Esto es así verdaderamente. Nuestros intestinos producen alrededor del 90% de la serotonina del organismo y el 50% de la dopamina (sustancias que hacen que nos sintamos tranquilos y felices).

Contiene también unos 100 millones de neuronas, más que la médula espinal, y la mayor parte de las células del sistema inmunitario.

El sistema digestivo es reconocido como el segundo cerebro, gracias a los descubrimientos que desde hace años se vienen sucediendo en el campo de las investigaciones científicas. Aparece íntimamente unido a nuestro mundo psicológico y emocional, no sólamente recibiendo información desde el cerebro superior a través del sistema nervioso, si no también mandando información y estímulos a través del sistema nervioso que influyen de manera decisiva sobre nuestros pensamientos y nuestras emociones.

¿Cómo funciona esta comunicación entre nuestros dos cerebros?

Dentro del sistema nervioso autónomo, tenemos por un lado el sistema “parasimpático”, que se activa por la acetilcolina, cuando nos sentimos tranquilos y relajados, poniendo en marcha diferentes funciones:

  • Estimula y facilita la actividad digestiva,
  • Reduce el ritmo cardíaco,
  • Relaja el recto, facilitando la eliminación de los deshechos.
  • Contrae la vejiga impidiendo la pérdida de orina.

Por el contrario, cuando nos sentimos amenazados, estresados o nerviosos, la adrenalina activa el sistema nervioso “simpático”, que pone en marcha otras funciones:

  • Inhibe la actividad digestiva,
  • Acelera el pulso cardíaco
  • Contrae el recto.

Esta comunicación se hace principalmente a través del nervio vago, que conecta algunos de los órganos más importantes de nuestro cuerpo: Corazón, Bronquios, Estómago, Esófago, Intestino, Páncreas e Hígado.

Antes se pensaba que el nervio vago, llevaba información desde el cerebro a los órganos, pero recientemente se ha descubierto que el 90% de las fibras que forman este nervio llevan información sumamente importante para el sistema nervioso central desde el intestino hasta el cerebro.

Entre las principales tareas que lleva a cabo el nervio vago están:

  • Relajarnos tras una situación de estrés,
  • Regula el latido cardíaco y el ritmo de la respiración,
  • Facilita el buen funcionamiento del aparato digestivo mandando información al cerebro sobre la digestión para que todo funcione bien,
  • Mejora las funciones inmunitarias y antiinflamatorias. En el intestino tenemos la mayor cantidad de células del sistema inmunitario, por eso la acción de este nervio es tan importante para aumentarlas.

“Así tenemos una vía de comunicación en dos direcciones, entre nuestro sistema digestivo y el cerebro”

Sistema digestivo y felicidad

Nuestro intestino tiene aproximadamente 100 millones de neuronas, más que la médula espinal. Estas neuronas nos permiten sentir lo que pasa en nuestro sistema digestivo y lo que hay dentro de él. Una gran parte se dedica a la actividad de la digestión: transformar los alimentos, absorber los nutrientes y expulsar lo que no sirve. Todo ello requiere de complejas reacciones químicas y movimientos mecánicos para poderlo llevar a cabo, sin necesidad de que nuestro cerebro superior tenga que ocuparse de ello.

janu 200x300 - Sistema digestivo, fuente de felicidad

Además, en el intestino producimos entre el 80 y el 90% de la serotonina, endorfina que actúa como neurotransmisor y se ocupa principalmente de que nos sintamos tranquilos y relajados, regula nuestro estado de ánimo, e inhibe la ira y los estados de agresividad, ayuda a regular la temperatura corporal, el humor, el vómito, el sueño y el apetito.

“La falta de serotonina, tiene que ver con el insomnio y la depresión”.

En el intestino se produce también más del 50% de la dopamina, otra endorfina que actúa como neurotransmisor, y que se encarga de regular las sensaciones de placer en el cerebro. Está relacionada con el “mecanismo de recompensa”, es decir, la segregamos ante situaciones agradables: comida, sexo, algunas drogas, y también con la meditación, llevándonos a buscar aquellas situaciones que nos resultan agradables.

Como vemos, el sistema digestivo produce una serie de sustancias opiáceas naturales, que también pueden llegar a tener un efecto adictivo y narcótico ante situaciones de estrés o depresión. Por ejemplo, la acción de comer por sí misma es una forma de “ansiolítico natural”, especialmente los carbohidratos como los bollos y los azúcares refinados.

Hay factores que predisponen a una relación conflictiva con la comida, como personas impulsivas, indisciplinadas, baja autoestima, poca tolerancia a la frustración, agresividad, dificultad para enfrentarse a las dificultades de la vida, dificultad para pedir ayuda, necesidad de obtener una recompensa inmediata, o sensación de vacío interior.

Esto hará que se utilice la comida no con el fin de nutrirnos, si no de evadirnos”.

Lo que se nos ha olvidado

Es evidente, que el buen funcionamiento de nuestro sistema digestivo y por tanto de nuestra salud, depende de una forma de vida tranquila, una mente equilibrada y hacer el ejercicio necesario para que nuestro cuerpo se mueva. Hasta nuestras tripas no están hechas para la pereza.

Los mecanismos de recompensa están ahí para que nos sintamos bien, pero hay que utilizarlos con inteligencia y voluntad para nuestra buena salud, sin hacernos esclavos a ellos.

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Es recomendable hacer las cosas con tranquilidad, disfrutando de aquello que hacemos, dedicarle el tiempo necesario a comer, sin prisas y mejor si se hace en compañía. Uno de los consejos tradicionales que se da en China con respecto a la comida es “nunca comer sólo, ni hablar de trabajo durante la comida”.

Nuestra salud se compone de muchos pequeños aspectos que forman un todo en armonía. Conocer la relación entre nuestro sistema digestivo y nuestras emociones es un aspecto importante dentro de este puzzle.

El Chi Kung como sistema de prácticas para la salud, tiene numerosos ejercicios para cuidar especialmente nuestro sistema digestivo.

 

Janú Ruíz

Instructor de Qi Gong

chikungtaojanu.com