«El arte sólo funciona cuando maravilla», afirma el maestro Fovel.

Esa maravilla la encontrará el lector en cada una de las paginas de la novela «El Maestro del Prado»

En menos de un mes la nueva novela de Javier Sierra, «El Maestro del Prado», se ha colocado a la cabeza de los libros más vendidos. Desde la primera página, el lector se sentirá atrapado por un ambiente de misterio que permanecerá más allá de la ultima página. En esta novela Javier Sierra nos enfrente con la maravillosa aventura de «comprender el Arte».

El hilo conductor es el encuentro que un día tiene el joven Javier Sierra con un misterioso Dr. Fovel, frente al cuadro de Rafael, La Perla. Gradualmente, como un maestro conduce a un alumno, Fovel le irá enfrentando con los mundos que están, mas allá de los cuadros de los grandes pintores que tenemos la fortuna de tener el El Prado. ¿Quienes eran los Hermanos del Espíritu Libre? ¿Existieron dos niños Jesús? ¿Qué era el Apocalypsis nova? ¿Qué papel tiene Juan el Bautista en la pintura? ¿Aparece el verdadero Santo Grial? ¿Puede el Deutoronomio estar traducido en imágenes?… La Inquisición vigilaba celosamente la ortodoxia, en pleno Renacimiento, le explica Fovel al joven Javier, muchos pensaban que el modelo cristiano del mundo estaba agotado, que se vivía el final de los tiempos y aquellos maestros utilizaron las imágenes para trasmitir unos conocimientos prohibidos, confiados por sus mecenas.

Después de leer este último trabajo de Javier Sierra, la obra de Rafael, Bosco, Brueghel, Tiziano, Juan de Juanes o el Greco… adquieren otra dimensión y los contemplaremos con una mirada que va más allá de lo que contempla nuestra vista, los libros de texto o los catálogos de museo.

Sierra denomina «pinturas proféticas», las obras que nos hablan de una historia paralela en la que los dogmas oficiales son cuestionados por el arte a través de los símbolos.

Espacio Humano ha conversado con Javier Sierra.

Tu encuentro con el maestro del Prado ¿que tiene de novelación y que de autobiografía?, Pues en la novela hay una muy amplia bibliografía…

Es autobiográfica en su mayor parte. Al cabo de 20 años, cuando quise ponerme a trabajar en una novela sobre el Museo de El Prado, encontré en mi diario las notas del encuentro que tuve con un señor mientras mirábamos el mismo cuadro: La Perla de Rafael. Durante varios días me fue explicando diversas obras y decidí convertir a ese señor mayor en el protagonista de la novela por varias razones, pero la principal porque entiendo que es bueno recuperar la que ha sido siempre la correa de trasmisión de la tradición, de los ancianos a los jóvenes. De alguna manera, este es un homenaje al conocimiento que está en manos de los mayores.

Esta sociedad de los últimos cien años, que pondera la juventud por encima de todo, nos ha conducido a un estado de desorientación.

También es un homenaje discreto a los grandes libros conversacionales de la historia de la literatura: El Quijote, por ejemplo, es una larga conversación entre D. Quijote y Sancho panza o la Divina Comedia en donde Virgilio guía a Dante y le explica los círculos del Infierno, quien está en cada círculo y por qué. El maestro de El Prado es mi Virgilio particular.

¿Es un libro para leer de un tirón o para meditar? ¿Cómo te acercas al tema, desde tu amor al arte o desde tu amor a los misterios?

Cuando planteo mis libros, los tejo en varias capas. Hay varios niveles de lectura. De alguna manera se que tienen muchas dimensiones y que van a llegar de manera diferente a distinto tipo de lector. Un lector desprevenido va a encontrar una historia entretenida, pero el lector más profundo, más agudo, encontrará un libro con carga.

La arquitectura nace de una necesidad vital (sobrevivir), pero ¿qué impulso lleva al hombre a la pintura?

El arte fue inventado por el ser humano con una finalidad trascendente. No es un recurso estético para retratar nobles y reyes o lideres; el arte cuando surge hace 35 mil años en las Cuevas, en España y sur de Francia, era un arte que tenía un sentido espiritual.

