Mi relato espiritual e iniciático «El Faquir» ha conseguido ya diez ediciones y tan buena acogida tuvo el primer volumen que al final se convirtió en una trilogía. Ha conectado con el gran público porque de alguna forma todos nos identificamos con el protagonista occidental, Hernán, que busca enseñanzas, métodos y claves para superar la insatisfacción existencial y desarrollar una consciencia más clara, hallándole un sentido a la vida.

Hernán viaja a la India y recibe las enseñanzas de un insólito personaje, Suresh, que es alambrista y que pertenece al linaje milenario de los faquires Rasayani, aquellos que saben desprenderse de las envolturas física, mental y emocional y establecerse en lo más profundo de su ser; aquellos que han llegado a un dominio exhaustivo y sorprendente del cuerpo, siendo capaces de acometer proezas psicomáticas sin igual, que siguen un entrenamiento corporal y mental extraordinario y logran desatar la intuición mística. En lo aparente, Suresh no es más que un funámbulo de feria que camina como nadie sobre el alambre y la cuerda floja, pero más allá de esa apariencia se esconde un gran yogui conocedor de las más elevadas técnicas milenarias para inducir la mente al éxtasis, siendo capaz de abandonar el cuerpo y la mente para establecerse en lo Absoluto.

Recojo algunas de las claves mostradas en mi obra para estimular un conocimiento de orden superior y la transformación interna.

  • La realización es aquí o nunca; la libertad interior se va consiguiendo a cada segundo. Si lo dejas para mañana, nunca llegará el mañana. Lo que crees que eres, no eres. Descubre lo que realmente eres. No hay lugar para la holgazanería ni la indecisión. Ni siquiera tienes garantizada una respiración más. ¿A qué esperas?
  • Aprovecha el impulso de la vida para reorientarte y tomar la dirección correcta. Da la bienvenida a todo lo que ayude a ser más consciente y compasivo. Descarta todo lo que aturda tu entendimiento o atolondre tu consciencia. Cultiva las semillas positivas interiores que te ayuden a caminar aguerridamente por «el alambre de la vida». El paso firme y la mente disciplinada. Estás yendo allí de donde nunca has partido, pero hay que ir.
  • Te haces muchas preguntas por eso buscas, pero pregúntate por el que pregunta. Sientes angustia: por eso buscas, pero indaga sobre el que experimenta la angustia. Sientes pesadumbre: por eso buscas, pero inquiere sobre el que se apesadumbra.
  • Aprovecha tu viaje sobre «el alambre de la vida» para descubrirte y trascenderte. Abraza la vida sin fragmentarla, sin dividirla. Sácale su fuerza, su enseñanza, su mensaje. La vida tiene el sentido que quieras procurarle. La vida es para vivirla con plenitud y consciencia, y no solamente para estar opinando sobre ella. La vida es imprevisible; haz lo mejor que puedas a cada momento. Sé certero, preciso, diestro. En el alambre de la vida es donde podrás adiestrarte en la acción correcta, conectando con tu sabiduría primordial, permitiendo que la mente profunda y luminosa actúe sagazmente por ti. En el alambre de la vida no hay lugar para la pusilanimidad ni la aprensión, pero tampoco para la irreflexiva y ciega osadía. Haz de la atención tu mejor aliada. No te dejes vencer por el miedo y confía en tus recursos internos. No hay alambre más difícil que recorrer que el de la vida. Atención, disciplina, el sentido despierto del aquí y el ahora, ecuanimidad y prestancia; todo eso y mucho más se requiere para ser un buen funámbulo existencial. El alambre de la vida puede romperse en cualquier momento; que no te coja con la consciencia dormida.
  • En la senda del faquir, vida y muerte siempre están presentes. Eso nos hace más plenos y más libres, más sinceros y más generosos. No hay pasado, no hay futuro. No nos ligamos a nada porque la ligadura es terrible. Disfrutamos sin aferramiento. Hacemos de la vida una danza, una celebración, sin aferramiento ni apego. Somos funámbulos bien despiertos y nunca sonámbulos psíquicos.
  • El cuerpo, el aliento y la mente son tus instrumentos vitales, pero tú estás más allá de ellos Tómalos y utilízalos, pero no dejes que ellos te tomen y te utilicen a ti. Son tus ropajes vitales, tus envolturas. Ejercítate para que estén en armonía Te han sido entregados estos instrumentos para poder caminar sobre el alambre de la vida como el mejor de los alambristas. Son prestados y tú eres lo que está más allá de ellos.
  • Sin equilibrio no puede haber lucidez ni acción diestra. Es mejor morir que una vida sin equilibrio. La vida sin equilibrio es un erial. El desequilibrio es la enfermedad de la mente y del cuerpo. La vitalidad halla su sede en el corazón espiritual. Es la bisagra entre lo más sutil entre lo sutil y lo más burdo entre lo burdo.
  • No te contraigas, porque la vitalidad se estanca. No te inquietes, porque la vitalidad se altera. No te aferres, porque la vitalidad se pierde. Suceda lo que suceda, estate tranquilo; no te preocupes, no te inquietes.
  • A lo que aquellos, que no son faquires, llaman fracaso nosotros lo llamamos aprendizaje; lo que a otros lleva al desmayo psíquico, a nosotros nos fortalece; lo que a otros desanima, a nosotros nos alienta.
  • Cuando haya que pensar, piensa. Cuando haya que vivir, vive. Cuando las circunstancias requieren de tu cabeza, utilízala, pero cuando no sea así, vive sin cabeza… desde el corazón. Si te descontrolas, controla; si controlas en demasía, descontrola. Avanza con equilibrio entre los extremos.
  • Ante el terror no te contraigas, o lo multiplicas; ante el miedo no te encojas, o lo activas. Si viene la ira, deja que sea una ola que pasa, no te encumbre. Si viene la amargura, obsérvala con curiosidad y déjala partir.
  • Al sufrimiento no añadas sufrimiento. Que el placer no sea el cebo que nos hace tragarnos el anzuelo. No estés en el juzgar, sino en el comprender. No estés ni en el dar ni en el tomar, sino en el ser.
  • El aprendizaje no tiene fin. Siempre somos aprendices y hay que seguir aprendiendo. Sólo la muerte puede apartar al funámbulo del entrenamiento, y no olvidemos que todos somos funámbulos en el alambre de la vida.
  • Faquir quiere decir pobre y quiere decir mendigo. El faquir es un mendigo de las realidades superiores, del toque del Absoluto; el faquir es un pobre de ego, una persona humilde. En el corazón de todo el que busca se escucha la voz del Faquir, que nos llama al despertar de la consciencia y a ir más allá de la consciencia.
  • El faquir busca al «hombre feliz en la cueva del corazón». Cuanto más pobre seas de orgullo, envidia, celos, odio, apego y vanidad, más faquir eres. Todos somos chispas de Conciencia que emergen del Vacío Primordial, que lanza desde su insondable inmensidad un «alambre» que es la vida. Cada uno tiene su alambre y por él hay que aprender a caminar, con cordura pero con entusiasmo, con precisión pero con intrepidez. Mente lúcida, amor y ecuanimidad.

Ramiro Calle

Director del Centro Sadhak

www.ramirocalle.com