El pasado día 20 de noviembre, se presentó el último libro de Ramiro Calle “Autobiografia Espiritual”.

Ramón Pernas, escritor y director de área cultural de El Corte Inglés de C/Serrano introdujo el acto con una loa hermosa de lo que significan los libros en nuestra vida y terminó recordandonos que “Ramiro trabaja desde el silencio y desde las palabras… El es pionero de casi todo, pionero en enseñarnos a pensar, en enseñarnos que la reflexión es el camino,…”.

Cedió la palabra a Agustín Pániker, escritor, prologuista del libro de Ramiro y Director de Kairós, la editorial que ha publicado “Autobiografía Espiritual”.

De su presentación se desprendía la admiración y amistad que siente por Ramiro Calle, unida a cierta complicidad que da el compartir de aficiones.

“En los doscientos y pico libros de Ramiro sobresale la honestidad, y la coherencia que se destila muy bien en este nuevo libro. En este mundo de la espiritualidad tan fagocitado por el dinero, por el mercado, por los espabilados y los charlatanes, destacar a las personas que llevan décadas de coherencia y honestidad es muy importante. Como editor llevo muchos años en el mundo de los textos espirituales y es por eso que cuando tenemos una persona de la categoría de Ramiro, hay que destacarlo y decirlo”.

“Este libro no es un libro menor. La espiritualidad es tanto o más íntimo que la sexualidad. Es el mundo más propio de cada uno y el que Ramiro nos lo ofrezca y desvele habla mucho de su generosidad, porque no es fácil abrirse espiritualmente”.

“A través del itinerario que recorre Ramiro en su libro, muchos reconoceremos nuestro propio camino y nos identificaremos con algunos tramos. Si uno no ha vivido esa insatisfacción de la juventud, difícilmente se va a embarcar en el mundo de lo espiritual. Tras tentativas de probar una cosa y otra, poco a poco va llegando al Yoga. Ramiro es un autodidacta escéptico, apasionado con lo que hace, viajero y muy crítico con la superficialidad, con el sectarismo de determinados grupos. Ramiro hace un ejercicio de lo que en sánscrito se llama “viveka”, de discernimiento, sentido crítico”.

“Ramiro propone autocrítica, madurez, profesionalidad como una necesidad del maestro. Lo que enseña tiene que ser coherente con la propia vida. Esto queda muy bien reflejado en la Autobiografía y es por eso que Ramiro es un yogui, no solo porque enseña muy bien las técnicas, sino porque lo es en su propia vida. Reivindica una espiritualidad de la vida cotidiana, no la búsqueda continua de experiencias cumbre, sino la que tiene que ver con el día a día, con nuestro cuerpo, nuestra psiquis y nuestras emociones. No es una espiritualidad ascética y ultra mundana sino algo que se puede engranar en este mundo. De alguna manera está promoviendo una espiritualidad secular, más allá de las religiones institucionalizadas. Uno puede ser cristiano, budista, atiesta o lo que quiera, e incorporar a su vida una senda espiritual como el Yoga.”

“No quiero terminar sin destacar algo que sale mucho en los libros de Ramiro, su especial vínculo con la India, algo en lo que también coincido con él. La india es un bombardeo constante de anécdotas y experiencias intensas de olores y colores que no te deja indiferente. La India te enseña mucho de nuestra condición humana y él nos describe la forma maravillosa como le ha transformado, al igual que le trasformó la enfermedad por la que paso hace un par de años, otra experiencia de la condición humana. Ramiro sale de ahí más sabio, más desapegado, más abierto, más libre”.

Agustín Pániker, finalizó su presentación destacando que “en último término la enseñanza de este libro no son sus conocimientos, sino sus experiencias y su aprendizaje”.

Las personas siguen llegando al acto hasta agotar el espacio. Ramiro despierta siempre mucho interés. Pionero con su centro de Yoga Shadak, por el que han pasado quinientas mil personas, sus doscientos y pico libros, sus miles de artículos en revistas, talleres, conferencias e intervenciones en radio y Tv, nadie pone en duda que es el mayor referente que tenemos en España, en lo relacionado con el Yoga y Orientalismo.

Comenzó convocando las energías de personas muy queridas por él, algunas presentes, como José Alvaro Calle o Joaquín Tamames y otras no presentes físicamente ya , pero sí presentes en otros planos: su hermano Miguel Angel Calle, al que se refirió como “mi mejor promotor, mi mejor amigo, mi hermano del alma,…coprotagonista de mi autobiografía, pues toda mi trayectoria está jalonada de su entusiasmo, su ayuda y su sensibilidad” Y trajo también a Baba Sivananda “también desencarnado hace unos meses. Esto es “dukha”, dijo, sufrimiento, dolor con consciencia, lucidez y ecuanimidad para trasformar los enemigos, en amigos”.

Tras rechazar una propuesta de escribir las memorias de su vida, Ramiro se deja seducir por Agustín Pániker para escribir su “Autobiografía Espiritual”, una autobiografía dedicada a describir los caminos transitados en su búsqueda espiritual, la búsqueda de algo que de sentido a su vida.

Ramiro lo explica, en ocasiones con cierta inocencia:

“En el libro describo mi búsqueda que fue en muchas ocasiones como ir dando palos de ciego. Entraba en todo tipo de sociedades: masonería, gnósticos, rosacruces, investigando en la hipnosis, mesmerismo … fue una búsqueda desorganizada que a veces me llevaba a encontrarme en atolladeros que terminaban por hacerme desmayar psíquicamente. Pero al poco tiempo, ese impulso sagrado reverdecía en mi y me permitía seguir trasteando como un sabueso en pos de esa última realidad”.

