En enero de 1971, Almudena Hauríe y yo abrimos el centro de yoga Shadak. Íbamos a haber abierto una librería orientalista, pero al final nos decidimos por un instituto de yoga. La imprenta se equivocó y en lugar de poner Sadhak en las tarjetas y placas puso Shadak, y decidimos dejarlo así. Sadhak significa practicante espiritual y el término tiene la misma raíz que sadhana (entrenamiento yóguico) y shadu (renunciante, aspirante espiritual).

Fueron tiempos difíciles: la censura, la imposibilidad de adqurir libros en España sobre filosofía oriental (y tener que pedirlos a Argentina o Méjico), la incomprensión de la mayoría y de los círculos furibundamente vaticanistas (incluído el Cardeal Ratzinger, luego Papa).

Cuando salí con una unidad movil de Radio Nacional para preguntar por las calles a la gente qué era el yoga, nadie se atrevía a contestar nada, excepto una persona que preguntó: «¿Se trata de un jugador de futbol?».

Impartíamos clases incluso a lo largo de diez horas y recuerdo, como anécdota, que una clase solo tuvo un alumno, el mismo, a lo largo de dos años. Por fortuna, Almudena era una profesora realmente formidable e incansable. Siempre he dicho que, además de precursora del yoga en España, es una de las mejores profesoras que hay. A los dos años alcanzamos, por fín, la cantidad de ochenta alunnos. ¡Era todo un logro para la época!.

En los años ochenta una periodista que me entrevistó me comentó algo muy interesante: «Tengo la impresión, Ramiro, que mucha gente ha empezado a hablar de yoga, pocos leen al respecto y menos lo practican».

Habíamos abierto Shadak en la calle Ayala 10, en el primer piso. Luego me enteré que en otra planta había estado una oficina de la Gestapo durante la Guerra, así que me dije a mi mismo: «¡vamos a conjurar ese karma!». Fueron años de inmensa actividad: cursos y conferencias los fines de semana, conciertos, proyecciones de peliculas de la India, seminarios, encuentros de yoguis y médicos, asistencia de lamas y todo tipo de conferenciantes interesados por la evolución de la consciencia.

Tímidamente comencé a anunciar Shadak en la prensa. Comparto con vosotros un anuncio de la época y puedo aseverar que siempre nos hemos mantenido inquebrantablemente fieles a la esencia y espíritu del yoga, negándonos a impartir otras enseñanzas que no sean hatha-yoga y radja-yoga. Fundamos el círculo de Estudios Budisnas NARADA. Almudena se entregó en cuerpo y alma al proyecto y como su inglés es muy fluído, hacía las veces de traductora y también tradujo buen número de libros muy importantes del inglés al castellano.

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Han pasado por el centro Shadak más de medio millón de personas y sigo, todos los días, impartiendo una clase de hatha-yoga y dos de meditacion y radja-yoga. ¡Tempus fugit!. Hay gente que pregunta si el profesor Calle sigue vivo. Al parecer, de momento, sí, aunque ya no tenga las articulaciones de las rodillas tan elásticas como para hacer la postura del loto.

Todo maestro o especialista que nos fue visitando, ha insitido en la inspiradora energía con la que el centro está impregnado. Por sus salas pasaron a compartir sus conocimientos Swami Ritajananda, Swami Tilak, Swami Vireshwarananda, el especialista en el cerebro José Alvaro Calle Guglieri, profesores de Universidad, Lama Akong y gentes venidas de India, Nepal, Sri Lanka y otros países asiáticos. Siempre he considerado a mis alumnos como amigos espirituales.

Soy y he sido siempre un porfesor de yoga independiente, bastante alérgico a las instituciones y organizaciones, un librepensador y un aprendiz eterno.

 

Ramiro Calle

Centro de Yoga Shadak

www.ramirocalle.com