Lo que sucede con la pintura es lo que dijo Picasso después de ver Altamira: «Después de esto, todo es decadencia en el arte».

Hubo un primer impulso luminoso, espiritual, aquella gente no pintaba bisontes, pintaba el alma de los bisontes y el arte se va reconduciendo a otros destinos que ya conocemos. Pero lo que más me conmovió fue descubrir que ese arte primordial, comunicación entre el mundo de la materia y el del espíritu fue utilizado por gente como Bosco, Brueghel o el Greco. Esto me parece muy impactante.

A ese nivel de lectura llegará el lector con más inquietudes, otros se quedará con la superficie, pero no importa. Es un libro que podrá leerse muchas veces, y una misma persona, en distintas épocas de su vida, encontrará una u otro respuesta.

«El buen maestro sólo llega cuando el discípulo está preparado», dice Favel ¿Has encontrado muchos maestros en tu trayectoria?

Sí he encontrado. Algunos les he dejado pasar, porque no estaba preparado para recibir sus enseñanzas y les he dado la espalda. Era parte de mi proceso y otros me han acompañado hasta hoy. Es importante saber que existe un ciclo natural: uno empieza siempre como aprendiz, según va evolucionando y tomando decisiones puede convertirse en oficial y con un poquito de suerte en algún momento de su vida puede convertirse en maestro de otros. Si te dejas llevar por ese ciclo natural de las cosas se está cumpliendo una gran misión sagrada. Se que si todo va bien, en algún momento seré maestro de otros, pero tienes que prepararte, para ser maestro tienes que haber sido antes aprendiz. Sino, no funciona.

¿Crees que nuestra sociedad ha perdido el sentido simbólico del arte?

Yo creo que ha habido una autentica conspiración contra el valor simbólico del arte, abanderado por las vanguardias que en un momento prescinden del discurso detrás del arte y se centran únicamente en la forma, en lo aparente. No les interesa que el arte sea vehículo de nada. Descomponen la realidad a su antojo y basta, traicionando de manera nefasta el sentido trascendental para el que la pintura fue concebida

En el siglo XXI bebemos todavía de esas vanguardias y creemos que el arte es mero instrumento decorativo. ¡¡Que error!!.

¿Nos han ocultado las cosa o nos han enseñado mal??

Nos han empujado a una visión únicamente materialista de la vida. Nos han querido dominar: la materia esclaviza, el espíritu te libera. Cuando sabes que todo lo valioso que se tiene está dentro de ti y nadie te lo puede quitar, eres invencible. Cuando crees que todo lo valioso que tienes esta fuera de ti, el miedo a que te lo quiten te paraliza.

Este es el gran aprendizaje que tenemos que hacer en esta sociedad, pero soy muy optimista. Toda esta crisis es la gran crisis de la materia. Cuando nos quedemos sin nada, nos daremos cuenta de que todo lo valioso está dentro. Y será un momento glorioso.

¿Qué conocimiento es el que libera?

El único conocimiento que trasforma es el que buscamos, no el que encontramos. Tiene que haber una actitud de búsqueda, ese sufrimiento de no encontrar lo que a uno le satisface hace que te trasformes, poco a poco. Hay que ser activos y no pasivos y hemos creado una sociedad de pasivos: quieras o no te llega la información y esa no vale nada porque no te ha costado nada encontrarla. Lo importante es convertirse en un buscador. Yo siempre digo que no tengo lectores, que lo que tengo son cómplices. He visto a la gente que lee mis libros en los escenarios de mis novelas, confirmando de lo que hablo. Ahora los veré en el Museo de El Prado. Eso es lo que yo persigo: estimular esa inquietud, esa necesidad de saber. Esa necesidad de trascender al libro. El libro es un medio, nunca es un fin.

¿Qué hace falta para ponerse delante de una obra de arte?

