El fruto del árbol del granado, la granada, con la increíble belleza, misterio y perfección que encierra, era el símbolo del amor y la fecundidad en la antigua Grecia. Su aspecto exterior y su tacto nos recuerda al cuero, pero al abrirlo observamos el milagro de su interior, con sus innumerables frutos rojos semejantes a rubís. La granada es una fruta de otoño.

Granada y Fertilidad

La piel de la granada así como sus semillas contienen principios activos (derivados del estilbeno) de actividad estrogénica, que favorecen la fertilidad. Un estudio efectuado por la Universidad Queen Margaret de Edimburgo (Escocia) revela que un vaso de zumo de granada diario favorece el deseo sexual tanto en hombres como en mujeres y aumenta los niveles de testosterona hasta un 30%. El aumento de la testosterona incide positivamente además sobre la mejora del estado de ánimo y la memoria, además de reducir los niveles de cortisol, la hormona del estrés.

Por todo ello vemos muy útil la granada como ayuda en diferentes problemas que aquejan a nuestra sociedad de hoy en día, uno de ellos es la disminución de la fertilidad. Vemos como en los últimos años han proliferado las parejas que no pueden concebir y que tienen que ir a clínicas donde para facilitar la fecundación se utilizan tratamientos hormonales a base de la sobrestimulación ovárica, no exentas de riesgos.

Sin embargo nuestra sociedad apenas se pregunta por qué está ocurriendo esto ahora, cuál es la causa de este problema. Este hecho ya lo dió a conocer Rachel Carson, la autora del libro “Primavera silenciosa”, publicado en septiembre de 1962, en el que advertía de los efectos perjudiciales de los pesticidas en el medio ambiente y como esto comprometía peligrosamente el futuro de nuestra especie y de otras muchas, debido a alteraciones en la reproducción.

Así mismo escuchamos noticias en los últimos tiempos que confirman este problema. Según revela un estudio del Institut Marquès de Barcelona, presentado en mayo de 2015 en el Congreso de la Asociación Española de Andrología, la mayor parte de los problemas de infertilidad actual se deben a la falta de calidad del semen del varón. La región de Murcia es el lugar de España donde hay menor calidad de semen y esto es debido a la presencia de restos de pesticidas en el organismo. En Murcia hay una gran extensión de terreno dedicada a la agricultura que utiliza en la actualidad un gran número de productos químicos, especialmente pesticidas. Estos están formados por pequeñas moléculas liposolubles que atraviesan la barrera protectora que existe entre la sangre y el semen, afectando a los espermatozoides, que se ven dañados reduciendo su número y movilidad.

Tratar este problema desde el origen implica, no tanto costosos y dañinos métodos para estimular la fertilidad en base a hormonas, sino alimentarse a base de alimentos ecológicos exentos de este tipo de tóxicos dañinos y fomentar la agricultura respetuosa con el medio ambiente, además de someter al organismo, antes de engendrar un hijo, a un proceso de limpieza y detoxificación.

En la forma de vida actual hay muchas sustancias que afectan negativamente a la fertilidad y a la secuencia natural de los ciclos hormonales y reproductivos como el alcohol, el café, el tabaco y sobre todo los tóxicos medioambientales presentes en la dieta de los países industrializados como metales pesados, fertilizantes e insecticidas que se utilizan en la agricultura y que afectan a la calidad de los espermatozoides. Son los conocidos como disruptores endocrinos o alteradores hormonales.

La granada nos ayuda a eliminar productos tóxicos, proceso que es realizado principalmente en el hígado y apoyado por las sustancias protectoras antioxidantes. Además la granada estimula los procesos naturales que favorecen la regulación hormonal de la fecundidad.

La Granada en la Historia

El fruto y el árbol del granado han sido muy valorados desde la más remota antigüedad. En Egipto, el granado se cultivó desde los tiempos de la XVIII dinastía, a principios del segundo milenio a.C. y se han encontrado restos de sus frutos en las tumbas faraónicas. Aparece citada esta planta por primera vez en el papiro de Ebers en el que se menciona como se empleaban allí sus frutos en la elaboración de un zumo muy apreciado. Muy estimado también por persas e israelís, sus bayas decoraban los capiteles del templo de Salomón.

El nombre botánico del granado hace referencia al lugar donde crecía silvestre, una zona de África llamada Púnica y que comprendía Cartago y Túnez, según expresa Andrés Laguna: “Nace este fructo muy perfecto y en grande abundantia”. Granado hace referencia a que contenía muchos granos, debido a la abundancia en semillas que contiene en su interior, de ahí que se le relacione con la fertilidad.

El granado estaba dedicado en la antigua Grecia a la diosa Afrodita, y era el símbolo del amor y la fecundidad, siendo además ligeramente afrodisíaca por lo que era una fruta prohibida a los iniciados en los misterios de Eleusis, aunque los sacerdotes de dichos misterios utilizasen sus hojas para coronarse. Griegos y romanos la cultivaron y la veneraron tanto por lo sabroso de sus frutos como por la belleza de sus flores.

El médico Dioscórides, en el siglo I, le atribuía la capacidad para expulsar las tenias:«Bebido el cocimiento de la raíz, mata los gusanos anchos del vientre y échalos fuera», pues debido a su contenido en alcaloides y taninos paralizan al gusano y consiguen posteriormente que este se desprenda de las paredes del intestino y así sea eliminado con la heces. Hipócrates aconsejaba el zumo de granada a personas con estómago delicado.

