Dentro de la gran variedad de las plantas medicinales podemos encontrar un grupo muy especial de ellas que conforman las Plantas Aromáticas. Estas se caracterizan por poseer un mayor contenido en aceites esenciales que el resto de las plantas.

Los países de la cuenca mediterránea y especialmente el nuestro, poseen una gran riqueza en plantas aromáticas de las que podemos disfrutar realizando un paseo por muchos de nuestros bosques. Aromas entremezclados de lavanda, tomillo, santolina, jara o pino, nos acompañan envolviéndonos en sus sanadoras y refrescantes fragancias que son especialmente intensas en el tiempo estival, pero también muy presentes en la estación fría.

En las plantas aromáticas tenemos un gran recurso terapéutico para prevenir y tratar las afecciones de la época invernal, como los procesos catarrales y las afecciones de las vías respiratorias.

Podemos encontrar, en las plantas que generan aceites esenciales, una relación con los procesos de luz y calor. Estas plantas no crecen en cualquier lugar del planeta sino en las zonas donde hay dos o cuatro estaciones, especialmente una fría y otra cálida. Su formación se origina gracias a procesos de calor y luz ligados al sol. Se dan profusamente en la cuenca mediterránea, mientras que huyen del ecuador y de los polos. Podríamos decir que están en zonas de equilibrio de clima en el planeta y de alguna manera también equilibran muchas funciones orgánicas.

Los aceites esenciales son caloríficos e ígneos; incluso son sustancias inflamables debido a su riqueza en Hidrógeno, siendo el romero el que más contiene. Si frotamos corteza de naranja cerca de una vela veremos chispas encendidas, debido a la inflamación del aceite esencial que contienen los cítricos en la cáscara.

Al cultivar plantas aromáticas alrededor o entre las plantas del huerto le protegeríamos de las heladas debido a la formación de un halo aromático por evaporación de las esencias. Pero especialmente activas son las plantas aromáticas frente a los gérmenes, algo que se conoce desde el tiempo de los egipcios que las utilizaban en los procesos de momificación impidiendo así que las bacterias descompusieran los tejidos.

La acción antiséptica la poseen todas las esencias en mayor o menor grado. Las más antisépticas son el orégano, el tomillo, el clavo y la canela. Poseen acción bactericida y fungicida. Las esencias no actúan directamente sobre los microorganismos, pero modifican de manera desfavorable el medio en el que viven y por ello no pueden desarrollarse.

El Thymus masticina, endemismo español, también llamado tomillo blanco, es una de las especies de tomillo con mayor poder antiséptico frente a los gérmenes. El aceite esencial de tomillo  posee un poder antiséptico superior al agua oxigenada, por su contenido en timol. La solución acuosa de tomillo destruye en 2 minutos al bacilo tífico, en 4 al estreptococo y en 1 hora al bacilo de la tuberculosis.

La esencia de limón destruye en 15 minutos al bacilo de la meningitis y en 1 hora al estafilococo y al neumococo.

Aceite de romero contra el frío

Podemos disolver aceite esencial de romero de buena calidad (puedes conseguirlo en tu herbolario habitual o en Amazon) en un aceite vegetal (almendras dulces, oliva, sésamo, etc), 50 gotas de aceite esencial de romero en 50 ml de aceite, remover para que se mezclen los aceites. El romero posee un poder calorífico y activador de la circulación, por lo que es muy adecuado para el tiempo de invierno y especialmente para las personas muy frioleras. Por ser muy energético y tonificante es mejor aplicar tras la ducha matinal en forma de masaje sobre la piel.

Infusión de plantas aromáticas para protegernos del frío

Tomillo, salvia, hisopo, hinojo y melisa.
Mezclar a partes iguales y poner una cucharada de la mezcla por taza de infusión, dejando reposar tapado antes de tomar.
Podemos endulzar con una cucharadita de miel de buena calidad aunque para muchas personas no será necesario ya que el hinojo aporta un sabor anisado y agradable a la infusión.

 

Palmira Pozuelo

Farmacéutica Naturista

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