«Porque yo tengo allí mi parte. Nosotros (ahí) nos conocemos todos, nos sostenemos todos, los unos a los otros. No puedo expresarlo bien; pero somos como una simiente repartida en el mundo entero». Catalina Emmerich, describiendo su visión de la «Isla de los Profetas».

Teilhard de Chardin, popularizó la intuición sobre la «noosfera», que entraña una idea original sobre la naturaleza de la Humanidad. Describe la existencia de una red de comunicaciones «telepáticas» y espirituales subconscientes, que relacionaría entre sí a los humanos.

Esta intercomunicación se realizaría con nuestras personas cercanas, ya afectivamente, o ya por intereses culturales y espirituales comunes.

Teilhard cuenta que descubrió ese concepto experiencialmente en el frente de la I Guerra mundial. Ahí se le hicieron muy captables las emisiones de cientos de miles de seres humanos emocionalmente trastornados ante un peligro inminente de muerte, pues con su temperatura psíquica y su energía interna: «adquirieron para mí una magnitud muy real y por tanto, muy biológica».

Podría ser que nuestra mente «espiritual» disponga de la posibilidad de participar en una comunidad telepática global, compuesta de múltiples subredes locales e ideológicas, en algunas de las cuales, entramos en comunicación con nuestros seres más queridos y con aquellos otros con los que mantenemos una sintonía intelectual y espiritual.

Como «webmasters» de estas redes, dinamizando y estimulando, (aunque no participando directamente en sus contenidos), estarían los miembros de la Jerarquía Espiritual humana.

La mente espiritual de cada uno se encontraría en esas comunidades, como un lector en una biblioteca. Puede adquirir cualquier conocimiento, pero tiene que buscarla, y solicitarla.

De forma que si no lo tenemos en cuenta, no lo aprovecharemos: «¡Llamad y se os abrirá!».

La naturaleza de esta red de transmisiones inter-personales, (incluyendo también a espíritus de humanos muertos), justificaría la existencia de una gran diversidad y pluralismo en las opciones intelectuales y culturales entre personas que han recibido la gracia o «influencia espiritual», que se otorga a todo el que la solicita.

Además, ¿cómo se puede explicar que si hay una fuente única y veraz, luego muchas de las ideas «inspiradas» o canalizadas a personas, tanto en el presente como en el pasado, sean en muchos ideas flagrantemente erróneas y hasta disparatadas?. ¿Cómo a unos se les aparece el «Espíritu» en forma de paloma y a otros en forma de cuervo?.

Esta triste realidad, obliga a replantearse la naturaleza de esa «influencia espiritual», como algo de naturaleza mas «humana» y menos «divina», y por lo tanto sin características milagrosas, y por ello mas errable.

Las influencias espirituales que recibimos vía subconciente, en su parte cognoscitiva, provienen de otros humanos, que aun cuando pudieran tener un gran desarrollo moral, inevitablemente arrastrarán errores en sus conocimientos, unos personales y otros propios de su época histórica.

Porque en cada momento histórico, debido a la dispersión de los conocimientos, son inevitables los errores de percepción y discernimiento, y por ello existen muchas ramas ideológicas y culturales diversas.

Como dice Francisco Traver «la cultura, es un almacén de posibilidades de ser y de hacer, un lugar donde se posibilita el trueque y el compartir y especializar a cada cual en una habilidad distinta. Siempre han sido necesarios múltiples talentos para terminar un producto cualquiera».

Mediante este lento y costoso proceso cultural y espiritual de obtener el Conocimiento, de forma paulatina, se irá produciendo un decantamiento de las ideas hacia las alternativas mas adecuadas. Se irán poco a poco quedando las mejores y se irán eliminando las arcaicas y anticuadas. Ese es el progreso cultural, lento pero implacable.

Es un proceso histórico, que es la causa de la evolución cultural de la humanidad. Traver lo define como la formación de un «cerebro colectivo», que en estos momentos, se visualiza espectacularmente con el desarrollo de Internet, pero que viene de antiguo, mediante la transmisión de ideas y conocimientos, a través del proceso de aprendizaje maestros-discípulos, ya por tradición oral o mediante todo tipo de escritos, y que culminaron en las grandes bibliotecas o depósitos del saber.

