Las Cuevas de Ellora

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Las Cuevas de Ellora son una de las mayores maravillas que atesora la India. No es de extrañar que hayan sido declaradas Patrimonio de la Humanidad. Como tampoco lo es que se encuentren en el estado de Maharashtra, ya que en remotas épocas geológicas un volcán de la región se pasó siglos vomitando lava. Todo el Deccan, la gran meseta que se extiende por buena parte del estado, está cubierta de basalto, una piedra blanda y consistente que se deja labrar con facilidad. Lo demás lo pusieron el fervor religioso y el cuevas de Ellora nunca estuvieron perdidas, ni olvidadas, ni hizo falta que las ‘descubrieran’ los ingleses. Su existencia siempre fue conocida y ya se mencionaban en inscripciones de la época Rashtrakuta y en distintos relatos de viajeros árabes y europeos. Auque carecen de la antigüedad y los extraordinarios frescos de aquellas, la calidad y el refinamiento de sus estructuras y esculturas creo que las superan con creces.

Las 34 cuevas de Ellora se excavaron en la falda occidental del monte Chandamari, una colina de basalto, a unos veinticinco kilómetros de Aurangabad. Lo más extraordinario es que, si bien las cuevas de cada denominación están agrupadas entre sí, los períodos en que se excavaron se solapan en el tiempo. Así, el grupo de cuevas budistas, las más antiguas, numeradas del 1 al 12, que se encuentran en la parte meridional, fueron construidas entre los años 550 a 750, mientras las hindúes, numeradas 13 a 29 y ubicadas en el centro, florecieron del 600 al 875, siendo las jainistas, numeradas 30 a 34, que ocupan la parte septentrional de la gran falda de basalto que corre de norte a sur, las más recientes, construidas entre los años 800 al 1000.

Las cuevas de Ellora siguen siendo, mil quinientos años después de su construcción, un lugar de poder que imanta a peregrinos de distintas religiones. Allí coinciden los kimonos grises de los circunspectos monjes budistas arte de la India, sino que, como arquitectura en roca, carece de rival en el mundo”. No se trata solo de los fantásticos espacios conseguidos a diferentes alturas, sino de la inacabable colección de esculturas y frisos de gran calidad que adornan todas las paredes del templo.

Con las 5 cuevas jainistas comenzó el declive de esta forma de arte en piedra, que pasó a ser meramente imitativo. La cueva 30, por ejemplo, popularmente conocida como Chota Kailasa, no es más que una réplica en miniatura del auténtico Kailasa. Aunque está excavada en alto y alejada de las otras cuevas del grupo jainista, la base carece de podio o plinto, lo que degrada su apariencia, y sus proporciones y simetría dejan mucho que desear en comparación con el vecino templo hindú.

El conjunto de Ellora, sin embargo, tiene otros valores que superan con creces los aspectos meramente estéticos o artísticos y por eso está siempre lleno a rebosar de esa extraña amalgama de visitantes, híbrida de devotos y curiosos, tan característica de los centros espirituales que han devenido atracciones turísticas. Quizá por eso, el Departamento de Turismo de Maharastra organiza todos los años, en diciembre, el gran Ellora Festival de Danza y Música Clásica, que tiene lugar en la campa que hay frente a las cuevas.

Francisco López-Seivane

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Autor del libro: Lugares Sagrados el Hombre ante el Misterio, Alianza Editorial

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3,2 minutos de lecturaActualizado: 29/04/2015Publicado: 29/04/2015Categorías: PATCHWORKEtiquetas: , , , , ,

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