Profesor, psicólogo, poeta, pintor, antropólogo e investigador. La vida de Rolando Toro Araneda, creador de Biodanza, estuvo marcada por la muerte de su padre, el afecto de su madre y el servicio militar. “Biodanza nace de la desesperación”, aseguraba este chileno que logró extender el sistema por todo el mundo, creando un nuevo concepto de enseñanza con la Educación Biocéntrica.

Poeta y pintor, Rolando Toro Araneda proviene de una familia de educadores: su abuelo fue profesor en la ciudad chilena de Cañete y su madre, Berta, siete de sus tías y dos de sus hermanos fueron también profesores. “Estimo que no puede ser maestro el que no conoce ni siente lo primitivo, lo prístino de la vida”, decía.

Frente a las críticas de una profesora descontenta con su rendimiento escolar, la valoración de su madre al asegurar que él era un niño especial fue trascendental en su vida. El asesinato de su padre, Gregorio, a manos de un psicópata es otro de los sucesos que más marcó su vida, llevándole a trabajar e investigar en salud mental. El servicio militar es el tercer hito, al descubrir horrorizado cómo en la mili se enseñaba a matar antes de aprender a amar. Biodanza nace, de este modo, de la desesperación de un hombre de profunda sensibilidad y conexión con la vida ante lo que ocurría a su alrededor.

Rolando desempeñó su docencia entre 1944 y 1957, ejerciendo en las ciudades chilenas de Talcahuano, Valparaíso, Pocuro y Santiago sucesivamente. Su trayectoria como profesor de enseñanza primaria duró alrededor de dieciséis años. En cada una de las escuelas donde trabajó fue descubriendo aspectos que estaban ausentes en la educación tradicional.

En Talcahuano se dedicó especialmente a vincular a los niños con la naturaleza, realizando con ellos frecuentes excursiones al mar y usando después los temas derivados de esas visitas en el aprendizaje. “Considero, y de ello estoy seguro, que una de las misiones fundamentales del maestro es la de desarrollar las facultades espirituales e intelectuales del niño. Incitarlas, estimularlas sin forzarlas nunca”, aseguraba en 1953. “Esto, indudablemente, habrá de producir a la larga un elemento bien dotado, sensible, rico en espíritu, para nuestra sociedad”.

En Pocuro (Los Andes), inició con los niños intensas tareas de creatividad artística, especialmente en pintura. “El dibujo espontaneo de un niño tiene el valor de un documento psicológico inapreciable. La obra infantil como exteriorización de contenidos psíquicos, emociones, experiencias, ideas, etc., es un magnifico testimonio del funcionalismo mental”, aseguraba entonces. “Cada dibujo revela siempre un temperamento, un ambiente y una personalidad. Algunos niños reflejan una visión realista del mundo, inspirándose en el paisaje y en el tiempo de actividad que les rodea. Otros sienten mayor interés por la temática humana y por las relaciones afectivas”.

En 1954 realizó en Santiago dos “Festivales del Niño”, donde se examinaron las condiciones socioeconómicas y de salud en la infancia chilena. Rolando fue capaz de convocar a diversas organizaciones sociales, políticas y culturales en búsqueda de mejorar las condiciones de los niños. “La vida de cada persona es en cualquier instante un acto de creación y de esta manera se está al borde de lo extraordinario. El amor mismo es una manifestación creadora de la personalidad”, aseguraba. “De manera que en la psicología actual no se puede hablar de la mente como algo separado del organismo, la personalidad humana es algo integral, mente y cuerpo son dos nombres de una misma realidad”.

Durante diez años Rolando Toro coleccionó dibujos de personas con enfermedad mental, hasta completar una muestra única en Chile que fue expuesta en diversas salas junto a trabajos realizados por artistas. Rolando buscaba entender, al igual que con niños, cómo el dibujo es capaz de mostrar el estado psicológico de la persona. La concepción pedagógica de Rolando Toro estaba centrada en nuevas formas de aprendizaje vivencial, a partir de la afectividad y del goce de vivir. En esta propuesta no se excluían materias de carácter intelectual; se trataba de integrar la inteligencia con la afectividad y el respeto recíproco. Además se proponía la incorporación de una enseñanza experimental de ciencias y tecnología.

