El Poder Biológico de la Palabra ofrece un camino dual de autoconocimiento mediante la escucha de la palabra y mediante la escucha del cerebro.

La palabra es, para la conciencia, lo que la mano para el cuerpo. Es el instrumento de los instrumentos. La palabra es la llave que cierra y abre todas las puertas de la comunicación. Y la mano es el instrumento capaz de sanar toda enfermedad. Al unirlas, surge la herramienta perfecta.

Os presento una serie de recursos lingüísticos que detectan rutinas de expresión inútiles, para facilitar la reprogramación de las creencias. A estos recursos le sumamos la potencia de la BRT® (Brain Release Technique) para armonizar las áreas cerebrales que tienen grabadas dichas rutinas. Esas áreas del cerebro gestionan a su vez el funcionamiento de órganos que están reaccionando, de manera permanente, ante el lenguaje que utilizamos. Si éste es favorable, los órganos conservan su metabolismo sin fricciones. Al contrario, un lenguaje dubitativo, denso, duro o limitante provoca una reacción inmediata sobre el órgano diana alterando sus funciones.

Mejoramos el comportamiento de nuestro cuerpo en cuanto mejoramos nuestro discurso.

Si revisamos la forma de hablar descubriremos vocablos, frases hechas o exclamaciones que actúan como dardos sobre los órganos. Constituyen un diálogo aprendido muy común, al que frecuentemente no se le presta la atención que merece.

Con el Poder Biológico de la Palabra estamos abriendo puertas de diálogo alternativo que mejoran el funcionamiento del cuerpo y enriquecen la manera de pensar.

7 grafico - El poder biológico de la palabra PBP

Para alcanzar ese nivel de percepción disponemos de grandes recursos como:

  1. Escuchar.
  2. Hablar más despacio.
  3. Uso de sinónimos-contrarios.
  4. Etimología.
  5. Palabras-Frases beneficiosas.

Escuchar (del lat. auscultare):

ejercitar la escucha ayuda a controlar los pensamientos. Y el que controla sus pensamientos, controla su vida. Para ello, si detectamos varios activos al tiempo, resulta muy práctico poner a cada uno en orden de prioridad y en orden de utilidad. Si en un primer momento de caos mental nos cuesta determinar la prioridad (a menudo nos puede parecer importante cualquier cosa), ordenaremos los pensamientos en función de su utilidad. Preguntas clave: ¿me sirve de algo lo que estoy pensando? Y de ser así ¿para qué me sirve? Estas preguntas disipan los pensamientos inútiles al instante.

Hablar más despacio:

hablar con más pausa de lo acostumbrado es un hábito saludable que permite escucharse con mayor atención. De ese modo es más fácil corregir el discurso, si fuera necesario, renunciando a frases hechas que nada aportan. Por ejemplo: “tú ya me entiendes”, “la gente es así”, “todo el mundo lo sabe”; el abuso de la conjunción “pero”; acabar las frases con un “no” (cuando se desea “sí”); y tantas otras.

Uso de sinónimos-antónimos:

supone una mejora de los recursos para adaptarse con naturalidad a cualquier diálogo, ya sea oral o mental. Así ofrecemos alternativas de expresión a las rutas habituales. El resultado es un lenguaje facilitador y coherente con la realidad que queremos mostrar y proyectar.

En el ejemplo de una persona aquejada de alteraciones digestivas, no es lo mismo que se exprese con frases habituales como: “esto no me lo trago”, “no hay quien lo digiera”, “me revuelve las tripas” o “esto es una mierda”; a que se exprese de un modo más acorde: “esto no lo acepto”, “no lo llevo bien”, “no me gusta”, “no lo asimilo” o “no lo quiero para mí”. Así no focalizamos la agresividad dialéctica sobre el cuerpo. Y dejamos en paz a la garganta, al estómago y a los intestinos, para que se ocupen exclusivamente de digerir y procesar los alimentos.

Etimología:

es el estudio del origen, el sentido, la forma y el significado de las palabras. ¿Sabemos con certeza lo que significa todo lo que decimos? Ante la duda, conviene consultar previamente una palabra antes de usarla en un contexto equivocado, porque el resultado puede sorprender. No es lo mismo complicado-difícil, ni sencillo-fácil, ni ilusión-entusiasmo. Así que, atención a las palabras.

Decir lo que quieres decir le da sentido a lo que dices, porque la fuerza de la palabra crea realidades y precede a la acción.

Palabras-frases coherentes:

conviene revisar los términos que usamos para que se adecúen a los resultados. Atención a los adverbios siemprenunca, que hacen referencia a todo tiempo-ningún tiempo. Si queremos que perdure lo que decimos, perfecto, si no, se sustituye por “hasta este momento”, “pocas veces”. Ídem con los “no puedo”, cuando en realidad deseamos decir “no quiero” o “no me viene bien”.

Y el otro poderoso instrumento de los instrumentos son las manos, aplicadas sobre el cerebro, con la BRT®, para armonizar los relés cerebrales que están implicados en las disfunciones corporales. De ese modo devolvemos al cerebro la plasticidad necesaria para elaborar discursos más útiles.

Por otro lado, en orden a los fundamentos de la Nueva Medicina del Dr. Hamer, sabemos que detrás de toda enfermedad hay una situación de conflicto biológico que afecta a 3 niveles: psique, cerebro y órganos.

Los órganos son los que comunican, mediante sus síntomas, que hay una desadaptación al entorno. El cerebro, informa de los relés afectados, y con la BRT® tenemos la oportunidad de armonizarlos (incluidas las áreas del control del lenguaje – Broca y Wernicke). Y es, mediante sencillas técnicas sacrocraneales, el modo en el que conseguimos, desde el cerebro, descargar al cuerpo de la tensión que le provoca la psique con sus programas equivocados.

Para finalizar, si lo que vas a decir no aporta utilidad, mejor mantente en silencio; y entretanto libérate el cerebro para que se despierte el ingenio.

 

Michael Laloux Kodaewa

Director de la INTERNATIONAL SCHOOL OF CRANIAL LISTENING

lalouxschool.com