Soy Doula por vocación. Una vocación, que lleva a acompañar a la mujer en un proceso vital de su vida como es la maternidad.

La maternidad está ahí, la biología marca el paso. Desde la primera menstruación, mujer que sangra, se instala el ciclo fértil, el más largo de los ciclos que la mujer vivirá. Un tesoro que cuidar, mimar, disfrutar; la doula lo sabe.

Cuando una mujer siente el deseo de ser madre y no llega, sus emociones se convierten en una cascada de sentimientos opacos que la alejan de su esencia de mujer. La psicoterapeuta gestalt Gabriela Cunha entre otros, nos habla de pasar de un “vacío estéril” a un “vacío fértil”. Es ahí donde como Doula acompañar a la mujer nutre su valía de nuevo. La mujer se encuentra en ese vacío estéril, ese momento de la menstruación, cuando sabemos que ya no hay embarazo, pero volvemos a tener todas las posibilidades de nuevo “vacío fértil”.

La Doula sabe que la mujer es un tesoro en sí. Su vida ya es un milagro. Merece la pena ser vivida con todo su potencial de mujer.

Cuando el embarazo llega

Un sinfín de emociones se alborotan en el estado de la mujer. Un cóctel explosivo entre la alegría, las dudas, el miedo, la incertidumbre… se expresan en ella y su entorno.

Nos encontramos en general dominados por una cultura del miedo y la medicalización en extremo, infantilizando los ciclos de la mujer, donde el embarazo y el parto se han dejado en manos de la medicina como si de una enfermedad se tratara.

La mayoría de las mujeres eligen un hospital para el parto y nacimiento de su bebé, pero muchas de ellas buscan una Doula para sentir apoyo y confianza en el proceso. Durante el embarazo la Doula acompaña a la mujer escuchando e informando verazmente. Desde la información podemos sentir autonomía con la capacidad de elegir la manera de vivir este proceso único de la vida.

El papel de la Doula en el parto

Durante el proceso de parto la Doula está al servicio de la mujer, su deseo, su necesidad, su entorno. Conoce a la mujer íntimamente; ella expresó sus miedos y debilidades al igual que sus fortalezas. La acompaña en casa, su espacio. Habita con ella dejando que su cuerpo haga. Habita con ella y su
pareja, su familia.

El proceso del parto no tiene tiempo, inspira, exhala… Llegamos al hospital. Se hace equipo con las matronas, todos al servicio de la mujer que alberga la vida y ese bebé que está en camino. Es un proceso intenso.

La matrona y la Doula se complementan.

La Doula preserva la intimidad de la mujer, potencia su confianza. Está sin estar. No hay ruido. Acompaña a la mujer, la mujer acompaña a su bebé a nacer. Nace el bebé, se alumbra la placenta.

Nació otro ciclo, el postparto.

El postparto

El puerperio es un momento vulnerable, lleno de belleza, amor y contradicción. La mujer más que nunca necesita apoyo, escucha, colocar
su centro.

El puerperio se asemeja al otoño, donde las hojas cambian de color, caen, descansan para renacer. Su cuerpo de mujer entregó la vida, su cuerpo alimenta la vida. Se siente sola, llora, pero está más llena que nunca y más ocupada que nunca, las 24 horas. La Doula la acompaña comprendiendo qué factores rodean ese momento de mujer que nace madre y el entorno que la rodea.

En definitiva, las Doulas somos mujeres que nos formamos, que nos trabajamos a nosotras mismas. Somos cuidadoras, amorosas, pacificadoras. Acompañamos los ciclos femeninos de la mujer.

Desde un abrazo femenino a un abrazo a la mujer. YCG

 

Yolanda Caballero Gardyn

Formadora Doula

luznatal.com