«Si la mayoría de nosotros nos ignoramos, es porque el conocimiento de uno mismo es doloroso, y preferimos los placeres de la ilusión.

Y las consecuencias de esa ignorancia son malas, tanto en el orden utili-tario como en el trascendental. Pues nos lleva a una conducta irrealista que ocasiona toda clase de trastornos para todos los interesados».

Nació el 27-julio-1894. Era nieto de Thomas H. Houxley, famoso científico defensor del evolucionismo, llamado por ello, el «bulldog» de Darwin, e inventor de la palabra «agnosticismo».

Recorrió el mundo llevando como lectura de viaje, cada vez un tomo distinto de la Enciclopedia Británica. El lema de su vida era «Aún aprendo». Decía a veces que «hay que cuestionarlo todo, por lo menos una vez».

Decía que su propósito como novelista era alcanzar técnicamente la fusión perfecta entre la novela y el ensayo, convirtiéndola en un gran contenedor preñado de opiniones e ideas atractivas.

Publicó su primera novela a los 27 años, y su novela mas famosa «Un mundo feliz», en 1932, a los 38 años. En ella dibuja un mundo futuro diseñado científicamente.

Consideraba que el hombre es mas sensible a la persuasión oculta, con cortesía, que a la impuesta por el miedo o la coacción.

Toda su vida se sintió empujado por la necesidad de entender el misterio de la consciencia humana, una investigación que le condujo desde el misticismo cristiano, a las religiones del lejano oriente, y a las religiones alternativas de California.

Viviendo en California, tuvo relaciones con el mundo del cine. Así la película «Ciudadano Kane», de Orson Wells, fue inspirada en una de sus novelas, en la que satirizaba al magnate de la prensa Randolph Hearst. Sin embargo, un guión suyo de «Alicia en el país de las maravillas», fue rechazado por Walt Disney, arguyendo, que «solo podía entender una de cada tres palabras del mismo».

Estaba fascinado por el papel de los neurotransmisores en nuestro cerebro, y la manera en que estos mensajeros químicos controlan la visión que tenemos de nosotros mismos y del mundo que nos rodea.

En su libro «Las puertas de la percepción», explicaba sus experiencias perceptivas con el LSD, la mescalina, y otros alucinógenos, que inició a la ya madura edad de 59 años, a pesar de que su esposa asegura que no tuvo en su vida mas de 10 ó 12 experiencias psicodélicas, (palabra que él inventó).

Huxley, intentó convencer a Timothy Leary, el psicólogo de Harvard, para que no elevara las drogas psicoactivas a la categoría de fenómeno de masas, pues consideraba que no debía entrarse en ese mundo de manera frívola. Cuando Leary, abogó por los alucinógenos como estimulantes sexuales, rompió su relación con él: «Demasiados barros hemos removido ya, al sugerir que las drogas pueden estimular experiencias estéticas y religiosas».

El conjunto de rock «The Doors», se puso ese nombre, en honor a ese libro que a su vez es deudor del poeta visionario Blake: «Si las puertas de la percepción se abrieran, cada cosa aparecería al hombre, en su realidad absoluta, es decir, infinita».

En «Las puertas de la percepción», y en su corolario «Cielo e infierno», Huxley especula con la posibilidad de que los seres humanos, siempre necesitarán algún tipo de ayuda química para liberarse de las limitaciones heredadas de su propio sistema nervioso.

Huxley creía que nuestro cerebro ha sido entrenado a lo largo de milenios de evolución, para borrar todas aquellas percepciones que no ayudan directamente en nuestra lucha diaria por la existencia. «Hemos conseguido seguridad y supervivencia, pero durante el proceso hemos sacrificado nuestra capacidad de asombro. El desmantelamiento de estas anteojeras, y la revelación de un mundo mucho mas rico mas allá de ellas, ha sido desde siempre la tarea del arte y del misticismo religioso, pero la farmacología moderna dispone de armas mucho mas poderosas en esa tarea«.

Huxley en los años cincuenta fue uno de los que animaron a Michael Murphy y a Richard Price a tomar la decisión de abrir Esalen en 1961, un centro de estudios que alumbró el movimiento del potencial humano. En sus tres primeros años dirigieron allí seminarios Alan Watts, Arnold Toynbee, Linus Pauling, Carl Rogers, Paul Tillich, Rollo May, Gerald Heard, y Abraham Maslow.

Huxley murió el mismo día que asesinaron a Kennedy, el 22 de noviembre de 1963, de un cáncer de garganta. Su final fue dulcemente precipitado con una inyección de 100 miligramos de LSD, que solicitó personalmente.

Isidoro García

Director Revista Quitapesares