Por Feliciana García

Conocí a Chadia Chaouch, hace cinco años en una actividad lúdica de vacaciones.

A pesar de que nuestra diferencia de edad era grande, por algun motivo que ignoro, se despertó entre nosotras una memoria que venia envuelta de gran cariño y entendimiento.

La vida le trajo sorpresas: dos cánceres de mama, largas sesiones de quimio, dos operaciones… y seguir, siempre seguir con una gran sonrisa. Y Chadia descubrió tras su enfermedad que es una gran corredora, una corredora de la Vida.

Hace poco me hizo llegar una parte de su últimas experiencias en la Ultra-marathon de Kenia de 76 kms que quiero compartir y dedicar a todas las personas que no se rinden en la carrera de conseguir sus sueños, porque Chadia es cada uno de nosotros, en nuestra mejor versión.

«Hoy corrí mis primeros 19 kms a 2000 metros de altura. Lo que me hacía respirar y dar una zancada más eran las risas y sonrisas de los niños, de la gente. Ellos corrían conmigo. Ha sido maravilloso para mi tocar las manos de los muy pequeños, de jóvenes, de mujeres embarazadas, de ancianas y ancianos. Ellos no chocan la mano, sino que te la dan y eso mientras corres, te da más energía. Hacen igual que un médico muy querido hacía con sus pacientes y eso te daba la vida…

6 - Corredora de la Vida

Ya corrí mis 76 kms. Terminé la carrera con alegría, buscando todo el tiempo estar en el Ahora. Me centraba en disfrutar la carrera, el camino. Eso me enseña, que no por correr más rápido, se consigue todo; es una carrera de resistencia, como la vida; se trata de ir poco a poco («pole pole» como se dice aquí en el dialecto swahili) y eso es equilibrio, armonía y me gusta más y lo disfruto más.

Termino la carrera con la satisfacción de saber que estoy corriendo con gente que lleva 10/15 años entrenando y yo tan solo 1 año (sin contar las paradas por las 2 operaciones que tuve).

Todo se puede, con la ayuda de Dios y si es Su voluntad. Me encomiendo a Dios antes de la carrera y pido que se haga su voluntad y no la mía. Y a veces su Voluntad es que me encuentre con grandes cuestas y bajadas enormes, carreras de 5 kms en el barro (no estoy acostumbrada a correr en el barro pero como en la vida misma ¡¡consigo apañarme!!)

La carrera es como la vida, no sabes con que te vas a encontrar: te entra un bicho en el ojo en el momento menos esperado, notas que te empieza a salir una buena ampolla en el pie; te chequeas constantemente el cuerpo y la mente, a ver como estás y te escuchas. Si te notas tensa, te destensas estirando, si empiezas a tener pensamientos de cansancio o del «famoso muro» empiezas a pensar de otra forma y pensar «de colores»: «yo si puedo, el dolor no existe; he podido con el cancer y la quimio, como no voy a poder con eso; no corro sola, corro con mi mejor amigo que es Dios y mis seres queridos… Imagínate cuando llegues, lo contenta que vas a estar, lo felizzz…»

Y llego por fin a la meta y estoy feliz, encantada, no me duele nada, no puedo con la alegría que tengo dentro de mi corazón, no me cabe nada mas.

Sí, creo que sí, soy una verdadera Corredora de la Vida.»

CertificadoKeniaHighland - Corredora de la Vida