¿Estoy viviendo mi leyenda personal?

¿Cuál es el propósito de la existencia?

¿Puedo vivir el aquí y el ahora?

¿Cómo encontrar la alegría en mi vida?

¿Cómo puedo emprender el camino a la felicidad?

¿Cómo hallar “la magia” de la vida?

¿Cómo puedo desarrollar la simplicidad en el vivir y la nobleza en el pensar? ¿Es posible para mí vivir desde la sabiduría del corazón? ¿Puedo dejar atrás los proyectos de mis padres, las herencias familiares, los asuntos del karma, mis conflictos personales del pasado, honrarlos y elegir vivir mi propio programa de vida?

Seguramente todos nos hemos hecho algunas de estas preguntas en muchos momentos de nuestra vida y no siempre las respuestas son fáciles de encontrar.

Mucho se habla en nuestros días y ha sido escrito en la sabiduría ancestral, de la importancia de vivir aquí y ahora, en el eterno presente, para encontrar la verdadera felicidad. Sin embargo, en la práctica, no es tan sencillo hacerlo cuando sobre nuestro inconsciente pesa la carga de nuestra historia personal y familiar, en forma de impactos, conflictos, creencias y otros asuntos sin resolver, cuya energía está estancada y determina un comportamiento, una manera de relacionarnos con el mundo y unos resultados en todas las áreas de nuestra vida, a menudo, limitadas y dolorosas.

Cada persona puede interpretar positivamente su pasado personal si se conquista a sí misma. Bucear en nuestros orígenes nos permite llevar nuestra esencia y creatividad al presente para proyectar un futuro lleno de posibilidades.

El presente y el pasado se entrelazan en una realidad eterna.

Podemos elegir pensar que nuestras experiencias, incluso las más difíciles, tuvieron un sentido y que nos aportaron lecciones importantes para nuestro crecimiento personal. También podemos elegir dejar atrás las historias y cargas que no nos pertenecen y que hemos hecho nuestras por las fidelidades invisibles hacia las personas que amamos. Actualmente contamos con múltiples herramientas terapéuticas holísticas que nos ayudan a realizar este trabajo de reconciliación, aceptación, aprendizaje y reconversión de nuestro pasado. Entre ellas podemos citar la terapia regresiva, el rebirthing, las constelaciones familiares y el transgeneracional, la terapia de recuperación del niño interno, la biodescodificación, la técnica metamórfica, la terapia floral,… entre otras.

Una vez integrado el pasado, el siguiente paso es conectar con nuestro propio sentido de vida, nuestro ikigai, como dicen los japoneses, para poder vivir desde él en el presente y proyectarlo al futuro en nuestros proyectos y acciones.

El propósito de vida es tan general como adecuado a diferentes personas y situaciones en cualquier momento de la vida y tan específico como para que se ajuste a ti perfectamente. Las metas u objetivos se eligen, establecen y planifican. Un propósito es una dirección que se va cumpliendo en cada momento de la vida.

El propósito constituye la razón por la que estás aquí, lo que da sentido a tu vida.

Por el contrario, puedes fijarte muchas y variadas metas, diferentes entre sí, para ser cumplidas en algún momento.

El propósito nunca puede ser alcanzado y culminado completamente, pues es algo que hemos estado haciendo siempre y continuaremos realizando, independientemente de las circunstancias, hasta el día que muramos. Los propósitos son cortos, expresivos, concretos y enérgicos.

Para descubrir tu propósito fundamental, lo que determina claramente tu razón para vivir, puedes empezar encontrando de nuevo aquello que, desde niño, te ha apasionado, lo que amas, y hacerlo confluir con tus habilidades, aquello que se te da bien hacer; con tu dedicación profesional, tu formación, aquello por lo que sientes que te pueden pagar; y, por último, con lo que sientes que el mundo necesita y que tú puedes aportar.

Es decir, en la confluencia de tu pasión, vocación, profesión y misión se encuentra tu ikigai. Ninguno de estos cuatro elementos aislados, por sí mismos, da la felicidad.

Necesitamos un equilibrio adecuado entre todos ellos en la vida.

Por otro lado, se hace imprescindible en nuestros días, rescindir el contrato al absolutismo de la mente que nos ha gobernado en la última época evolutiva de la humanidad. Cada vez se habla con más frecuencia de la importancia de dar paso a la sabiduría del maestro que reside en nuestro corazón. Es algo que ya vaticinaron avatares y maestros en el pasado, como el hecho trascendente que marcaría el salto evolutivo en el ser humano en la búsqueda de la felicidad.

Desde hace décadas diversas investigaciones, como la del Instituto Heart-Math en Estados Unidos, determinan que el corazón es algo más que un mero órgano circulatorio, ya que posee todo un entramado neuronal y endocrino que toma prioridad, en muchas ocasiones, sobre las decisiones del cerebro. Además de su importancia como centro energético fundamental en la transmisión del amor, como fuerza que moviliza y organiza coherentemente el universo.

Restableciendo la comunicación con el corazón y concentrándote en las intenciones de tu alma, en el poder de tu propósito espiritual, puedes restaurar el equilibrio cuerpo-mente; mejorar tu salud; tus relaciones con la vida, con el planeta y todos los seres que lo habitan. Y desde ahí, encontrar la felicidad, porque a la felicidad no se la puede buscar, sólo podemos encontrarla ya que es nuestro derecho y destino.

Como dice una frase anónima: “El regalo de la felicidad pertenece a quienes eligen desenvolverlo”. ¿Te animas?

 

Juan José Hervás Martín

Terapeuta Floral

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