Fueron muchas noches de conversaciones e indagaciones hasta entrado el amanecer. Con Rafael (ver un Sadhu a la Occidental I) las investigaciones espirituales alcanzaban niveles muy profundos. Era un hombre sorprendente, curtido en mil batallas místicas, el “sabueso” que incansablemente persigue esa realidad suprasensible que escapa a los ojos de la mayoría de las personas. A veces hablaba fluidamente y otras se quedaba absorto en un hermético silencio que yo siempre respetaba por mucho que se prolongase.

Creo, Rafael, que en esta época tan babélica en la que vivimos, el yoga nos puede ser de gran ayuda, como un soporte al que agarrarnos, como un refugio que a la par nos ayuda a transformarnos.

Sí, está muy indicado para esta época, sobre todo el yoga de movimientos conscientes, de asanas; también el verdadero kundalini-yoga, y más para una época tan degradada como ésta, el llamado Kali-yuga, la época del desorden y la corrupción, que ya los antiguos textos de la India anticiparon.

– Como el yoga se sirve tanto del discernimiento -digo-, sobre todo el gnana-yoga, es interesante hacer la distinción, creo, entre el “discernimiento” neurótico o persona no realizada, y el discernimiento de la persona realizada o despierta, el liberado-viviente.

– Sí, se puede decir, empezando por la persona neurótica, que no carece de discernimiento, porque si careciera del mismo nunca podría recuperarlo. Algo del mismo debe quedarle. Así que sí tiene discernimiento, pero sus acciones no están organizadas de acuerdo a un discernimiento equilibrado. ¿Qué es lo que pasa en tales casos? Pues que se dan obstáculos o interferencias en ese discernimiento y su sincronización; es decir, se presentan distorsiones, lagunas de atención. Se producen reacciones mentales que no son las adecuadas; o sea, se falsea el discernimiento y no se recibe una información fiable. Ese discernimiento no refleja correctamente.

– Y todos somos un poco o bastante neuróticos.

– Desde luego –asevera-. Pues en la persona neurótica propiamente dicha se produce un perturbador y distorsionante juego de espejos. No hay que olvidar que la mente es un órgano que refleja. No tiene luz propia como tal. Vive en un juego de luces y sombras, un juego de filtros, que provocan una reflexión alterada que disturba sus medios de acción, comprensión y comunicación e impide la simultaneidad con el momento mismo o la realidad inmediata. Potencialmente al menos, la persona más armónica vive más simultaneamente el momento presente. Por lo general todos padecemos esta a-simultaneidad. Somos un reflejo, no tenemos luz propia, y tenemos que conseguirla. La ilusión del yo pequeño o ego es un puente imaginario que nos hace encadenar y prolongar un instante con otro instante. Pero el liberado-viviente es un individuo que logra la justa simultaneidad.

– ¿Viviría el liberado-viviente, el llamado jivanmukta en la India, con su atención mental siempre en el presente, sustrayéndose por completo al pasado y al futuro?.

– Ya no se puede ni hablar de presente -dice-. Hasta eso es una limitación. Una persona liberada está en un estado de simultaneidad, pero en el cual el tiempo no obedece a sistemas geométricos. Nosotros trasladamos al tiempo elementos geométricos, elementos de espacio. Pero en la simultaneidad pura, ese “tiempo” posee su propia virtud independiente de todo otro factor. El yogui realizado está en un río que ya no fluye, y forma parte además del agua. El agua ha perdido su objetividad propia; el yogui ha perdido su sentido de la forma y del ego, y todo forma un instante prolongado.

– ¿O un presente eterno?- pregunto.

– Pero si decimos “presente” es que mentalmente, podemos presuponer un pasado y hay entonces futuro. Y en ese “instante prolongado”, no. Este yogui se ha transformado literalmente en “carne de la Enseñanza”, carne de la revelación. En la persona despierta o liberada se ha experimentado una implosión. Se disipan los velos del ojo del Ser, el que puede hacer que veamos, pero no puede ser visto. Pero hay mucha senda que recorrer hasta llegar ahi. El yoga es el método por excelencia para llegar a la meta. Sin duda siempre ha sido así. Claro que muchos tienen la imagen del yoga hoy en día de que se trata de meras posturas o asanas. Las “siluetas” del hatha-yoga, si se ejecutan adecuadamente y en base a todos sus requisitos, no solo se graban en el cuerpo, sino también en la mente.

– Lo importante –intervengo– es que la experiencia yóguica pueda impregnar nuestras vidas y no quedarse solo en destellos de consciencia. Tú me contabas una vez que estando meditando en un monasterio de Nepal, estabas espiritualmente pletórico, pero que luego ese estado degrada, en el sentido de que uno se desconecta de esa lúcida plenitud o plena lucidez.

Tenemos que recordar que el yoga era una disciplina creada en un contexto sagrado. Eso implica para el discípulo un darse por completo, a lo largo de todo el dia, con plena motivación, en todos sus pensamientos y actos. Si no persiste ese estado de claridad, es que el entrenamiento es insuficiente. La transformación no viene enseguida. Claro que para muchas personas esperar diez años para recibir o ganar ciertas transformaciones es trágico, y pueden desmoralizarse o desesperarse. En una sociedad que tiende a dispersarnos constantemente, no es fácil seguir el sadhana o entrenamiento espiritual.

Y uno de esos amaneceres, saboreando una taza de té de Darjeeling, Rafael aseguró:

– Desde luego la eficacia del yoga depende de la práctica asidua. Y no se pueden obtener logros superiores si uno se deja vencer por el escepticismo. Los maestros que hay no son ni mucho menos los que había. Incluso en la India hay un escepticismo flotante, aunque no sea total. Yo creo que ahora Occidente tiene el nervio suficiente para producir o cosechar en el Dharma aquello que la India ya no genera. No será inmediatamente, pero sí con el tiempo. Y no solo porque tiene ese nervio, sino porque tenemos la necesidad de ello. En la India sin yoga sobrevivirán, pero aquí llegará el momento en que sin estas disciplinas que nos han llegado del pasado, no sobreviviremos. Por eso hay que velar por el verdadero yoga, que lo necesitamos como el pan. Que cada uno de nosotros lleve a la práctica estas técnicas liberatorias y no se queden en mera teoría. Y así podremos sacar fertilidad de lo que a veces se presenta como esteril.

Las personas interesadas en la sabiduría experiencial y no teórica de Rafael Campany, un sadhu occidental, pueden recurrir a mi obra“La Sabiduría de los Grandes Yoguis”, donde es muy largamente entrevistado.

Ramiro Calle

Centro de Yoga Shadak

www.ramirocalle.com