Hoy en día el estrés está en boca de todos. ¿Quién no ha sufrido estrés en algún momento de su vida? Sin embargo, no es un fenómeno moderno ni podemos achacarlo a las exigencias de la vida actual. El estrés es una reacción normal y puede darse a cualquier edad. Pero hay que saber distinguir entre estrés “bueno” y estrés “malo” y aprender a manejarlo para que no nos arruine la vida. Existe una técnica específica para rebajarlo y salir reforzados de las presiones del día a día.

Fue el fisiólogo y médico Hans Seyle (1907-1982) quien introdujo por primera vez el término stress en el campo de la salud. Lo definió como “una respuesta corporal no específica ante cualquier demanda que se le haga al organismo, cuando la demanda externa excede los recursos disponibles”. Desde entonces son muchas las definiciones que podemos encontrar relacionadas con este fenómeno.

El estrés es una reacción normal del organismo ante determinados estímulos. Afortunadamente, aún conservamos ciertos instintos, y nuestro cuerpo sabe protegerse a sí mismo ante las agresiones a las que estamos expuestos, que pueden ser físicas, emocionales, mentales, ambientales, etc.

Lo importante es entender que el protagonista real del estrés no es la causa, sino nosotros mismos: la percepción que cada individuo tiene ante los acontecimientos que se van sucediendo a lo largo de la vida en relación al mundo que nos rodea. El estrés se presenta cuando percibimos las demandas de la vida como un fenómeno difícil de superar, controlar o solventar.

¿Es bueno o es malo?
El concepto de estrés no es malo en sí mismo, todos necesitamos de una respuesta rápida del cuerpo ante determinadas situaciones. El estrés en realidad es una respuesta de “adaptación al medio”.

Podríamos hablar de “eustrés” o estrés sano, cuando produce en nosotros la motivación deseada para realizar nuestros proyectos, y de “distrés” o estrés patológico, cuando deriva de frustraciones de nuestra vida o por sobrecarga de responsabilidad.

Un ejemplo sencillo: cuando nos presentamos a un examen importante se activan los mecanismos de estrés, de forma que incitan en nosotros una motivación para utilizar todos los recursos disponibles y superar la situación de forma satisfactoria. En este caso estaremos hablando de “eustrés”. Por el contrario, si la tensión percibida ante el examen nos produce un bloqueo mental, con la consiguiente pérdida de memoria, entonces estaremos hablando de “distrés”.

El gran analgésico
El estrés tiene un componente “analgésico” sobre nuestro organismo. Cuando estamos en situación de alerta, esa sobreexcitación nos causa placer, nos hace sentirnos capaces de hacer frente a cualquier situación, nos hace creernos titanes… Es un estrés silencioso, que durante un periodo de tiempo se puede mantener sin que salten las alertas de peligro.

El problema surge cuando vivimos con sobresaltos o sensación de urgencia constante, por lo que de forma sistemática estamos en estrés. Esta situación conlleva que se vayan “acumulando” tensiones que tarde o temprano se irán manifestando en nuestro organismo, pudiendo ocasionar graves patologías.

Etapas del estrés
Toda respuesta al estrés tiene tres etapas, dependiendo del tipo, cantidad y duración del estímulo:

Primera etapa. Reacción de alarma: Ante una amenaza inminente, nuestro organismo reacciona con una repuesta inmediata necesaria para la supervivencia.
Segunda etapa. Adaptación y resistencia: El organismo compensa los gastos de energía ocasionados por el estrés para evitar llegar al agotamiento. Este estado no puede prolongarse mucho en el tiempo.
Tercera etapa. Agotamiento o colapso: El estrés prolongado y severo hace que el cuerpo pierda su capacidad de respuesta. Los mecanismos psicológicos y biológicos se agotan, se ven sobrepasados, y como consecuencia se desencadena la enfermedad.

Respuestas fisiológicas ante el estrés
Activación del sistema nervioso simpático: el estrés produce en nuestro organismo modificaciones neuroendocrinas que activan el eje hipotalámico-hipofisario-suprarrenal, el cual genera la secreción de catecolaminas como la adrenalina y noradrenalina. Estas hormonas permiten un aumento en la concentración de glucosa en la sangre, facilitando un mayor nivel de energía, oxígeno, alerta, poder muscular y resistencia al dolor.

Si este estado de alerta se mantiene, a medio plazo pueden surgir diversas patologías: problemas digestivos, reducción de la capacidad cognitiva, alteraciones en el estado de ánimo (irritabilidad, tristeza, depresión), alteraciones del sueño, disminución de la respuesta del sistema inmunológico o inmunodepresión.

Sin embargo, la realidad es que muchas veces a lo largo de nuestra vida nos veremos sobrepasados por las circunstancias. En ese caso el éxito no está en evitar el estrés, sino en eliminarlo de manera rápida una vez se produzca.

La Coherencia Cardiaca, una técnica eficaz
Estudios del Instituto de Heart Math de EEUU han demostrado que las emociones se reflejan claramente latido por latido en el ritmo cardiaco. Es lo que se conoce como variabilidad del pulso cardiaco o VCP.

