«Así como nunca encontrarás el bosque, si no sabes qué es un árbol;

así tampoco podrá Él, ser hallado entre abstracciones». Kabir

Hay un refrán que dice que «es mejor ponerse una vez colorado, que ciento amarillo», que también se puede decir que es mejor comerse un par de sapos al principio de un buen banquete, que estar todo el día comiendo piedras.

Ante la investigación de «lo espiritual», hay varias posibles actitudes. Está la del cientifista a ultranza que se niega a asumir una hipótesis de lo que hay «mas allá», sin que haya pruebas fehacientes de su realidad.

Y también están los que asumen una hipótesis o cosmogonía más o menos razonable, asumiendo el riesgo de que no sea la verdadera, junto con los que dan barra libre a la fantasía, y cualquier cosa la ven igualmente posible.

Entre los cientifistas están los clásicos, pero también existe el cientifista «ilustrado», tipo junguiano desteñido y arquetipal, que quiere pero no quiere, que admite la fenomenología espiritual, pero no quiere ni oír hablar de «seres exteriores», y para explicarla sin tener que asumir una cosmogonía hipotética, busca y rebusca mil explicaciones abstractas y abstrusas, de lo más raras y retorcidas, y se le queda la cara amarilla de tanto comer piedras, aunque eso sí tan contento porque según él, no se ha tragado ningún sapo.

Hay otro prototipo de moderno «espiritual». Es el hombre moderno, que asume el mundo espiritual, pero tampoco se atreve a asumir una cosmogonía hipotética pues esas cosas de los ángeles o los extraterrestres le suenan un poco a cosa de frikis.

Estos vagan por el mundo espiritual con una nube vacía encima de la cabeza, una especie de caja de Skiner, pero en lo espiritual, un gran paréntesis de interior desconocido, del que sólo se conoce lo que entra y un poco de lo que sale. A esa gran nube ignota la denomina con una abstracción: «Dios», e intenta vivir el día a día manejando esa enorme abstracción, para lo que nuestro cerebro que evolutivamente solo sabe manejarse con conceptos concretos, no está preparado.

Y como el cerebro humano no puede vivir en la indeterminación, y sin un mapa claro del territorio, van flotando por ahí, pues ese gran vacío cognoscitivo interior, instintivamente lo intentamos tapar y suplir mediante ideas y valores un poco infantiloides y de segunda división.

Y así caemos en los angelismos, buenismos, ecologismos, vegetarianismos, y todo lo que termina en ismos, y enredados en una literatura y una prosa lírica y poética de niños de EGB, y flores a María.

Es lo que se llama «espuma espiritual», que es a la verdadera espiritualidad como la espuma a la cerveza: sabe a cerveza pero en realidad no te calma la sed.

Y mientras nosotros flotamos entre flores y mariposas, «la ambición trabaja», y nos llevan a todos a empujones hacia el precipicio. ¡Pero tranquilos, no pasa nada, el 2012 ya está aquí y las energías benéficas se van a encargar de todo!.

Porque tanta «borrachera» espumo-espiritualoide, nos incapacita para nuestra movilización, para trabajar por un mundo mejor, para hacer análisis y diagnósticos maduros, lúcidos y útiles para nuestra sociedad. ¡Y si los únicos que piensan son «los malos», entonces vamos listos…!

Luego está el otro extremo. Los que como en realidad todavía no sabemos casi nada de muchas cosas, para ellos «todo es posible», y por ello trasponen sin ningún rubor conceptos de nivel cuántico, a nuestro mundo macro, con el agravante de algunos son físicos de verdad.

Desgraciadamente la sensatez no es lo que mas abunda hoy día, porque el que mas grita es el que llama más la atención. Decía Albert Einstein: «Hay dos maneras de vivir la vida: una como si no hubiera milagros, y la otra como si todo fuera un milagro».

Pero yo creo que hay una manera más difícil de pensar la vida, y es la de discernir en cada caso la situación, intentando primero buscar causas naturales a las cosas, y si no se encuentran, ya es cuando se pueden lanzar hipótesis imaginativas sobre las cosas, (siempre hipótesis, y no doctrinas).

Y es preciso ser muy imaginativo, para realizar hipótesis reduccionistas y minimalistas. Lo facilón es soltar la fantasía a volar y resolver todos las cuestiones a base de universos paralelos, matrix holográficas y viajes en el tiempo.

Así si no sabemos explicar una fenomenología espiritual determinada, un reduccionista a ultranza dirá que es un caso de un loco o de un pillo, y un fantasioso sacará a relucir, viajes en el tiempo, otros mundos paralelos en otras dimensiones, o la alineación del Sol con el Centro de la Galaxia.

Un ejemplo también muy repetido en estos días es el de los falsos arqueólogos fantasiosos. Según ellos nuestros antepasados eran unos imbéciles incapaces de poner dos piedras juntas sin la ayuda de unos extraterrestres.

Estos «científicos» delirantes, son los que desprestigian cualquier planteamiento serio de que en el pasado pudieran haber intervenido nuestros vecinos del espacio que se habría producido en muy contadas ocasiones, y no cada vez que había que poner una piedra encima de otra.

Nuestro planteamiento histórico-mítico-espiritual es bastante reduccionista, aunque imaginativo. En resumen parte de dos hipótesis fundamentales, que con ambas se puede comprender razonablemente bien toda la fenomenología espiritual:

1ª Que existe una Organización de vecinos de Galaxia, que junto con la colaboración de un grupo de humanos mejorados por ellos, nos tutelan y guían.

2ª Que todos tenemos en nuestra mente in-consciente un órgano de comunicación telepática, por donde se mandan y se reciben pensamientos y emociones, de dicha Organización, casi siempre de forma inconsciente y fundamentalmente a iniciativa de «ellos».

Se trata de un flujo de comunicaciones muy real y muy concreto, y es lo que unos llaman llaman «la gracia», otros «influencia espiritual», y otros «mundo imaginal». Estas dos hipótesis previas, todavía no se pueden demostrar científicamente, pero todo indica que mas pronto de lo que muchos creen, se podrán demostrar.

Isidoro García

Director Revista Quitapesares