La mente es un gran misterio. Ella acarrea todos los códigos de la evolución y toda clase de experiencias y condicionamientos anímicos. La mente es un órgano precioso de cognición y percepción, así como de acción. Es la precursora de todos los estados y todos los estados nacen de ella. Sin embargo, es rara la persona que sabe dominar su mente, encauzarla y orientarla y que sabe pensar y no ser pensada por los pensamientos, y asimismo dejar de pensar.

 En la mente está el intelecto, la memoria, la imaginación, la atención y la consciencia, entre otras funciones. Somos los herederos de la mente y así como pensemos, así seremos. Cada uno tiene que hacerse responsable de su órgano mental y comenzar a ejercitarlo, esclarecerlo, calmarlo y dirigirlo adecuadamente. La mente ata o libera, es enemiga o amiga, es buena sierva pero mala ama. Si no controlas la mente, estás perdido, porque ella te controla a ti. Entonces se vuelve, como decía Kabir, una farsante, una casa con un millón de puertas.

Todo se vive en última instancia en el escenario de la mente. Al nacer tenemos una mente y dejamos esta vida desde la mente. Pero ¿somos realmente propietarios de ella o sólo sus esclavos? En la mayoría de las personas la mente es como un mono saltando de la rama del apego a la del odio o como un elefante furioso e incontrolado.

La mente es desarrollable, perfeccionable, evolucionable y dominable. Sí, se pueden modificar los modelos y reacciones de la mente, sus hábitos y tendencias a la dispersión. Para ello hay que seguir una disciplina mental, una “estrategia” que convierta la mente en un órgano bajo el yugo (yoga) de la consciencia y la voluntad. Cualquiera que se lo proponga puede hacerlo, pero requiere motivación, esfuerzo y disciplina.

Desde la más remota antigüedad los sabios de la India entendieron que la mente es el mayor obstáculo, el gran problema, el mayor escollo y por ello empezaron a concebir y ensayar métodos para el dominio de la mente e incluso el verdadero hatha-yoga, el verdadero y no sus sucedáneos, es una herramienta formidable para otorgarle calma a la mente; si se ejecutan posiciones estáticas es para poder interiorizarse durante el tiempo de mantenimiento y procurar sosiego al centro mental. No hay técnica de yoga que no se proponga la quietud de la mente. De la quietud nace la claridad, y la lucidez, la sabiduría y la compasión.

Urge dominar la mente. Hay innumerables enseñanzas y métodos para ello. El método por excelencia es la meditación, pero también cooperan todas las técnicas de acción consciente psicosomática, la ética genuina, el establecimiento de la atención mental en la vida diaria y la autovigilancia.

Hay cuatro esfuerzos tradicionales, promovidos por el Buda, para dominar y cultivar lo mejor de la mente:

1) El esfuerzo por desalojar de la mente los pensamientos y estados nocivos.

2) El esfuerzo por impedir que vuelvan a entrar.

3) El esfuerzo por suscitar pensamientos y estados positivos.

4) El esfuerzo por cultivarlos y desplegarlos.

Asimismo hay cuatro estrategias para saber bregar con los pensamientos:

1) Mirar los pensamientos inafectadamente, sin que nos impliquen, nos identifiquen o arrastren.

2) Ignorar los pensamientos y seguir con la acción.

3) Cortar el pensamiento en su propia raíz.

4) Combatir los pensamientos negativos mediante el cultivo y desarrollo de sus opuestos, o sea los positivos.

El desarrollo armónico de la atención es imprescindible. Se logra mediante la meditación y la acción consciente en la vida diaria. Estando más atento, hay menos pensamientos intrusos, parásitos o automáticos. A mayor atención la acción es más diestra y uno se torna más autovigilante. Es conveniente, asimismo, examinar de vez en cuando la mente y tomar consciencia de sus estados.

Decía Buda que nada hay tan provechoso como saber gobernar la mente y nada tan perjudicial como no saber hacerlo. A cada uno le incumbe su trabajo, pues nadie puede dominar nuestra mente por nosotros, aunque los falsos gurús, los mistagogos y falsarios lo digan para que al tragarse el cebo uno se trague el anzuelo envenado.

Tienes la lámpara dentro de tí mismo y tienes que encenderla. Hay que poner los medios para que la energía de la gracia interior eclosione. Podemos convertir la mente enemiga en aliada y asi poder contar con una herramienta fiable para afrontar las vicisitudes existenciales.

Ramiro Calle

Centro de Yoga Shadak

www.ramirocalle.com