El corazón es un espejo de nuestro nivel de estrés, por eso cuando estamos estresados se nos “acelera el pulso”. De forma inversa, se ha demostrado que entrenando el corazón a latir de una forma relajada coherente eliminamos el estrés mediante un proceso de “biofeedback”.

Se ha demostrado que la comunicación entre el cerebro y el corazón es bidireccional. Como consecuencia, si el corazón late de una forma coherente, sin estrés, envía señales al cerebro para que se relaje mediante un proceso fisiológico que aumenta la liberación de hormonas como las endorfinas y la oxitocina, que ayudan a la relajación y como consecuencia al bienestar.

La técnica de la Coherencia Cardiaca, guiada por un terapeuta especializado, nos permite percibir de forma visual, a través de un programa informático, cómo responde nuestro corazón a los niveles de estrés. Se trata de un programa específico de control y reducción del estrés, a través de unas técnicas de relajación y visualización guiadas, como decimos, por un terapeuta.

Tras un entrenamiento, el paciente será capaz de incorporar estas técnicas a su vida cotidiana. Ello hará que su estado de bienestar físico, cognitivo y emocional mejore sensiblemente: aprenderá a cambiar rápidamente sus reacciones ante el estrés e incrementará su energía vital. Se trata de una herramienta muy útil en todo tipo de patologías, ya que mejora el estado general del organismo.

Los cuatro pasos antiestrés
La técnica de la Coherencia Cardiaca se basa en cuatro pasos centrados en un único objetivo: disminuir de forma inmediata el nivel de estrés.

1. Tranquilizar el corazón a través de la respiración torácica: aumenta la segregación de factor natriurético atrial (FNA) y oxitocina, hormonas que inducen a la relajación.
Para tranquilizar el corazón, el paciente debe sentarse cómodamente con la espalda recta y sin cruzar las piernas. Se coloca una mano en el centro del pecho, cierra los ojos y centra la atención en la respiración. La espiración debe ser más larga que la inspiración. Permanecemos así unos 5 minutos.

2. Visualización creativa: se genera en nuestra mente señales neuronales de relajación. Con los ojos cerrados, visualizamos en nuestra mente una imagen que nos haga sentirnos bien: un paisaje de montaña, el mar, un amanecer, una flor… Nos centramos en esa imagen y en sus detalles: colores, sonidos, movimientos, sensación de frío o calor… Sentimos cómo esa imagen nos da calma y serenidad.

3. Trasladar la sensación de tranquilidad a la zona del corazón: Cuando ya tenemos bien definida la imagen relajante que hemos creado, generamos una conexión entre mente y corazón para aumentar la sensación de bienestar.

4. Permitir que la emoción se extienda a todo el cuerpo: desconexión del eje hipotálamico-hipófisario-adrenal. En esta fase la emoción que hemos generado anteriormente se extiende por todo el cuerpo. Sentimos ese bienestar con cada inspiración y espiración. Dejamos que ese estado de paz se “irradie” desde el pecho a todo el cuerpo.
¡A practicar!

La Coherencia Cardiaca es una técnica completa, que consta por un lado de un programa informático para registrar y visualizar la variabilidad del latido cardiaco, y por otro lado de un programa de entrenamiento que nos ayude a controlar dicho latido y a ser conscientes de la respuesta de nuestro corazón ante situaciones de estrés. Está diseñada para ser aplicada por un terapeuta, que guía al paciente en todo momento y le ayuda a entender las reacciones de su organismo y a tomar el control de dichas reacciones.

Sin embargo, cualquiera puede probar a poner en práctica en su casa los pasos aquí descritos. Se trata simplemente de buscar espacios propios de relajación y de interiorización, y de autoestimular de forma consciente sensaciones de tranquilidad y armonía. Todos deberíamos reservar para nosotros mismos un momento así cada día y convertirlo en un hábito de vida. Nos ayudará a mejorar nuestros niveles de estrés cotidianos, lo que redundará en una mayor calidad de vida. Y si no conseguimos la tranquilidad suficiente, siempre podremos recurrir a un terapeuta que nos entrene y ayude.

EL ESTILO DE VIDA ES IMPORTANTE
La forma en que interactuamos con nuestro entorno nos ayuda a modular nuestra percepción del estrés. Hay muchas cosas a nuestro alcance para ganar en tranquilidad y calidad de vida… y felicidad.
• Alimentarse bien
• Compensar el trabajo con periodos de ocio
• Tener tiempo para disfrutar de la familia
• Procurarnos un entorno sano, libre de radiaciones y toxicidad medioambiental
• Tomar contacto con la naturaleza
• Intentar gestionar nuestras emociones adecuadamente para evitar conflictos
• Cultivar buenas relaciones sociales que nos permitan disfrutar de la vida

Ayla Mª Faulín García
Diplomada en enfermería y naturópata,
Clínica Medicina Integrativa.
Vocal de la Sociedad Española de Salud y Medicina Integrativa (SESMI)
www.medicinaintegrativa.com