El yoga no se mueve por creencias, sino por experiencias. No se extravía en elucubraciones filosóficas o especulaciones metafísicas, sino que recurre a la verificación personal. No se pierde en un amasijo de opiniones, sino que invita a la indagación interior. Con razón hay un adagio antiguo que reza: «No basta con pronunciar la palabra «luz»; hay que encender la lámpara».

No es una doctrina, un culto, un dogma, una religión. Es una experiencia tranformativa. No se trata de hablar, sino de hacer. Lo que verdaderamente modifica la actitud y transforma es la propia experiencia.

 

El yoga no te dice que analices la vida o estés investigando sobre la misma, o preguntándote por qué vives, sino que te dice: vive. Vive con consciencia y plenitud, con nobleza y lucidez.

No te dice estudia anatomía, sino vivencia por tí mismo tu cuerpo de modo directo y sírvete de él como instrumento de autorrealización.

No te dice que investigues sobre los distintos mecanismos de la respiración o de la función pulmonar, sino que regules tu mismo tu respiración y directamente aprendas a respirar a la luz de la consciencia. No te dice que leas libros de psicología, sino que te conviertas tú en tu propio libro, del que tanto tienes que aprender.

No te exige que vayas a ningun templo, porque tú eres tu propio templo, ni que hagas peregrinaciones a otro sitio que no sea a tu Fuente interior. No te dice que te aturdas con acrobacias intelectuales, sino que mediante tu propio discernimiento traspases lo ilusorio para conectar con lo esencial. Te invita a sumergirte en ti mismo, aunque solo sea unos minutos al día, para que experimentes la realidad que se esconde en tí. No es pensar, sino dejar de pensar para poder percibir lo que palpita más allá del pensamiento y hace posible el pensamiento.

No te dice que pienses sobre el amor, sino que ames. La vida momento a momento. Con lucidez y compasión. Pero se necesita un método experiencial y ese método es yoga.

La experiencia es lo que cuenta, la experiencia es la que produce el cambio interior, la experiencia es la que actualiza los potenciales internos. No hay que creerse nada porque lo digan las escrituras, los maestros, las tradiciones, sino por lo que uno logre la sabiduría a través de su propia práctica. Como dice el Yoga Vasishtha: «A aquel que contempla en calma el transcurso del mundo tal como se desarrolla o se presenta ante él y permanece sonriente pese a sus vicisitudes, se le llama yogui imperturbable».

¡Cuántas veces mis alumnos no me habrán oído aquello de «vale más un gramo de práctica que toneladas de teoría»!.

No se trata de ser un erudito, sino de poner en la práctica las enseñanzas para poder ir cambiando los estrechos puntos de vista y superando los engaños de la mente. La práctica en sí misma es tranformativa, es como una alquimia interior que va eliminando la ignorancia básica de la mente y ayudándonos a superar sus trabas en la larga marcha de la autorrealización. Al final uno se convierte en su propio terapeuta y su propio maestro. La gracia termina surgiendo de dentro de sí mismo. El esfuerzo sostenido es recompensado. En las creencias uno no puede confiar, pero sí en la propia experiencia.

La libertad interior hay que ganarla; nadie puede hacer esa labor por nosotros. ¿Habrá también que ganar el alma mediante el desarrollo del entendimiento correcto y el amor? Seguramente. Pero para comprobarlo, hay que ponerse a experimentar en uno mismo.

Ramiro Calle

Director del Centro de Yoga Shadak y escritor

www.ramirocalle.com