«No podemos remar en contra de nosotros mismos. Eso transforma la vida en un infierno». Walt Whitman

Muchas veces, buscamos en nuestro interior para encontrar un sentido a nuestras vidas. Y a veces creemos haberlo encontrado.

Pero luego asombrados y tristes, comprobamos como constantemente, nos asaltan dudas, y mas dudas, y ese sentido que creíamos atesorar, se nos escapa entre los dedos, como cuando llevamos agua con las manos.

Es lo normal, deberíamos acostumbrarnos a ello. Porque nuestra búsqueda es una labor eterna y constante a lo Sísifo: subir trabajosamente la piedra, para ver como ésta vuelve a caer abajo una y otra vez.

Por eso esta revista debería llevar en su inicio, las palabras que Consuelo Martín pone al frente de su libro «Sabiduría en la acción»: «Estas palabras están dirigidas a todos aquellos que mientras despiertan, dudan qué hacer».

Porque todos dudamos, una y otra y otra vez. Y quizás por ello, en esos constantes momentos de duda, deberíamos recordar tres criterios éticos generales, relacionados con las tres dimensiones de nuestra persona: la individual, la social, y la mística-espiritual.

Respecto a la dimensión individual, deberíamos estar alertas contra los procesos mentales que nos dificultan mejorar el nivel de nuestra felicidad personal bien entendida.

Aquí no hemos venido a sufrir, a la espera de una hipotética posterior vida eterna feliz. Deberíamos afrontar las desgracias y dificultades de la vida, con estoicismo, dignidad y buen humor, y sin ningún masoquismo.

Respecto a nuestra dimensión mística-espiritual, debemos tener mucho cuidado con estar alerta contra todo lo que nos distrae de la conexión espiritual que nos ilumina y nos muestra la auténtica naturaleza de la Realidad. Todas las actividades humanas son buenas, pero si nos obsesionamos con ellas y nos distraen de nuestro «teléfono» interior, entonces nos costarán demasiado caras.

Y respecto a nuestra dimensión social, recordar constantemente, que podemos tener muchas dudas en muchas cosas, pero si hay una que debe estar clara, es que al final, TODO se reducirá a una: ver si hemos dado de comer al hambriento, y mejor aún si hemos contribuido a lograr un estado de la humanidad, donde haya los menos hambrientos posibles.

Isidoro García

Director Revista Quitapesares