Tras hablar del invierno nos preparamos para la venida de la primavera. Para florecer es preciso haberse recogido, sentido, desnudado y aquietado mínimamente.

Entretejemos el escrito con el sabio poema de San Juan de la Cruz:“Entreme donde no supe”

Entreme donde no supe y quédeme no sabiendo… Toda ciencia trascendiendo
Yo no supe dónde entraba, mas cuando allí me vi,
aún sin saber dónde estaba grandes cosas entendí.
No diré lo que sentí que me quedé no sabiendo…
Toda ciencia trascendiendo.

 

Si no has tenido alguna experiencia de quietud y conexión contigo o con la naturaleza este invierno propíciala cuanto antes: regálate algún paseo solo por un parque, el bosque, cerca de un río… vuelve a ti, y al contemplar la naturaleza por un tiempo suficiente, permite que pare la mente y afloje el cuerpo. El calor primaveral hará florecer lo que hayas sembrado y el contacto íntimo con la naturaleza es la medicina más poderosa.

Somos uno

Los seres humanos están también llamados a florecer en primavera porque somos Uno con la naturaleza. Somos Uno con Todo. Este es un estado o un insight que casi todos hemos sentido alguna vez. ¿Podrías rescatar algún momento de tu vida en el que tuviste una sensación de Unidad y plenitud, de ese “saber no sabiendo”?

De paz y serenidad era una ciencia perfecta,
en profunda soledad se entendía la vía recta.
Era cosa tan secreta que me quedé balbuciendo…
Toda ciencia trascendiendo.

Tal vez fuera tocando la tierra húmeda al sembrar semillas en tu huerto, asombrada/o ante la conmovedora belleza de una flor, recogiendo uvas maduras en vendimia, al llegar triunfante a la cima de una montaña donde el silencio habla, contemplando las aguas de un río cristalino, o en algún otro paraje inefable y poderoso que todavía genera emociones dentro de ti; si te permites recrear las diferentes sensaciones corporales que afloran al recordar todos sus colores, sus sonidos, sus texturas y olores… Es cuestión de darte permiso para recordar, recrear y sentir… Tan sencillo y tan complejo como eso…

Estaba tan embebido, tan absorto y ajenado,
que se quedó mi sentido de todo sentir privado,
y el espíritu dotado de un entender no entendiendo…
Toda ciencia trascendiendo.

Aunque casi todos contamos con experiencias de UNIDAD sólo algunos las aprovecharon para propiciar un profundo cambio de conciencia. Si permitimos que este estado inunde nuestro entendimiento y restaure la luz y el orden de nuestras células, órganos y vísceras, esta certeza nos reconectará a la corriente que rige los ciclos de la naturaleza, a nuestra alma y a la VIDA con mayúsculas. Muchas tradiciones llaman a esta vivencia el camino de retorno.

Volver a sentir de forma profunda y estable que eres Uno con la naturaleza, Uno con Todo es la solución a los problemas (pues desde este estado dejan de serlo), es el consuelo a muchas heridas (que se transmutan en ideales y valores para el camino) y la respuesta a innumerables ruegos y plegarias a través de un silencio inefable. No es cuestión de saber o entender, es cuestión de sentirlo y vivenciarlo de tal manera que tu Ser, tu Alma pueda descansar profundamente en ello.

Descansar, confiar de una vez, rendirse, soltar, dejar a la vida que haga, escuchar, aceptar lo que la vida trae…

Una vez plantada la semilla y regada con agua la hierba crece sola y el fruto madura por sí mismo. Los ciclos naturales hacen mucho por sí solos. Si escuchamos, observamos y sentimos, expresan necesidades y preferencias muy claras (a veces hay que poner la tele muy alto para no escucharlas).

El reino vegetal y animal se rigen por el ciclo natural. Un oso no se plantea no hibernar, un ave migratoria no se plantea no ir hacia el sur con el cambio de estación, un árbol no se niega a dar fruto porque no le cae bien su dueño. Sólo aquellos seres humanos con una corteza prefrontal hiper desarrollada y un serio desenraizamiento de lo que está pasando fuera desatiende los ciclos naturales.

El amanecer nos brinda luz y claridad, el atardecer recogida serena y finalmente estrellas. Ningún ser humano pudo adelantar el amanecer o retrasar la noche, aunque sí se puede vivir completamente ajeno a ello y a todas las posibilidades que nos entregan si uno no las contempla. Aunque vivir así, no sé si es VIDA.

El que allí llega de vero de sí mismo desfallece;
cuanto sabía primero mucho bajo le parece,
su conciencia tanto crece, que se queda no sabiendo,
Toda ciencia trascendiendo.

Sentir la Unidad supone pasar a un estado o vibración en el que la argumentación mental, los peros y los obstáculos simplemente se difuminan en la plenitud: quedan fuera de existencia. Los taoístas cultivan dicho estado recreando las virtudes que emana cada habitante del reino natural. Contemplan y respiran la potencialidad pura del cielo, la serena calma del lago, la luminosidad del fuego, la decisión en el trueno, la flexibilidad en el viento, la quietud y congruencia de la montaña, la receptividad de la tierra… Todo esto se siente, no se comprende con la mente. En cuanto intentemos comprender qué está pasando el romance y la vibración pararán en seco. No está hecha la razón para recrear tales sensaciones y certezas…

Cuanto más alto se sube, tanto menos se entendía,
que la tenebrosa nube a la noche esclarecía:
por eso quien la sabía queda siempre no sabiendo,
Toda ciencia trascendiendo.
Este saber no sabiendo es de tan alto poder,
que los sabios arguyendo jamás lo podrán vencer;
pues no llega su saber a no entender entendiendo,
Toda ciencia trascendiendo.
Y es de tan alta excelencia aqueste sumo saber,
que no hay facultad ni ciencia que la puedan emprender;
quien se supiere vencer con un sentirse UNO no sabiendo,
irá siempre trascendiendo.

Admitamos que la anestesia de la televisión e híper estimulación general, la ansiedad consumista, el individualismo, el deseo de placer, poder económico y reconocimiento, la comparación y competitividad, la ausencia de contemplación de la naturaleza, la no escucha a nuestras necesidades internas en cada ciclo, el culto a la argumentación escéptica y negativa llena de “peros”, el denso hábito de criticar a otros en lugar del reconocer sus valores o logros, la ausencia de interacciones esenciales con otros y el no cultivar comunidades, “tribus o shangas” en las que se pueda celebrar, nos han hecho perder nuestras raíces, la sensación de unidad, la conexión con lo Sagrada que es la naturaleza y lo Sagrado que es cada momento de nuestra vida.

En estos días peregrino con mucho respeto y humildad por las montañas de los Andes y he llegado al convencimiento de que si bien dicen por ahí que tan sólo un pequeño grupo gobierna nuestra economía también estoy convencida de que otro grupo de seres humanos despiertos sostienen la PURA VIDA de este planeta azul.

Quisiera dar las Gracias a todos los practicantes, activistas, meditadores, chamanes, monjes y místicos que son Uno con la naturaleza y UNO con Todo. Gracias por mantener activa la conexión y por hacer nuestro despertar cada día más accesible. Pido perdón a la Tierra y a todas las sabias comunidades indígenas que hemos devastado en nombre de un progreso sin raíces y sin Unión con lo más sagrado.

Nunca es tarde para volver…

Techu Arranz
Socia – Directora de Instituto Potencial Humano
www.institutopotencialhumano.com