Todos estamos inmersos en una permanente búsqueda de un sentido de nuestra vida, de una forma consciente o inconsciente. Y para ello tenemos que elevar nuestro punto de vista, buscando desde arriba, y así para ver mas lejos es conveniente ponerse de puntillas o subirse a una escalera.

Cuentan los que narran la vida de José de Cupertino, fraile del siglo XVIII, pobre retrasado mental y gran levitador, que la primera vez que inició su extraordinaria actividad paranormal, fue cuando de resultas de una procesión con una imagen de la Virgen, todos se arremolinaron para ver su paso de cerca, y a él, pobre tonto, le dejaron al final, impidiéndole el poder verla.

Entonces José, desesperadamente, intentó ponerse de puntillas y alzarse, y ese desesperado deseo inconsciente, provocó la activación del misterioso circuito cerebral extraordinario de la levitación, dando comienzo así a su gran experiencia voladora, que a partir de ahí se hizo habitual en él.

Una de las maneras de aumentar un poco nuestra estatura, es ir bien estirado, e ir lo mas posible de puntillas. Pues lo mismo pasa con todo. Y por eso es muy cierta la frase de «Sé, aquello que quieres aparentar».

La utilidad de la actividad cultural, (una cultura que no es útil, no es verdadera cultura sino culturilla), es tirar de nosotros hacia arriba, abriéndonos un camino para sacar de nosotros lo máximo posible.

Por eso nosotros hacemos esta revista, un poco de puntillas, para parecer así mejores de lo que en verdad somos y estar a la mayor altura posible.

Desgraciadamente no es oro todo lo que reluce, y como enseña la Ley de Sturgeon «el noventa por ciento de cualquier cosa es basura».

En el lecho de muerte un moribundo les decía a sus hijos: «A ti Roberto, te dejo los 20 pisos de la Castellana. A tí Federico, te dejo los 28 de la Gran Vía. Y a tí Julián, los 15 de la Moraleja».

Y muy sorprendido les dijo el cura que presenciaba la escena: «No sabía que vuestro padre era tan rico». Y los afligidos hijos le explicaron la realidad: «¡Que va, es que es repartidor del butano!».

Decía Mevlana Rumi, que «si el oro verdadero no existiera, tampoco existiría la quincalla (que intenta imitarlo)». Pues nosotros deseamos superar esa «ley de plomo» de la mediocridad general, y mediante una mágica alquimia, pretendemos transformar la quincalla que existe en nuestra mente, en algo parecido al oro auténtico.

Y para ello no hay mejor fórmula que el rebuscar en los joyeros de tantos sabios como en el mundo son y han sido.

Y por eso esta revista tiene una vocación de excelencia, (aunque se frustre muchas veces), para estar a la altura de sus mejores lectores, y al tiempo, para que otros lectores intenten estar a la altura de la revista. Es un proceso en el que ganamos todos y nos enriquecemos todos.

Aunque también es verdad que como decía Ortega, «de querer ser, a creer que se es, va la distancia de lo trágico a lo cómico».

Isidoro García

Director Revista Quitapesares