Vivimos en una cultura en la que repetidas veces la felicidad es suplantada por el estrés. Por lo tanto la ansiedad y la depresión están a la orden del día. Confusión mental, tristeza, insomnio son sólo algunos de los síntomas que se pueden experimentar cuando nuestra mente está enmarañada, en alerta crónicamente. Existe un remedio fácil y sobre todo muy útil para superar estos problemas: ponerse a meditar.

Sí podemos tener una vida plena.

Se puede vivir una vida plena aunque las circunstancias externas no sean las más favorables y mejorar nuestra calidad de vida. La crisis, el desempleo, el estrés del trabajo, las preocupaciones diarias laborales o familiares…, es verdad que tenemos razones de sobra para estar angustiados, pero esto simplemente no nos ayuda en nada, al contrario, nos va deteriorando. Hay que tomar el control, porque si no la inercia, en el mejor de los casos, nos puede llevar a ser propensos a cualquier tipo de enfermedad.”¡La culpa, querido Bruto, no es de nuestras estrellas, sino de nosotros mismos, que consentimos en ser inferiores!”, decía el Julio César de Shakespeare, en su obra homónima.

Es cierto que hoy en día es muy complicado no ir a ritmos que hubieran enloquecido fácilmente a nuestros antepasados. La omnipresencia de los móviles, Ipods, la especie de obligación de estar conectados siempre con todos y con todo, no ayuda a nuestro equilibrio y paz interior.

Meditar, no es un lujo, es una necesidad

Un oasis de cordura en medio de un mundo caótico, en cierta forma eso es lo que se busca cuando se medita. Como dice Anthony de Mello, conocido por sus libros relacionados a la espiritualidad Medita, contempla los muros; observa tus ideas, tus hábitos, tus apegos y tus miedos, sin emitir juicio ni condena de ningún tipo. Limítate a mirarlos y se derrumbarán”.

Si hacemos memoria y recordamos momentos en los que nos hayamos sentido totalmente llenos de vida, seguramente nos demos cuenta de que en aquel instante estábamos poniendo toda nuestra atención en lo que estaba ocurriendo, que la mente y el cuerpo actuaban como una sola “herramienta”. Esas ocasiones de profundo reconocimiento son parte del gran aporte que se obtiene cuando nos decidimos a dedicarle un tiempo en nuestras vidas a la meditación.

Se ha comprobado que meditar mejora la calidad de vida de personas con dolor crónico, también favorece la buena función cerebral y fortalece nuestro sistema inmunológico, con tan sólo 20 minutos al día de práctica durante un periodo de ocho semanas, salud y bienestar, están totalmente a nuestra disposición.

Numerosas investigaciones científicas han demostrado que a través de un adecuado adiestramiento y disciplina de nuestra mente; la atención, la inteligencia y la creatividad se desarrollan de una manera sorprendente. También se reducen automatismos, se potencia la conciencia en nosotros mismos, comenzamos a respirar mejor, aumenta nuestra flexibilidad corporal, regulamos nuestra presión arterial, combatimos el insomnio, mejoramos los hábitos alimentarios, recargamos energías y disminuyen sensaciones muy nocivas como la ansiedad, depresión, hostilidad, somatización y la utilización de medicación.

La meditación nos ayuda a aceptar la realidad tal y como es y nos fortalece contra la adversidad.

Las cualidades y la meditación

La meditación también nos permite cultivar y fortalecer muchas cualidades de la mente, como por ejemplo: la paciencia, la capacidad de apreciar todo lo que nos rodea, la alegría, la empatía, la gratitud, el amor hacia todo, el valor, la humildad, nos invita a alimentar activamente todas nuestras virtudes. Otro aspecto muy importante es que al encontrarnos mucho mejor con nosotros mismos, automáticamente mejoran también las relaciones con los demás, sean estos familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc. Un estudio publicado en Pubmed ha demostrado que la práctica de la meditación reduce la ansiedad en un 44% y la depresión en un 34%.

Cómo practicarla

Existen numerosos métodos para meditar, algunos de éstos proceden directamente de antiguas tradiciones y otros son de creación más reciente inspirados en los que ya existían anteriormente. Todos los tipos de meditación poseen una estructura común, que consiste en entrenar la atención, favorecer la conciencia, caminar hacia la comprensión y situarse en la compasión.

Algunas de las diferentes tradiciones de meditación son:

-Meditación Vipassana: Vipassana significa ver las cosas tal como son. Es una de las técnicas de meditación más antiguas. Se enseña en la India hace más de 2500 años como una cura universal para problemas universales.

-Meditación Zen: El término japonés Zen podría ser traducido como «absorción» o «reabsorción». La práctica de la meditación Zen permite que el ser individual se acople conscientemente con la fuente primigenia de su vida. Esta conexión tiene el poder de reducir o hacer desaparecer el miedo al cambio, reduce el apego a la forma individual y al concepto del yo, pues muchos ven en el apego la causa de todo desequilibrio, enfermedad y por lo tanto, de todo sufrimiento.

-Meditación Vajrayana: Vajrayana es una de las formas más antiguas y representativas de meditación tibetana , también conocida como “El camino del diamante”. De acuerdo con un estudio realizado por la Universidad de Singapur, la meditación Vajrayana ha demostrado ser una herramienta muy poderosa para mejorar e impulsar el desempeño cognitivo. Mientras que otras meditaciones activan el sistema parasimpático (inducen a la relajación), la práctica del Vajrayana activa el sistema simpático, estimulando el ánimo y mejorando las funciones del sistema nervioso.

Qué se necesita

Para meditar sólo hace falta tener la disposición y también es recomendable que alguien la dirija, realizarla en grupo. Cuando se medita en conjunto la intensidad de los beneficios se multiplica. Los elementos básicos a trabajar a la hora de practicar la meditación son los siguientes:

Respiración: No hay nada más importante que respirar es lo que nos mantiene vivos. Aprender a hacerlo adecuadamente puede dar un cambio decisivo a nuestra vida. Generalmente lo hacemos de manera inconscientemente y no sabemos los grandes beneficios que una buena respiración nos puede ofrecer. Si respiramos adecuadamente favoreceremos incluso la quema de grasas, pues respirar bien mejora la oxigenación de las células en donde tiene lugar la oxidación de lípidos, reduciéndose así el riesgo a sufrir problemas cardiovasculares y mejorando nuestro rendimiento general.

-Relajación cuerpo/mente: Cuerpo relajado, mente alerta, ese es el “secreto”. Cuando se logra entrar en este estado podemos experimentar una verdadera plenitud.

-Postura adecuada: Las posturas para meditar están diseñadas para apoyar el trabajo de la mente. El cerebro y la columna vertebral tienen una estrecha relación. Sentarse derecho le da poder a esta relación. Cuando la espina dorsal está recta, la energía fluye libremente y las distracciones causadas por una mala alineación se reducen. Al igual que unas bases bien puestas, una postura adecuada mantiene el cuerpo erguido y firme, brinda estabilidad a la base de la espina dorsal y alinea la cabeza, cuello y tronco. Con esto, la mente queda libre para “viajar” hacia el interior”.

-Lugar apropiado: Es importante que el lugar que se escoja para meditar sea tranquilo y libre de interrupciones, una vez que se entra en este camino hacia el desarrollo, la plenitud y la felicidad es importante que nada nos distraiga del sendero, de nuestro verdadero camino.

Daniela Francis Centeno.
Área de Comunicación.
Jardín de Luz.
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