Mi amigo Daniel Taroppio es Director de la Escuela de Psicología Transpersonal Integral, escuela que cuenta con una elevada reputación en Sudamérica y está en este momento en España impartiendo un curso. Él ha creado el interesante modelo de Interacciones Primordiales, una profunda vía de comprensión del ser humano, sus vínculos y potencialidades evolutivas en el que desde una visión integral de la vida se trabaja lo corporal a través de la danza primal, lo lingüístico-cognitivo a través del coaching primordial y lo vibracional a través de la meditación orgánica.

Daniel es un fiel practicante del Tai Chi Chuan y un gran conocedor del Taoísmo. A los dos nos fascina el concepto Taoísta del Wu Wei, que en chino significa “no hacer, o hacer sin hacer”. Esta noción es tan sutil y tan importante para aquellos que hemos tenido el honor de acariciar su esencia que me gustaría compartir con Vds. sus reflexiones. Wu Wei es una referencia imprescindible a recordar cada vez que quiero volver a lo esencial y soltar ese cansancio de los que nos esforzamos mucho por algo y terminamos perdiendo el centro por ello. Este principio también adquiere una enorme relevancia en la práctica de la Psicoterapia y el Coaching en nuestros días. Pronto verán porqué. Les dejo con las palabra de Daniel Taroppio.
Techu Arranz.

Wu Wei, “no acción”, describe un aspecto esencial de la filosofía taoísta en la cual la forma más adecuada de actuar, de gobernarse a sí mismo o de gobernar cualquier tema, es no actuar. No actuar no significa no hacer nada, significa que las cosa se hagan de la misma forma en la que crecen las plantas, en la que el atardecer sucede al amanecer, en la que el verano sucede a la primavera: sin esfuerzo. La acción “sin acción” te permite dejar que aquello más esencial de nosotros haga lo que ha de hacerse, lo que Es y no puede ser de otra forma. En Wu Wei las cosas no las hacemos tanto “nosotros”, dejamos que se hagan, … sin tanto desgaste personal.

Wu Wei es una profunda actitud existencial despierta en aquellas personas que toman contacto con la sabiduría y energía universal fluyendo dentro de ellas, y a partir de allí relajan la crónica contracción del ego, identificado exclusivamente con sus esfuerzos y con la ingenua creencia en que todo en la vida depende de él.

En los textos taoístas originales, Wu Wei se asocia a menudo con el agua y su naturaleza. Wu Wei implica aprender del agua, que fluye siempre hacia su Fuente de Origen sin esfuerzo ni tensión. Aunque el agua es blanda y aparentemente débil, tiene la capacidad de erosionar lentamente la roca sólida. El agua puede llenar cualquier contenedor, tomar cualquier forma, fluir hasta cualquier sitio e incluso escurrirse por los agujeros más pequeños. Cuando se divide en miles de pequeñas gotas, el agua aún tiene la capacidad de unirse de nuevo y, en ocasiones y formar parte del inmenso océano.

Nadie sabe qué hace para estar vivo. Yo no le digo a mi corazón: late durante todo el día, o a mi estómago: digiere el desayuno. Todo está funcionando de forma autónoma, sea yo consciente o no, con una sabiduría impresionante. Mi cuerpo se organiza sólo como un fenómeno vivo y coherente. La gestación de un niño en el vientre de su madre es una compleja proeza en la que interactúan infinidad de factores y sucede mes a mes sin que nosotros decidamos los tiempos y los sucesos. Es otra conciencia la que maneja este proceso. El ego no puede entrar en ello.

Y es que en realidad todo lo verdaderamente esencial e indispensable para nuestra vida ocurre mas allá de nuestro control y voluntad. Desde todas las funciones vitales básicas que operan segundo a segundo en nuestro organismo, y sin las cuales no podríamos sobrevivir un solo instante, hasta los fenómenos naturales que sostienen nuestra existencia, como la provisión de oxígeno a través de la respiración, el latido constante del corazón, la salida del sol, el cambio de estaciones, la rotación planetaria o la lluvia… todas ocurren mas allá de nuestro control. Nuestras intervenciones ignorantes en el ecosistema pueden perturbar estos fenómenos, nuestras intervenciones sabias pueden a veces colaborar con ellos, pero en ningún caso pueden crearlos. Su origen trasciende por completo nuestra capacidad de comprensión e intervención.

Tomar contacto consciente y agradecido con todos estos procesos naturales, reconocer que estamos vivos por acción de fuerzas que no manejamos, puede en consecuencia, relajarnos y permitirnos descansar en ellos, en esto consiste gran parte de la filosofía del Wu Wei. Estamos en buenas manos, estamos en manos de la vida que sabe lo que hace.

Esta sabiduría inconmensurable que es tan fácil de apreciar a nivel fisiológico con los fenómenos del latido o la respiración es lo que a nivel psicosocial y espiritual se denominó el Núcleo Primordial o la Perfección Original del Ser: una fuente de energía vital, información y conciencia que se despliega en cada ser humano y en la interacción de los individuos entre sí.

