En la actualidad el culto al cuerpo, la hipersexualidad y el dinero dominan como valores preferentes en una sociedad que parece estar cada vez más deshumanizada y es por ello que disciplinas como el Yoga, y concretamente el Yoga Integral (Y. I.), están calando con fuerza en un sector de la población cuyo perfil es, por suerte, muy alejado de lo superficial y que anhela encontrar un sentido auténtico y profundo de la vida.

Para llenar ese vacío de valores que han dejado otras filosofías obsoletas o dogmáticas el Y. I. nos ofrece una técnica, un método específico para llevar la consciencia desde la superficie de la mente a lo profundo del corazónPara hacer entender esta filosofía siempre me gusta hablar del mito del carro. Es un mito muy antiguo y se ha dado en varias culturas en diferentes versiones que han evolucionado desde hace siglos. En general, nos habla de la naturaleza tripartita del ser humano: los caballos simbolizan el cuerpo físico y vital/emotivo, el cochero simboliza a la mente y el viajero ocupante del carruaje simboliza el alma. Cuando los caballos se desbocan o el cochero queda ciego o sordo a las directrices del ocupante, el carruaje vaga sin sentido y finalmente se precipita en un accidente mortal. 

El Y. I. nos invita a descubrir esta naturaleza tripartita para abrirnos a nuestra verdadera esencia en un apasionante viaje de autoconocimiento y transformación.

Así, dentro de una misma clase trabajamos no sólo el cuerpo físico sino también la mente, y no como fines en sí mismos sino como medios a la conexión con nuestra interioridad más profunda. De este modo equilibramos el cuerpo físico a través de activaciones, danzas, saludos al sol y asanas (posturas), las cuales no solamente ayudan a fortalecer y mantener la elasticidad del cuerpo sino también a eliminar bloqueos, equilibrar su energía, y, cómo no, a relajar el sistema nervioso, algo imprescindible en la estresada sociedad en la que vivimos actualmente.

 

Sin embargo, para llegar a la raíz de los problemas que nos llevan a la infelicidad (estrés, fobias, depresión, ansiedad, etc) el cuidado del cuerpo físico se torna insuficiente por sí mismo en la mayoría de los casos y es por ello que la meditación (incluso dentro del mismo asana), como herramienta de autoindagación y gestión psicoemocional, es imprescindible en nuestra práctica ya que una mente no educada o enferma -igual que un cuerpo dominante o desequilibrado- puede convertirse en un obstáculo enorme para la escucha interior.

La experiencia con la meditación nos lleva a tomar consciencia de que, en esencia, ni somos el cuerpo ni somos la mente, ni siquiera las emociones que embargan a ambos, y es entonces que surgen las grandes preguntas que todos nos hemos hecho alguna vez: ¿quién soy?, ¿qué sentido tiene mi vida? Aquellas personas que aspiran a conocerse, a superar sus limitaciones, a mejorar cada día para llegar a ser la mejor versión de sí mismos son auténticos valientes que han emprendido un camino que realmente es duro en ocasiones pero que nos lleva hacia lo que todos buscamos: darle un sentido a nuestras vidas y ser felices.

El Yoga Integral, creado por Sri Aurobindo y Mirra Alfassa a finales del siglo XIX y principios del XX –y que me fue transmitido en la Escuela Mahashakti -, nos habla del Ser Psíquico o Maestro Interior como el guía que ha de ayudarnos a descubrir cuál es el verdadero propósito de nuestras vidas, que nos abre las puertas al conocimiento/experiencia de nuestra verdadera naturaleza, la naturaleza del espíritu. Así, entendemos que el yoga sin meditación puede devenir en mera gimnasia, pero la meditación sin profundidad espiritual, sin apertura del corazón, es asimismo una mera musculación de la mente y sus capacidades, quedándonos nuevamente en la superficie.

 

Concebimos pues el Y. I. como un camino holístico cuerpo, mente, corazón–espíritu que pretende desarrollar la conexión corazón–cerebro y dar a la inteligencia intuitiva, a nuestro corazón, el papel protagonista que merece en nuestras vidas.

Cuerpo y mente son limitados ya que no son más que instrumentos del alma y es cuando los trascendemos que accedemos a ese territorio desconocido que ya no entiende de conceptos de tiempo y espacio y nos conecta con el todo, con la sabiduría y el amor universales. Es ahí donde, sin perder nuestro contacto con lo terreno, entra el Y. I. como una vía de transformar la vida dentro de la vida. No queremos huir al monte ni aislarnos en ningún monasterio. Fomentamos el contacto para con nuestra esencia no sólo dentro de clase sino también en la vida ordinaria, porque si no es en nuestras vidas ¿dónde vamos a hacer verdaderos cambios? ¿Quien transformará el mundo sino nosotros mismos con nuestra propia transformación?

Podremos escuchar y leer a muchos maestros y todos nos ayudarán, sin duda, con su sabiduría, pero ninguno de ellos podrá mostrarte el camino que sólo tu corazón conoce. Sólo la experiencia de nuestro maestro interior puede mostrarnos nuestro propósito. El camino de cada persona es único y maravilloso y es nuestra única responsabilidad encontrarlo.
Charles Bukowski dice: “Encuentra lo que amas y deja que te mate“, porque ¿qué sentido tiene una vida sin pasión? Una vida sin propósito nos conduce a la muerte espiritual y a la zombificación de una vida inconsciente.

Si estas palabras resuenan en tu interior no lo dudes, ¡ven a conocernos!

 

Lakshmi DeviRuth Sáez
Directora y profesora de Y. I. en DIWALI. CENTRO DE YOGA Y BIENESTAR INTEGRAL
www.diwaliyoga.es