Además esta hipótesis de la «influencia espiritual», realizada mediante la «noosfera» plenamente humana puede ayudar a explicar un tema siempre recurrente en las relaciones entre «Dios» y los hombres: el tema de la teodicea. ¿Cómo se puede explicar que «Dios consienta el mal y la desgracia en los humanos?.

Si se dedicara Él personalmente o una Organización intermedia menor en su nombre, a inspirar ideas morales, culturales y de otro tipo, por qué razón no podían añadir alguna fórmula de una vacuna contra el cáncer, o de la energía libre o de los alimentos en abundancia?. Esa situación dejaría muy mal a la «trascendencia».

Por ello tiene cierta lógica, la hipótesis de que las condiciones para que la humanidad ingrese en el «Reino de Dios«, son que la misma humanidad consiga progresar moral y culturalmente y autoorganizarse de una forma justa y pacífica, demostrando así poseer el nivel mínimo necesario para ingresar en el «Reino».

Y por ello, la Jerarquía Espiritual humana, que estaría guiándonos y estimulándonos, no podría intervenir directamente, «dictándonos» las ideas correctas, sino que para ayudarnos a lograrlo por nosotros mismos, habrían organizado un sistema que facilite progresar adecuadamente en esa escalada moral y cultural. Y la interconexión selectiva de subconscientes de las personas interesadas en dicho proceso, sería un muy buen sistema de ayuda.

La hipótesis de la Noosfera se puede ver como el mecanismo por el que la humanidad se constituirá como una unidad, un «todo» cósmico y cristológico.

En la actualidad todavía está en estado de embrión, (la semilla sembrada o el grano de mostaza), de un ente supra-individual, aún en desarrollo, que constituirá la Humanidad futura a realizarse. («Simiente repartida en el mundo entero», dice Catalina Emmerich).

Una humanidad futura, supraindividual y global, compuesto por un núcleo o Centro decisional, apoyado en un núcleo colectivo de memoria y reflexión.

Ese Centro decisional, estaría constituído y dirigido por una élite colectiva humana, compuesto de la Dirección o Jerarquía de la humanidad, (que los cristianos asociarán dirigida por Jesús el Cristo), el grupo de humanos formados y designados por nuestros hermanos superiores del «Reino», como «representantes de y ante la divinidad».

También habría un núcleo colectivo de memoria y reflexión, compuesto por los humanos normales que hayan destacado en su conocimiento de la Realidad: santos, budas, bodisattvas, maestros sufíes, intelectuales, filósofos e investigadores destacados, tanto vivos como muertos, que con una conexión telepática subconsciente muy desarrollada, podrían ayudar al resto a encontrar las diversas vías del conocimiento de la realidad humana, del mundo y del cosmos.

Y el resto de la humanidad, cada uno con su carisma personal, vivirá su vida, al servicio de los demás, en su puesto personal, beneficiándose de los «bienes espirituales» y materiales, aportados por todos.

Cuando se llegue a ese desarrollo perfecto de la humanidad, que constituirá el Punto Omega de Teilhard, llegará el momento en que se realice la inclusión efectiva de la Humanidad en la Organización Cósmica general.

En ese momento la Humanidad, hablará por una sola boca, será como un todo orgánico, compuesto de una Dirección, una clase consultiva y de reflexión, y el resto de personas que colaborarán tranquila y felizmente, cada uno en su puesto, según su carisma personal.

Mientras llega ese momento, ya funcionaría la estructura espiritual de intercomunicación, aunque de forma aún embrionaria, y la Dirección Superior, se encargaría de facilitar la constitución de esa élite reflexiva que vaya progresando en el conocimiento y la perfección moral y organizativa de todos.

Nos dice Juliana de Norwich: «Dios nos espera con paciencia, y no se enfada ni nos castiga. Mediante el discernimiento propio y la influencia espiritual de Él, tomamos conciencia de nuestros errores, pero esto ni nos hiere ni nos desesperanza».

«Él ha tenido la previsión de organizar este reencuentro y esta sanación, para todos, de modo que los santos más destacados puedan ver su pecado y su pobreza junto conmigo. Y yo, la más pequeña del pueblo de Dios, hallo consuelo junto con los más grandes».

Isidoro García

Director Revista Quitapesares