El acompañar a las personas en su camino de reconocimiento y regreso a esta Fuente original de sabiduría interior es la tarea más importante que podemos desarrollar en todo proceso de Coaching o Psicoterapia Transpersonal. El principio básico que sustenta este proceso es que los seres humanos somos creadores de nuestro propio mundo personal y relacional, pudiendo hacer de él lo que elijamos, siempre que contemos con las capacidades necesarias. Durante este viaje hemos de incorporar y aprender a instrumentalizar estas capacidades y, en la mayoría de los casos, descubrir en nosotros mismos que ya las poseíamos y no lo sabíamos o no lo recordábamos. Toda persona es poseedora de un plan psico-genético que contiene un asombroso bagaje de potencialidades. Cuando podemos acceder a esta profunda dimensión de nosotros mismos, descubrimos que estamos dotados de capacidades que nunca antes habíamos imaginado, y contando con ellas nuestro mundo de probabilidades y oportunidades se expande de una manera exponencial.

En un mundo agobiado por la mentalidad patriarcal compulsiva, que apunta casi exclusivamente hacia el control racional de todo lo vivo, incluyendo no sólo a la naturaleza sino fundamentalmente a nuestro mundo interno, desarrollar los aspectos receptivos de la mente, contactar con nuestro hemisferio derecho, con la mirada femenina de la realidad, constituye una tarea urgente e insoslayable.

El avance abrumador de las cardiopatías en mujeres y hombres cada vez más jóvenes, el estrés disfuncional crónico, el síndrome del burn-out, y tantos otros fenómenos cada vez más frecuentes en nuestra época, nos imponen la necesidad de revisar nuestros modelos terapéuticos y de acompañamiento de personas. No estamos enfrentados a males exclusivamente individuales, familiares u organizacionales, sino a un desequilibrio cultural que ya está trayendo aparejadas consecuencias muy graves. Nos ha tocado vivir en una cultura obsesionada por el progreso, el crecimiento, el control, el éxito, la tecnología omnipresente y la manipulación de la naturaleza (incluyendo a los seres humanos que somos parte de ella) carente de toda ética. Y en esta carrera desenfrenada estamos cada vez más lejos de nosotros mismos, de nuestra propia naturaleza interior.

El hombre y la mujer contemporáneos sufren de una grave sensación de alienación, de falta de pertenencia, de soledad existencial y, muchas veces, de una falta de sentido abrumadora. Llamamos a esta sensación de alienación generalizada la herida básica del ser humano contemporáneo, relacionada con la pérdida de contacto con nuestras raíces universales, con ese profundo sentido de pertenencia a un proyecto que trasciende al individuo y que constituyó el eje sobre el que giró la absoluta mayoría de las culturas a lo largo de toda la historia.

Por más grande que sea el desafío, es preciso asumir que todo modelo terapéutico o de coaching centrado exclusivamente en el lenguaje, en los procesos cognitivos y en la racionalidad, lejos de brindar soluciones termina formando parte del problema, pues tarde o temprano se convierte en una herramienta más de control intelectual sobre el despliegue de la vida. Es fundamental que asumamos este desafío con seriedad. La investigación y desarrollo de modelos de Psicoterapia y Coaching que propicien el despliegue de la capacidad contemplativa, de la búsqueda del centro y el equilibrio interior, del descanso, el cuidado de la salud, el contacto con el cuerpo, las emociones, el silencio y la quietud mentales, se ha convertido en una prioridad. Ya no se trata únicamente de nuestra responsabilidad como terapeutas o Coaches frente a nuestros consultantes, sino de una responsabilidad social de mucha mayor trascendencia.

El ser humano está orientado a la trascendencia, no sólo a la mera supervivencia. Me refiero a la trascendencia no en todos los casos en términos necesariamente religiosos, pero sí humanistas o espirituales, entendiendo por espiritualidad la necesidad de realización, de ir más allá de sí, de la pequeñez del ego, y consumar su existencia en la entrega, el servicio, la búsqueda de sentido y los valores superiores. Cuando esta profunda orientación de la existencia se frustra, más allá del éxito pasajero, la vida comienza a perder su sentido intrínseco.

Es imperioso que los coaches y psicoterapeutas trabajemos desde y hacia el silencio si elegimos aportar algo distinto a nuestro atribulado mundo. Esta actitud marcará la diferencia.

Todo lo esencial para que estemos vivos ya está pasando sin que nosotros lo controlemos, está más allá de los temas en los que a veces perdemos la armonía y nos enganchamos. Estamos sostenidos en un océano de orden, coherencia y sabiduría. Descansemos en Wu Wei para volver a estar en paz.

Daniel Taroppio
Director de la Escuela de Psicologia Transpersonal Integral
www.institutopotencialhumano.com