«La mente consume más energía que cualquier otro proceso en el organismo, privando al conjunto de los órganos de la energía necesaria para su óptimo funcionamiento.»

Cuando me refiero a pensar en exceso no estoy hablando de pensamientos lúcidos y creativos, los cuales por lo general suelen ser bastante escasos, si no a una forma de funcionar la mente (o más bien dis-funcionar), en la que se comporta la mayoría de las veces, como una especie de motor al que el fabricante olvidó instalar un botón de parada y que se mueve sin control elaborando pensamientos aunque no sean necesarios.

-El efecto inmediato de de esta actividad excesiva es que consumimos una gran cantidad de energía, ya que el cerebro es el órgano que más energía, más sangre, más oxígeno y más glucosa consume de todo el organismo y sin embargo es un órgano que no produce energía.

Veamos cómo se lleva a cabo este proceso:

El exceso de actividad mental tiende a acelerar el trabajo de los órganos, que tienen que esforzarse más para producir la energía necesaria para abastecer a la mente y a la vez realizar sus propias funciones. Pero la mente en este caso tiene las de ganar y será la primera en tomar lo que necesita dejando desprotegidos a los órganos.

Por lo tanto los primeros órganos que sufrirán los efectos de esta falta de energía serán aquellos que por su naturaleza sean más débiles y por lo tanto más vulnerables.

Aunque dentro de este sistema, como el cerebro necesita para funcionar mucha glucosa, lo más probable es que sean los órganos encargados de la regulación de la glucosa los más afectados, es decir el HÍGADO y el BAZO-PÁNCREAS.

El Hígado junto con los músculos almacenan glucógeno, que es glucosa empaquetada y lista para ser utilizada, mientras que el Páncreas se encarga de regular la entrada de glucosa a las células, por lo tanto cuando la excesiva actividad mental demanda grandes cantidades de glucosa, los músculos se vacían y nuestras células se encuentran desabastecidas con el consiguiente deterioro para nuestra salud.

Algunas consecuencias derivadas del exceso de actividad mental son:

CANSANCIO: las personas que dan demasiadas vueltas a las cosas suelen quejarse de que se encuentran cansadas, aunque difícilmente llegan a darse cuenta por sí mismas de que la causa de su falta de energía es el exceso de pensamientos, la mente es tan hábil y tan tramposa a la hora de justificar sus estrategias, que siempre lanzará balones fuera con tal de no verse comprometida en la solución del conflicto, incluso encontrará justificaciones haciendo el intento aparentemente de solucionarlo, proponiéndose cambios en la vida de la persona, siempre desde un planteamiento mental, pero que al final el cuerpo no es capaz de seguir porque no le queda energía para la acción.

Así la persona se informará sobre todo lo relacionado con su salud y lo que piensa desde su mente que es su problema y sobre cuáles son las técnicas o terapias más adecuadas, consultará sobre sus miedos y pedirá aclaraciones hasta la saciedad, recogerá un exhaustivo calendario de horarios y actividades y cuando ya tenga un informe completo sobre todo lo que debería de hacer, lo más probable es que al final – ¡NO HARÁ NADA!

Los pensamientos en este tipo de personas les consumen tanta energía, que sencillamente ya no les queda más para pasar a la acción.

Cuando actuamos lo hacemos desde el cuerpo, desde la respuesta que dan nuestros músculos para ponernos en movimiento y para ello nuestros músculos necesitan energía, sangre, oxígeno y glucosa, pero si todo esto se lo lleva el cerebro, al músculo no le queda nada para poder funcionar.

Es verdad que en primer lugar necesitamos el impulso de hacer, informarnos y sopesar nuestras fuerzas de cara a los cambios es sabio, pero lo siguiente es actuar, perdernos en un laberinto de elucubraciones y miedos sobre lo que pasaría si hiciera lo que todavía no me he decidido a hacer, es bloquear nuestra fuerza vital y la propia fuerza de la vida que busca expresarse a través del movimiento, incluso si nos equivocamos eso será mejor que no hacer nada, al menos habremos aprendido lo que no queremos, mientras que de no hacer lo único que podemos obtener es más de lo mismo.

