Basada en la interrelación con los animales.

Este artículo es el resultado de muchas reflexiones que he llevado a cabo durante mis largos paseos por el monte en compañía de mis dos perros; Nerón (Staffordshire Bullterrier) y Pirata (Bodeguero andaluz).

Siempre hemos comentado en casa que nuestra relación con nuestros “memés” (que es como familiarmente identificamos a Nerón y a Pirata) es extraordinariamente terapéutica y basamos este juicio en la experimentación diaria; nunca te olvides de experimentar porque creer en las cosas que ves, escuchas o lees no es suficiente. Llevamos muchos años compartiendo nuestras vidas con ellos y ellos con nosotros y hemos llegado a un grado de interrelación que genera un ambiente fantástico libre de tensiones y agobios. Incluso cuando tenemos (creemos tener) motivos para el enfado o el malestar, éstos desaparecen como por arte de magia cuando nuestras miradas se cruzan con las de ellos; cuando hacen acto de presencia, se suben en el sofá, colocan su cabeza sobre nuestros muslos y lanzan un sonoro e intenso suspiro que nos llega al alma.

Y así transcurre parte de nuestra vida, con ellos.

En los últimos tiempos he llevado una atención plena a qué es lo que sucedía entre ellos y yo durante nuestros largos paseos por el monte. Al principio la comunicación oral unidireccional (yo les daba instrucciones y ellos las atendían -cuando quieren, claro-) no me permitía darme cuenta de la sutil pero poderosa biocomunicación en nuestra interrelación.

Poco a poco empecé, y así lo sigo haciendo, a establecer una comunicación con ellos no basada en la voz sino en los gestos y en las miradas. Y noté que aquello funcionaba. Cada vez que dirigía mi intención ellos se volvían para atender algo que habían percibido. Me llamó la atención y reflexioné sobre este asunto.

Entonces me propuse interactuar con ellos utilizando la energía basada en la Intención entrando de lleno en el campo cuántico y debo decir que me está impresionando los resultados que produce esta biocomunicación.

Establecer una biocomunicación consiste en la utilización plena de la mente, libre de pensamientos de todo tipo. Hay que empezar con un proceso meditativo que sosiegue la tensión física, permita fluir la respiración y separar cualquier pensamiento. Esto lo hago caminando. Entonces dirijo la Energía al campo de la Intención; mentalmente intento conectarme con mis “memés”. No hay instrucciones, ven aquí, para, sienta, etc… Es simplemente conectar con ellos en ausencia de la percepción sensorial basada en nuestros cinco sentidos (los de los humanos, quiero decir)

En este momento, no siempre, se produce en mí un estado alterado de consciencia en el cual puedo distinguir dos planos totalmente diferentes; uno, el físico, basado en el cuerpo y la percepción sensorial. Y otro, no sé cómo decirlo, un campo astral en el que siento la integración de la comunicación entre ellos y yo; entre yo y ellos. Reconozco que este plano dura poco tiempo debido a las interferencias de los elementos físicos, el cuerpo y los sentidos. Es difícil, por no decir imposible, mantener un estado astral mientras los sonidos, los aromas, la luz, las sensaciones físicas (manos, pies, espalda…) están informando a nuestro cerebro.

Pero aquí no acaba todo. A partir de esa experimentación, se produce un cambio (así lo noto) en cada célula de mi cuerpo que trasciende lo físico para invadir lo emocional y lo espiritual que conlleva un profundo estado de ánimo basado en el amor incondicional; observo una expansión de la afectividad, de la compasión. Siento como, inconscientemente, la negatividad no entra en mi ser.

¿Qué efectos prácticos tiene todo esto? Como todos sabemos a través de los medios de comunicación la sociedad en la que vivimos es extraordinariamente hostil hacia los seres sensibles (no sólo las personas) Violencia, corrupción, insatisfacción, codicia, avaricia, engaño, manipulación institucional, sistema de creencias… Todo esto conduce a un estado de ánimo negativo que nos perjudica seriamente. El filósofo y escritor Jiddu Krishnamurti nos enseñaba que “no es saludable estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma“.

Así, cuando veo la televisión, escucho la radio o leo la prensa, las noticias no me afectan en absoluto en el sentido negativo. Capto la información y la proceso sin implicarme emocionalmente. Cuando tengo una conversación (de las escasísimas que tengo) con gente que no pertenece a mi círculo íntimo de relaciones, sus airados comentarios, su trágica percepción de la “realidad” no me afectan emocionalmente; para nada. Y así hasta el infinito. Únicamente me importa desarrollar la compasión y la afectividad porque me transportan a un estado de bienestar casi permanente.

Todo esto no significa vivir “colgado del buen rollito” ni tiene nada que ver con “pasar de todo” o cosas por el estilo sino en una transformación auténtica de la percepción física y cuántica de lo que denominamos realidad. La mente se vuelve más clara y la percepción más nítida; la conciencia, ecuánime.

Aconsejo aprovechar al máximo la oportunidad que nos ofrece el mundo animal para establecer una interrelación con esos seres que produzca una biocomunicación que afecte a nuestro Ser desde el terreno cuántico.

Hay experiencias muy positivas al respecto; basta recordar la importancia que está adquiriendo el tratamiento de muchos desórdenes a través de la hipoterapia, con caballos o de la delfinoterapia, con delfines. En este último caso debo añadir que no soy partidario en absoluto de mantener en cautiverio los delfines por ser seres extraordinariamente inteligentes; que poseen conciencia y percepción de sí mismos, individualidad, y muy sensibles al sufrimiento, fundamentalmente al creado por el estrés. En estos casos es frecuente que el delfín muera.

Pero el fondo de la cuestión permanece. Si desarrollamos nuestra afectividad estableciendo una biocomunicación basada en la interrelación con los animales nuestra vida mejora y nuestro entorno afectivo también. Mi sugerencia: ¡empieza ya!

Miguel Alameda
Director del Centro de Masaje Manual (Madrid)
Maestro de Reiki.
www.cmasaje.com