Necesitamos recupera la mirada que teníamos de niños: entrar en una catedral o mirar un cuadro y querer emocionarse y aparcar la «cultura». No hace falta saber quien es el autor de la obra, ni la época, ni demás detalles, … nos han hecho creer que si no tienes esa información en la cabeza, no vamos a entender nada. ¡¡Que error!!. El niño se emociona, lo comprende. Y algunas de esas pinturas se hicieron para emocionar, para crear un impacto. Yo pediría hacernos un poco mas puros en la mirada; recuperar la inocencia de la infancia y caernos dentro del cuadro.

¿Y recuperar el sentido de lo revelado?

Sí, también, pero eso es algo que está mal visto. Parece que el que de pronto tiene una certeza inspirada es un loco. Pero si se piensa bien, nuestra civilización se ha construido con esa gente. Los grandes lideres del pasado eran gente que se sentía tutelada por los dioses: les susurraban al oído lo que tenían que hacer y esa gente fue la que levantó nuestra cultura.

Estamos hablando de escucharse a si mismo. La revelación es un grito de libertad que da mucho miedo a los mediocres.

Fovel te cuenta que algunos cuadros son puertas ¿A donde nos llevan esas puertas?

Puertas a lo trascendente, hacia dimensiones superiores. Quedan pocas puertas: una es el arte y otra que está ahí pero que no valoramos mucho: la música. La música es un algo invisible capaz de cambiarte el estado de animo y la percepción. Tal vez una de las cosas más espirituales que existen. Por eso es tan importante el tipo de música que elegimos, porque te está configurando la forma como concibes el mundo.

Los romanos lo sabían: colocaban delante de sus ejércitos a unos señores tocando tambores, marcando un ritmo fuerte, y eso les generaba un extra de adrenalina que era lo que les llevaba a pelear mejor que sus enemigos, al tiempo que les asustaba.

Las obras de arte, sea música, pintura o literatura son puertas: unas se abren a mundos superiores y otras a lo mas bajo de la especie.

He descubierto algo muy curioso: es que en arte no valen las imitaciones, tienes que dirigirte al original. No vale ver la obra en la tele o en un libro. Eso, para mi, es un gran misterio: sólo el arte auténtico, el original, trasforma. La imitación no.

Gracias al interés de Felipe II en el Bosco, hoy tenemos la mejor colección de este pintor ¿qué crees vería Felipe II en El Jardín de las Delicias, por citar un ejemplo?

Felipe II es un personaje curioso. Es el que inicia la colección de El Prado, que después con Fernando VII se convertirá en Museo. Felipe II tiene un concepto de la realidad medio de místico y comprende a estos artistas. El ve algo en el Bosco que ninguno de sus coetáneos ve; esto no puede demostrarse, pero estoy seguro de que él ve algo. Se da cuenta de que el Bosco tiene ese algo especial que no tiene ningún artista de la época. En su época había pintores importantes que venían de la escuela de Tiziano, pero Felipe II busca un arte sugerente, no evidente, algo que le llevara más allá de la realidad. Se obsesiona con el Bosco porque entiende que su pintura tiene algo de sobrenatural.

Añadiendo al detalle de que es el dueño de la Biblioteca heterodoxa más importante del planeta en su época. Todo lo que la Inquisición estaba condenando, persiguiendo y destruyendo, él lo guardaba en su biblioteca particular: libros de magia, geometría sagrada, alquimia, cábala,…

¿Tu cuadro favorito?

Los he tenido, y a medida que los he ido comprendiendo los he dejado atrás. Ahora mas que cuadros, tengo ciertos pintores favoritos porque se atrevieron a ir contracorriente pintando lo que ellos percibían, aunque los demás no lo vieran: uno es El Bosco, el Greco y otro que estoy ahora descubriendo que es Picasso. Picasso no es un vanguardista al uso, no pinta la forma por la forma, el explora los orígenes del arte, viaja a Altamira, se obsesiona con los ídolos ibéricos que se descubren, trata de explorar el arte primordial y aplicarlo al suyo, es un personaje al que me estoy dirigiendo.

Algo para los lectores Espacio Humano…?

Me siento muy a gusto dirigiéndose a los lectores de Espacio Humano, porque creo compartimos la inquietud de la búsqueda.

Me parece un pequeño milagro que sigan manteniéndose revistas como la vuestra.

Gracias Javier Sierra.


Feliciana Garcia Gómez