“Tuve la gran fortuna de tener en mi vida una gran gurú en mi madre M. del Mar, una mentora espiritual de enorme envergadura. El primer mantra que utilizamos es “mamá”, y no olvidemos que gurú es el que nos enseña a poner en marcha nuestras mejores cualidades internas para vencer la ofuscación de la mente y que el gurú verdadero es el que se comunica con nosotros a través del canal de la mente y del corazón. Tuve la suerte de ir aprendiendo todo de la senda espiritual y de la literatura de mi madre. También se dio la sincronicidad de que en la biblioteca de mi padre había muchas obras de autoformación, autodesarrollo, educación de la voluntad …Así se fue creando a mi alrededor un ambiente donde todo invitaba a la búsqueda interior y la literatura”.

“Mis primeros libros los escribí cuando tenia 14-15 años. Ahí empecé mi camino de escritor y mi búsqueda espiritual. En esos años, eran los años 60, en España no se sabia nada de la cultura oriental. Había muy pocos libros, la mayoría los conseguíamos de Argentina, Méjico y Francia. Eran pocos, pero muy buenos. Hoy hay muchos, pero son muy débiles. Formábamos grupos de tertulia para hablar de algo que hoy parecería pasado de moda: si Dios existía o no existía, si había otra vida, si la vida tenía algún sentido o si jugábamos algún papel en este vasto universo de formas, … “

“Después fui encontrando los vínculos con el Yoga. Viajó a Madrid un maestro que impartía cursos a pequeños grupos y mi madre que era una gran buscadora, empezó a practicar yoga. Por entonces le pregunté a un amigo para qué servía el yoga mental y me dice que para controlar la mente. Y como mi mente era una verdadera calamidad, pensé: el Yoga es mi técnica. Desde entonces he seguido fielmente la ruta del Yoga, pues considero que todos necesitamos una filosofía con método. El yoga es el shadana, el método, la práctica transformativa que todos debemos utilizar como apoyo y como soporte”.

“Yo de niño era lo que Freud hubiera llamado un polimorfo perverso. Tenía problemas físicos y psíquicos, era un total atormentado de la vida; experimentaba en el alma lo que llamo la soledad del Ser y todo mi deseo era salir de la ruta del samsara. Era una búsqueda continua de algo que me llenase, que me completase. Sentía ese vacío existencial que todos arrastramos y que muchas personas equivocadamente creen pueden llenar con bienes y logros externos, pero que solo lo podemos llenar de nosotros mismos”.

“En todos nosotros hay un impulso por encontrar una nueva manera de ser, sentir y vivir y por fortuna contamos con una maravillosa herencia que ha sido configurada por las mentes más brillantes de la humanidad: Buda, Jesús, Lao Tse, Pitágoras, … y por tantos otros. Todas esas enseñanzas forman la sabiduría perenne y han fluido desde la más remota antigüedad. Todos disponemos de un caudal de técnicas, procedimientos, pero hoy en día lamentablemente, como ya apuntaba Agustín, muchas de estas técnicas se están desnaturalizando, falseando y es por ello esencial que cada uno agudice su discernimiento, busque por sí mismo y al final confíe en el único gurú que nunca nos puede fallar, que es el gurú interior”.

“Muchos de los que están aquí saben de la importancia del shadana. Ante las vicisitudes de la vida, los halagos y los insultos,..los encuentros y desencuentros, el amor y desamor, lo único que realmente nos puede revelar otro estado de conciencia es la práctica. Si algo he aprendido en la India desde mi primera visita en 1971 es el Meditar. El mejor consejo que me dieron nunca es: medita”.

“Una labor que he tratado de hacer en esta autobiografía es desmitificar, poner orden, para que seamos coherentes con todas estas técnicas a las que tanto debemos y que muchas veces estamos desvirtuando. Hay que destruir todas las expectativas triunfalistas que a lo único que nos llevan es a la desilusión y frustración y al final al abandono. Hay que eliminar esa idea, totalmente falsa de los iluminados que en ocasiones crece del lado más oscuro y siniestro de la Nueva Era”.

“En los tiempos que corren, que no son mejores ni peores de los que corrían en época de Buda, donde imperan tanto las tres raíces de lo insano: la ofuscación, la avaricia y el odio, nada es tan necesario, como el dharma, la enseñanza espiritual. Un maestro budista me dijo: “Ramiro sin el dharma, un hombre no es nada”. Cuando estuve enfermo, cuando le dijeron a Luisa que me quedaban cuatro horas de vida, lo único a lo que podía aferrarme era al dharma y cuando salí de mi desmayo y miraba los rostros de las tres fotografías que tenía delante, me daba cuenta que hay una energía que a todos nos alienta y que nos ayuda incluso en los momentos más difíciles”.

“Cuando empecé a recuperarme volví a utilizar el pranayama, el yoga, las posturas… y comprendí que el shadana es nuestro apoyo y soporte. Me di cuenta de algo más: de lo importante que es la humildad, de lo vulnerables que somos y de que lo único que merece la pena y la única cosa que me gustaría lograr trasmitir en esta autobiografía: que sin amor nada vale absolutamente nada”.

Feliciana García