a lo que la naturaleza nos da; ade ella obtenemos fuerza y salud con sus alimentos y medicinas. Si la observamos detenidamente, obtenemos sabiduría. Nuestros sentidos fueron creados para que pudiéramos vivir en la naturaleza y se recrean con los colores, con las formas, con los sonidos, con los olores y sabores, con el frío y el calor, con el agua y con el viento… Y al igual que, de la naturaleza extraemos minerales o madera para construir cosas que son útiles, podemos aprovechar todos estos elementos que se encuentran en nosotros, el agua, el fuego, la madera, el metal o nuestra propia tierra, para darle una forma coherente a nuestra vida y vivir con salud y en armonía con todo lo demás.

En suma, la naturaleza nos formó y eso somos, pura naturaleza, además con la capacidad de reconocerse a sí misma. Así que el Chi Kung va de esto, de recuperar nuestro estado natural, y natural es vivir tranquilos, cuidarnos y cuidar a los que nos rodean, no preocuparse por aquello que no tiene solución o que no está en nuestras manos solucionar y si la tiene hacer lo posible por arreglarlo, no adquirir vicios que nos debilitan, ni obsesiones que ofuscan nuestra lucidez, hacer lo que uno debe de hacer en cada
momento, no dejarlo para otro día, descansar cuando estamos cansados, alimentarnos sin excesos ni carencias, no emplear nuestras energías en enfados y rencillas.

Porque la naturaleza no se preocupa por sus seres, sencillamente se “ocupa”, hace lo que tiene que hacer y eso es suficiente. De día hace, de noche descansa, sigue sus ritmos y así el equilibrio se mantiene. No espera recompensas,cuando ha terminado su tarea lo deja.

¿Resulta tan difícil de aprender esta lección? Parece que sí, y el resultado es lo que vemos, insatisfacciones, enfermedades, discordias. Ya sé que todo esto no es nuevo, pero es sorprendente que pueda durar tanto tiempo…

En estos momentos que vivimos de despiste generalizado, en el que parece que la humanidad no tiene muy claro hacia dónde ir, muchas personas buscan guías y métodos para alcanzar la felicidad, ya sea a través de un cuerpo 10, una estabilidad emocional basada en mirarse al ombligo, o en aprender
el último método para triunfar y ser lo más.

Tal vez nos estamos olvidando de algo tan importante como ser naturales. Es como el cuento del mendigo que vivió durante toda su vida creyendo que era pobre, sin saber que bajo el suelo de su cabaña había un tesoro enterrado. Si lo hubiera sabido, eso le habría salvado de vivir una vida de miseria y privaciones.

Ese gran tesoro es nuestro corazón, el lugar donde habita nuestra paz interior. El corazón se hace más grande y se siente más feliz cuando se comparte con otros, cuando se mezcla con otros, cuando nos ponemos en el lugar de otros e intentamos comprender sus motivos a la hora de actuar. Esto es salir de nuestro cascarón de importancia personal, de nuestros sentimientos de sentirnos afectados por las acciones de los demás para comprender sus razones o su sinrazón, en cuyo caso igualmente podemos comprender al otro sin que ello nos aporte sufrimiento. Si le podemos aportar claridad, bienvenida sea, pero si no es su momento de recibir ayuda, al menos no nos identifiquemos ni asumamos como algo personal la situación. Había un monje budista que decía: “entre yo y los otros, primero los otros,
ellos son más”. Este pensamiento muestra una enorme lucidez y una gran capacidad de entrega.

Cuando somos niños, demandamos mucha atención; siempre queremos algo más, los juguetes de otro, o aquello que vemos en un escaparate. Nuestra vida se convierte en una gran demanda. Pero sobre todo necesitamos muchos cuidados, somos frágiles y es necesario que nos protejan. A medida que crecemos vamos encontrando nuestra fuerza interior, aprendemos el valor de las cosas y que si deseamos adquirir algo, requiere un esfuerzo a cambio. Cuando nos hacemos aún más mayores, aprendemos a cuidar a
los que nos cuidaron, nuestros padres envejecen y es el momento de devolverlessus cuidados. Esto es el Tao de cada uno. Tenemos hijos y los educamos, los protegemos y los guiamos como hicieron con nosotros. Así nuestro corazón se hace grande, y cuanto más grande se hace, a más seres abarca. Pasamos de demandar y exigir, a ofrecer y ayudar, y a comprender que ese es el Tao, el camino de la virtud que seguimos desde un corazón pequeño, a un corazón grande.

El Chi Kung no solamente son ejercicios. La salud no consiste en preocuparse por no estar enfermo. El Chi Kung es para comprender la vida y vivirla de forma natural siguiendo nuestro Tao (el camino de la virtud).

 

Janú Ruíz

Instructor de Qi Gong

chikungtaojanu.com