Profesor de Psicología de la Educación en la Escuela de Educación de la Universidad de Concepción – Chile, formalizó sus estudios en la Escuela de Psicología del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, titulándose en 1964. En ese período conoció al doctor Claudio Naranjo, con quien estableció una profunda amistad; gracias a su intervención ingresó en el Centro de Estudios de Antropología Médica de la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, que bajo la dirección del doctor Francisco Hoffman tenía por objeto humanizar la medicina. A partir de ahí, su dedicación a la educación se extendió a la enseñanza superior y a las psicoterapias. En 1965 fue nombrado docente, dirigiendo seminarios de antropología médica, filosofía y psicología hasta 1973. Paralelamente realizó investigaciones sobre la violencia en la Penitenciería de Santiago y perteneció al Instituto de Investigación del Hospital Psiquiátrico de Santiago.

Entre las múltiples actividades relacionadas con la investigación, tuvo el privilegio de ensayar diferentes sistemas terapéuticos con personas con enfermedad mental. En ese camino realizó sus primeros ensayos de danza terapéutica con enfermos del Hospital Psiquiátrico. A partir del éxito que obtuvo en esas experiencias, extendió el sistema para ser aplicado en otros cuadros clínicos y en personas normales. El sistema de ejercicios y músicas empleado fue denominado “Psicodanza”.

Entre los años 1968 y 1973 inició sus experiencias con Psicodanza en el Hospital Psiquiátrico de Santiago y en el Instituto de Estética de la Universidad Católica de Chile. En 1971 se presenta la Psicodanza en el 1º Congreso de Musicoterapia en Buenos Aires, Argentina. “Entiendo de seres humanos, de árboles, de animales, de todo. Yo no comprendo las actitudes pasivas, pienso que hay que luchar por un mundo mejor con las personas que uno tiene cerca”, expresaba en 1972. “Es extraordinario ver que cuando bailan, aunque se desplacen y se muevan mucho, y a pesar de que el espacio es reducido (el salón de la casa de Toro), nunca chocan entre ellos”.

Posteriormente cambió el nombre de Psicodanza por Biodanza o “danza de la vida”. Por lo tanto, podemos decir que Biodanza tuvo como antecedente directo las experiencias de Rolando Toro en educación: su énfasis está en la reestructuración afectiva de las personas y en el Principio Biocéntrico.

Juegos de Psicodanza” fue el espectáculo experimental realizado en 1973 con gran impacto en la sociedad chilena. En el año 1974 se trasladó a Buenos Aires – Argentina, donde aplicó el Sistema Biodanza a pacientes mastectomizadas de la Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer. Como consecuencia del golpe militar en Chile, Rolando Toro se auto-exilió en Argentina, Brasil e Italia, respectivamente, por un período de veinticuatro años. En 1979 se trasladó a Brasil, donde estableció un Instituto Privado de Biodanza, logrando la expansión de este sistema en toda América Latina. Además trabajó con enfermos mentales en el Hospital Juqueri de Sao Paulo y con mujeres mastectomizadas en el Instituto del Radio.

En 1989 emigró por ocho años a Milán (Italia), donde trabajó con enfermos de Parkinson y Alzheimer en las ciudades de Como y Varese creando, además, Escuelas de Biodanza en toda Italia. En 1998 regresó a Santiago de Chile, desde donde dirigió el movimiento de Biodanza constituido por Centros y Escuelas de Formación de este Sistema distribuidas en Europa, América Latina, Estados Unidos, Canadá, África del Sur, Japón y Nueva Zelanda.

En estos países Biodanza se expandió, aplicándose también en educación. Con Biodanza, Rolando Toro diseñó una formación de alto nivel como una herramienta de transformación que permite el desarrollo del aprendizaje, la conciencia y la maestría necesarias para facilitar vivencias plenas e integradoras. Al ser un método vivencial no es posible aprender el sistema de Biodanza sólo de forma cognitiva ni hacerlo en menos de tres años. La formación se realiza durante este tiempo, en módulos mensuales durante los fines de semanas. Es la manera de integrar orgánicamente el sistema con inteligencia en el corazón, las emociones y el cuerpo y crear la posibilidad de facilitar el proceso de transformación a otras personas a través del sistema. En Biodanza SRT no es posible transmitir lo que no se ha experimentado antes.

Escuela Hispánica de Biodanza, sistema Rolando Toro (Madrid)
Directora Maite Bernardelle
Extraído de la conferencia impartida en Madrid por Verónica Toro
www.escuelahispanicabiodanza.org