Nunca hay que levantar expectativas inciertas en los aspirantes de yoga. Hay que ser muy prudente en este sentido, cualesquiera sea su dolencia, si la hubiere. Como últimamente se ha acentuado la vertiente del yoga como terapéutico, las medidas de precaución deben extremarse sobretodo en casos de enfermos de cáncer.

El yoga no es ni mucho menos una panacea ni una solución a muchas enfermedades, sobre todo si no son psicosomáticas. Basicamente el yoga es una técnica espiritual y un método de desarrollo mental, donde hay procedimientos de gran valor psicosomático, pero que nunca deben suplir a las técnicas médicas, sino ser complementarias para propiciar una forma de vida más sana y actitudes mentales positivas.

A lo largo de muchos años han venido a mis clases gran cantidad de enfermos padeciendo cáncer. Unos los he atendido en las clases colectivas y algunos en privado. Durante años la magnífica psico-oncóloga María José Delclaux me estuvo enviando pacientes de cáncer de la clínica Anderson a mis clases, para beneficiarse tanto del hatha-yoga como de la meditacion, pero, siempre por supuesto, siguiendo estrictamente con su tratamiendo médico. Así he llegado a tener en el aula de meditación, por ejemplo, incluso cinco alumnos con cáncer en una sola clase. Durante muchos años asistió a mis clases el formidable oncólogo infantil el doctor Jesús López, del Doce de Octubre.

Todas las técnicas del yoga pueden ser un valioso complemento para la persona que padece o ha padecdo cáncer, para mejorar su calidad de vida psicosomática, pero siempre absolutamente bajo la prescripción y vigilancia de sus especialistas.

Reseño parte de un testimonio de uno de los alumnos que con entusiasmo siguió años las clases de hatha-yoga y radja-yoga y que envió a Shadak María José Delclaux. Se trata de mi admirado y querido amigo (no nos conocíamos antes de su asistencia a Shadak) Ignacio González:

“Me llamo Ignacio y con cuarenta años de edad me diagnosticaron un cáncer, linfoma Hodkings, en un grado bastante avanzado.

Enfermo y aconsejado por la excelente psicóloga María José Delclaux, me inicié en la práctica de la relajación, la meditación y más tarde el hatha-yoga, y experimenté cómo estas disciplinas te ayudan a recentrarte en ti mismo, a recuperar el norte, a volver a captar esa serenidad que el día a día de esta sociedad en la que vivimos se encarga de robarte, con tanta competencia, exigencias de todo tipo, crisis, malas noticias y contratiempos.

El principal cambio tras mi enfermedad es un drástico cambio de actitud en la forma de tomarme las cosas de cada día. Digamos que he conseguido relativizar más las cosas y darle importancia a aquellas que realmente la tienen, y me he embarcado en la tarea de buscar y trabajar mi crecimiento interior. No obstante los seres humanos somos como somos y rápidamente vuelves a caer en los mismos errores, tensiones, ansiedades, estrés… y ahí es donde necesitas alguna ayuda, que en mi caso es la meditación, la relajación y el yoga, para volver a parar, a detenerme, a encontrar otra vez mi centro; para acercarme a ese sosiego que es el que nos va a permitir disfrutar de nuevo de la vida”.

Es aconsejable que todo enfermo de cáncer mejore al máximo su calidad de vida, con ejercicio no estresante e inteligente (proponemos como el más idóneo el hatha-yoga auténtico), relajación y meditación, actitudes mentales positivas y el apoyo psicológico necesario, pero siempre sin dejar de observar con máximo rigor las indicaciones de su especialista.

Toda persona con enfermedades relevantes debe consultar sin falta con su especialista antes de la práctica del yoga. Por fortuna, además, cada día hay mayor número de médicos que están enterados de las posibilidades del yoga e incluso son muchos de ellos los que lo practican. Sí, la prudencia debe imponerse.

Ramiro Calle
Centro Shadak

www.ramirocalle.com