La granada es originaria de Persia y fueron los fenicios los que la trajeron a Europa. Los árabes introdujeron su cultivo en España e incluso dió nombre a una de sus ciudades. Los españoles la llevaron a América y de ahí se expandió por todo el continente. A principios del s. XIX los médicos ingleses pudieron comprobar en la India la eficacia tenífuga de su corteza y su uso se generalizó en Europa. Se han utilizado además de la corteza de su raíz, su tronco, frutos, piel de su fruto, hojas y flores.

Propiedades de la Granada

La corteza de la raíz del granado posee actividad antihelmíntica contra la solitaria y otros parásitos intestinales como oxiuros y áscaris debido a su contenido en taninos y alcaloides como las peletierinas.

La granada protege la salud de nuestro intestino de la presencia de parásitos y microorganismos, que pueden desarrollarse por el modo de vida actual y forma de alimentarnos. De ello nos habla el autor Nestor Palmetti en su libro “Cuerpo Saludable”, alertandonos de la frecuente presencia de parásitos y hongos intestinales, debido sobre todo al ensuciamiento de este emuntorio y la existencia de restos de alimentos ensuciantes (exceso de proteínas animales, ingesta elevada de azúcares, gluten actual, lácteos).

Los parásitos se instauran en nuestro intestino alimentándose de nutrientes esenciales. Todas las células de nuestro organismo e incluso los microorganismos intestinales colaboran por la salud y el bien común, sin embargo los parásitos utilizan nutrientes y energía en su propio beneficio debilitando al organismo al que parasitan. La causa de su presencia debemos atribuirla a un sistema inmune debilitado y al ensuciamiento del emuntorio intestinal.

La corteza de la raíz, el tronco y las ramas destacan además por su riqueza en taninos y poseen un gran poder astringente, antidiarreico y antihemorrágico. En uso externo se indican para curar heridas superficiales, heridas bucales y encías sangrantes.

Los granos que componen su interior contienen además ácidos orgánicos, especialmente el ácido málico, con efecto refrescante y diurético. Los frutos son astringentes y febrífugos, útiles en infecciones respiratorias diversas. A través de diversos estudios científicos se ha podido constatar la actividad antimicrobiana de la piel del fruto del granado frente a bacterias grampositivas, gramnegativas, hongos, contra el vibrio cólera, frente a ambas, al virus del herpes genital e incluso se han identificado la presencia de compuestos con actividad antisida entre ellos la punicalina. Por todo ello vemos que la granada no solo tiene actividad frente a parásitos o gusanos intestinales, sino frente a un gran número de diferentes microorganismos.

Con la pulpa del fruto se elabora un jarabe de granada que se emplea en afecciones de garganta. También el jarabe de granadina es utilizado para la elaboración de cocteles en bebidas y postres.

La granada es uno de los frutos más ricos en ácido elágico, potente antioxidante y antimicrobiano. El ácido elágico tiene propiedades antioxidantes y antitumorales demostradas en numerosos estudios en animales, tanto «in vitro» como «in vivo». Estudios recientes demuestran que el zumo de granada tiene efectos positivos en la prevención y tratamiento de numerosos tipos de cáncer: próstata, mama, hígado, pulmón y piel. Respecto a este último se ha demostrado la potente acción antioxidante del ácido elágico presente en la granada y como evita los procesos de fotoenvejecimiento en la piel y protege de los rayos ultravioleta.

Otro componente antioxidante de la granada, la punicalagina, es un protector de la neuroinflamación relacionada con la demencia ya que protege los tejidos nerviosos de la oxidación por lo que lentifica el avance de la demencia.

Por su riqueza en taninos, polifenoles y flavonoides de fuerte poder antioxidante, es muy recomendable su frecuente consumo en otoño. Su riqueza en vitaminas A, C y E, y los minerales Selenio y Zinc, potencian este efecto antioxidante, antienvejecimiento y antitumoral.

 

Recetas con granada

Para desmenuzar y obtener los granos de granada la partiremos por la mitad por la zona más abultada y agarrando la mitad del fruto la golpearemos con una mano de mortero y así se irán desprendiendo fácilmente las semillas

  • Decocción de corteza del fruto: una cucharada de corteza del fruto desmenuzada. Hervir durante cinco minutos en un cuarto de litro de agua
    Indicaciones: con efecto astringente para cortar diarreas, en enjuagues y colutorios para inflamaciones de boca y garganta. También con este mismo fin se puede utilizar la decocción de las flores. Tomar de dos a tres infusiones al día.
  • Licor de granada: mezclar un 10% de semillas de granada frescas con una mezcla al 50% de orujo seco y orujo anisado. Dejar macerar durante un mes y filtrar.
  • La Granada fresca: podemos incluirla en nuestra dieta de otoño e invierno en forma de zumo o directamente comiendo sus semillas y añadiéndolos en las ensaladas. Nos aportará de este modo sus cualidades nutritivas, medicinales y sobre todo su gran actividad antioxidante que estimulará nuestras defensas en invierno. Si comemos el fruto con la piel de sus tabiques internos obtendremos también un efecto antiparasitario.

Palmira Pozuelo
Farmacéutica Naturista
www.alkemila.com