Algún sabio dijo hace tiempo que «entre hacer y no hacer siempre hacer, aunque me equivoque».

Este tipo de personas necesitan imperiosamente ponerse en contacto con sus cuerpos y sentir, cuando realizamos alguna práctica consciente sobre observar nuestro cuerpo o sentir nuestra energía circulando en él, estamos devolviéndole esa energía que tanto necesita para poder funcionar y que de otra manera la mente toma para sí.

– INTRANQUILIDAD, ANGUSTIA Y TENSIÓN: La consecuencia natural de este proceso es un estado de intranquilidad derivado de la ausencia de paz interior, que se manifiesta en la manera de movernos, de respirar y de sentir.

Como hemos visto al principio, la mente necesita mucha energía como combustible para funcionar, energía que extrae en forma de glucosa, oxígeno y sangre para alimentar al cerebro, dejando debilitados a los otros órganos, especialmente al Hígado y al Bazo-Páncreas.

Pero en el interior de cada una de nuestras células habita una luz de inteligencia que nos avisa de que la cosa no debería de seguir por ese camino, ya que si no ponemos freno terminaremos por dañar nuestra salud.

Cuando nuestra consciencia registra este mensaje, se ponen en marcha los mecanismos de acción, especialmente vía energía del Hígado que es el encargado de llevar a cabo las decisiones y los cambios, si tenemos en la reserva suficiente energía pasaremos a la acción inmediatamente, pero si no tenemos energía para actuar, el impulso será el mismo, sólo que la frustración y el malestar por la falta de acción sustituirán a la verdadera acción creando un círculo vicioso, es como intentar arrancar un coche con el freno de mano echado, aparece la culpa por no hacer lo que creemos que tenemos que hacer, más tensión en el sistema nervioso y en los músculos como consecuencia del mensaje contradictorio (quiero hacer pero no me siento capaz), la sangre se recalienta y la energía del Hígado se estanca, el Hígado deja de hacer bien sus funciones y la sangre se llena de toxinas. Cuando la energía del Hígado funciona mal, la capacidad para tomar decisiones y llevarlas a cabo se ve alterada.

Otra opción ante el mensaje de actuar es ignorarlo, lo que nos lleva cada vez más a una desconexión con nuestras necesidades, con nuestra verdadera naturaleza y con nuestro cuerpo.

Los pensamientos, los órganos y la salud:

Nuestros pensamientos se tiñen de la esencia psíquica que cada órgano le aporta, el Corazón: aporta inspiración, claridad, calor, verdad, belleza, compasión, amor y humor a nuestros pensamientos, el Bazo-Páncreas: aporta lógica, reflexión, sensatez y optimismo, el Pulmón: introspección, equilibrio, orden, equidad y sentimiento de justicia, los Riñones: voluntad, mente despierta, capacidad de respuesta, pensamientos éticos, y cuidadosos con la vida, buena nutrición del cerebro y la materia neuronal, el Hígado: creatividad, generosidad, extroversión, amabilidad, iniciativa y espíritu de búsqueda y aventura.

Así entre todos los órganos, aportando cada uno sus propios dones llegamos a formar el maravilloso mundo de nuestros pensamientos, nuestros órganos y nuestro mundo mental están diseñados en principio para ser un reflejo de la inteligencia MAYOR que es la fuerza creadora del Universo, esa fuerza no hace nada innecesario, no malgasta, la naturaleza es abundante pero no absurda, no desperdicia energía en tonterías, es eficaz, igual que nuestra mente, tomemos consciencia de nuestros pensamientos, no los desperdiciemos, no seamos absurdos ni negativos, cuidemos nuestra energía, seamos eficaces en nuestra vida y dichosos en nuestros corazones y con nuestras mentes, pensemos y actuemos.

Janú Ruiz
Instructor de Chi Kung
Janu.tao@wanadoo.es
www.chikungtaojanu.com