En nuestro proceso de conocimiento de la Realidad, cuando nos encontramos con un elemento de difícil comprensión, necesitamos crear un «relato» explicativo.

Un ejemplo. Si yo le digo a alguien, que ayer estuve en la rama de un manzano, poniéndome morado de ciruelas, la cosa parece confusa. Por ello tengo que añadir el «relato» de que antes de ir al manzano, pasé por una frutería y compre tres kilos de ciruelas, que me comí subido en el manzano.

Lo que pasa es que en esta creación de relatos, como en toda creación humana, puede haber de todo. Relatos verdaderos, erróneos o hasta ridículos, para explicar realidades a su vez también verdaderas o equivocadas, en todas sus combinaciones posibles.

Por eso muchas veces se encuentran grandes relatos, compuestos de micro relatos verdaderos y de micro relatos delirantes, para explicar algo que puede ser en sí verdadero. Y eso desconcierta.

La mente humana es tal que cuando alguien siente en su interior, una hipótesis, que puede ser verdadera, pierde la mayor parte de su sentido crítico, y lo intenta justificar con toda clase de argumentos, incluso muchos de ellos ridículos.

Uno se enamora de una teoría como de una mujer, y ya se sabe que el amor es ciego, aunque desgraciadamente no es mudo, ni ágrafo. Estas reflexiones me han surgido de la contemplación del «fenómeno Emilio Carrillo».

Al final la tesis de Emilio Carrillo, es muy sencilla: que se va a producir una emisión de «energías», que cada uno las va a recibir o no, según su libre albedrío, y que el que las reciba, va a sufrir una metamorfosis interna de tal manera que verá la realidad con otros ojos y otra perspectiva, y lógicamente le va a cambiar la vida.

A mí, con todo respeto, personalmente me parece el parto de los montes, que al final parieron un ratón. Porque todo eso que expone en muchos folios y en muchas horas de conferencias, es la idea básica que existe detrás de la idea-base de toda espiritualidad auténtica, (no de la del solipsismo del yo me lo guiso y yo me lo como).

En resumen ese mensaje consiste, en que existe una Organización de «Seres», que nos transmiten unas «energías», o emisiones de influencia espiritual, a través del llamado «mundo imaginal». En que esas emisiones podemos o no recepcionarlas, (si no estamos atentos y receptivos), y que si las recepcionamos nuestra vida se transmuta contemplando la realidad de un modo distinto.

A mi me da la impresión que la «Operación Emilio Carrillo», que por supuesto reconozco como sincera, es una operación más, montada por la «Organización Superior», (del mismo modo que esta revista es otra, y como existen miles de otras «operaciones» a lo largo del pla-neta), con el objetivo de ir extendiendo la idea básica, un mensaje que conviene que se extienda, para el progreso y mejora de la humanidad.

Y es que pasa como en el famoso anuncio de la Coca Cola de hace unos años. El mensaje debe ser aceptado por los gordos, los delgados, los fantasiosos, los circunspectos, los estudiosos, los vitalistas, los rubios, los morenos y los mediopensionistas. Y a cada uno hay que enseñárselo de una forma distinta y adecuada, para que todos la comprendan y acepten.

Y por ello variará mucho, el ropaje con el que se viste el mensaje. Y ese ropaje es producto exclusivo del humano que lo transmite, y por ello, puede fallar y ser erróneo, aunque la esencia del mensaje sea plenamente certera. Exactamente lo mismo que pasa con la revista Quitapesares.

Isidoro García

Director Revista Quitapesares