LOS ÁRBOLES DEL HOMBRE – II

Dentro del Qi Gong, la práctica del árbol o el “arte de aprender a permanecer de pie”, como también se denomina en chino a esta forma de ejercicios (ZHAN ZHUANG GONG), es uno de los aspectos más importantes que debemos trabajar, y que nos lleva a sentirnos como un cuerpo con una estructura física ordenada y a la vez como una energía en movimiento que se expande.

Pero lo más curioso de esta práctica es que se realiza desde la quietud y el silencio; desde la quietud en la forma externa aunque esta aparente quietud resulta en cierto modo engañosa, porque en el interior la energía se despierta con una fuerza considerable, y es sólo gracias al silencio interior que mantenemos cuando lo practicamos, que esto puede suceder.

Dentro de la aparente simplicidad que reviste el ejercicio, nos encontramos con algo bastante complejo, pues se requiere de un buen conocimiento del cuerpo para saber cómo debemos colocar entre sí las diferentes partes, con el fin de que la estructura quede sólidamente enraizada. Y también es un desafío para la mente permanecer en silencio, simplemente observando aquello que sucede, en absoluto estado de presencia.

A continuación propongo el siguiente ejercicio de base como preparación al trabajo del ÁRBOL.
1- Comienza por instalarte de pie, con los pies separados a la distancia de los hombros aproximadamente, relaja tus pies y siéntelos en contacto con la tierra. Colócalos paralelos (los bordes externos), esto hará que las articulaciones de los tobillos estén más estables y tu conexión con la tierra sea mejor. Flexiona las rodillas a la vez que las separas ligeramente como si estuvieras montado sobre un caballo; esta posición se llama del “jinete o caballero”, y hará que sientas tus rodillas más firmes. A partir de ahí toma conciencia de tu pelvis, relaja los glúteos y las ingles, relaja la zona lumbar y siente cómo tu sacro se desliza hacia la tierra. Las caderas van a bascular ligeramente encajándose en la pelvis. La sensación será algo similar a estar sentado sobre la silla de un caballo.

A continuación siente tu columna erguida, como un árbol que hunde sus raíces en la tierra y extiende sus ramas y hojas hacia el cielo buscando la luz. Tu columna se eleva desde el sacro como el tronco de un árbol, y en lo alto tus hombros y la cabeza ligera se abren hacia el cielo. Relaja tus hombros, tus codos y tus muñecas, así hasta las puntas de los dedos. Ahueca las axilas y separa un poco tus manos del cuerpo, abriendo ligeramente los brazos y colocando las manos con las palmas hacia la tierra; siente la conexión desde tus manos con la tierra.

Deja que tus hombros descansen sobre los costados; no los sujetes con los músculos del cuello. Relaja las costillas y el diafragma. Mete ligeramente el mentón para abrir la nuca y relaja tu mandíbula, así como los músculos de la cara; relaja tu mirada y relaja por último el punto más alto de tu cabeza, el Bai Hui, tu conexión con el Cielo y el lugar por donde recibes la energía del cosmos.

2- Ya nos hemos colocado en la postura de base, ahora siente tu respiración: observarás que la respiración desciende empujada por el diafragma hacia la pelvis. Esto se siente más o menos, según estemos de relajados por dentro. En realidad no es la respiración lo que desciende hacia el vientre, si no que el diafragma en su movimiento de descenso al inspirar empuja desde arriba sobre los órganos que están por debajo, haciendo descender hacia el vientre la energía que produce la respiración, despertando de esa manera nuestra fuerza vital en el primer Dan Tian.

A partir de la respiración, observa también cómo la columna se estira cada vez que inspiras; esto es un movimiento mecánico que hace nuestro cuerpo, tal vez no lo habías percibido antes, pero siempre ha estado ahí. Observa cómo este movimiento llena todo tu espacio interior, como una ola o una onda que se despierta en tu pelvis y asciende por la columna y por el centro de tu cuerpo hasta el pecho y hasta la base del cráneo, movilizando las articulaciones craneales y llenando tu cerebro de energía.

3- Ahora te propongo experimentar con diferentes sensaciones. Vamos a construir 3 montañas, una dentro de otra, como un juego de muñecas rusas, ¿a ver cómo te sientes?:

A) Según estás, imagina que te encuentras sentado en la cima de una montaña y que tu pelvis descansa en lo alto. Deja que ese espacio entre el ombligo y la columna al que llamamos primer Dan Tian o Hara descanse sobre la cima de la montaña. Ahora relaja el sacro hasta sentir que se desliza hacia la tierra formando la ladera posterior de la montaña; después relaja el pubis, las ingles y la parte anterior de tus muslos, y deja que se deslicen hacia la tierra formando la ladera anterior de la montaña y a continuación relaja tus caderas y los lados de las piernas y siente como se forman los lados de la montaña.

Una vez construida la primera montaña, descansa en la cima y permanece en esta postura observando la solidez que sientes y la paz y la seguridad que te llenan cuando te vuelves como una montaña.

B) Vamos a seguir formando la segunda montaña. Esta será más grande que la primera, la va a englobar como en el juego de las muñecas rusas que una está dentro de otra.

Para esta segunda montaña, la cima estará a la altura del diafragma, de manera que relajamos el diafragma, los pulmones y el corazón y dejamos que todo ello descanse en la cima de esta segunda montaña. Relajamos también el esternón hasta sentir que se desliza hacia la tierra formando la ladera anterior de la montaña, y los omóplatos por detrás formarán la ladera posterior. Hacemos lo mismo con los hombros y con los brazos y costillas, sintiendo como forman los lados de la montaña.

Cuando hemos construido la segunda montaña, descansamos en ella y observamos cómo la fuerza de la respiración que desciende hacia la pelvis impulsada por el diafragma, se convierte en una fuerza que asciende por el interior, abriendo el Dan Tian medio en el pecho, así que la montaña se transforma ahora en una especie de volcán; una fuerza desciende y otra asciende por el centro.

Observamos todo esto durante algunos instantes.

C) Para la tercera montaña, que es más grande que las dos anteriores y que las engloba, vamos a instalar la cima en la base del cráneo, en relación con la articulación formada por el occipital y la primera vértebra cervical, y dejamos descansar nuestro cerebro en la cima de la montaña. Relajamos la mandíbula, hasta sentir que se desliza hacia la tierra formando la ladera anterior, relajamos el occipital, hasta sentir que forma la ladera posterior, y los huesos temporales del cráneo y las orejas hasta sentir que descienden hacia la tierra formando los lados de esta tercera montaña.

Permanecemos en esta posición, mientras sentimos cómo las articulaciones del cráneo se expanden y nuestro cerebro respira; de esta manera el centro superior, el tercer Dan Tian se abre igual que el capullo de una flor para ofrecerse al Cielo.

Este sencillo ejercicio es una buena base para empezar a aproximarnos al trabajo del ÁRBOL; a partir de aquí podremos empezar a desarrollar la parte más interesante de esta práctica.

Janú Ruiz
Instructor de Chi Kung
janu.tao@wanadoo.es
www.chikungtaojanu.com