Me gusta recordar a dos mentores que con sus palabras y comportamientos demostraban hasta qué punto se mostraban tal como eran ante sus discípulos, sin ningún tipo de impostura, solemnidad o actitud mayestática.

Se dice que uno era sufí y les dijo a sus discípulos: «Porque soy débil, comprendo vuestra debilidad».

El otro bien podría ser zen y cuando sus discípulos en la antesala de la muerte le pidieron que resumise su vida, dijo: «Error tras error».

Siempre me he definido como un profesor de yoga, que el regalo que recibió hace sesenta años, lo comparte con los demás: la disciplina yóguica.

En la medida de la posible siempre me he mostrado ante mis alumnos tal y como soy, porque les considero mis amigos espirituales, a los que yo ayudo a subir un escalón y ellos me ayudan a mí  hacer lo mismo. El profesor hace al alumno y el alumno hace al profesor.   Los mismos desvelos, incertidumbres, dudas, retrocesos o altibajos que puedan tener mis alumnos, los tengo yo, y porque en mi vida pasé por crisis de ansiedad, melancolía, sentimiento de soledad o vacío existencial, les comprendo mucho mejor y se establece entre nosotros una poderosa energía de empatía y cariño profundo. Como decía Jung acertadamente, «para ayudar a sanar a los otros, hay que haber estado enfermo».

50 años de auténtico yoga

   Son casi cincuenta años dando clases de yoga y meditación en Shadak, tratando siempre de impartir el auténtico yoga, sin ceder a sucedáneos de ningún tipo, en un intento perseverante por trasladar a los demás aquellas enseñanzas y técnicas que tanto bien me hicieron y que han demostrado su solvencia y fiabildad desde hace cinco mil años.

Para poder abrir las veredas de mi alma a mis alumnos y lectores, he publicado varias obras de carácter muy intimista, tales como «En el Límite», «Viaje al fondo de mi mismo», «Autobiografía Espiritual» y «Lo que Aprendí en 50 Años», del mismo modo que colaboré con los documentales que me realizaron Juan Betancor y José Pazó titulados «Viaje a los adentros, Ramiro Calle» y «El Ramiro más íntimo».

banneramirocalle - Aprender a Desaprender
Lo poco que yo haya podido aprender, lo comuniqué, con la maxima sinceridad, en mi obra «Lo que Aprendí en 50 años», que tan elocuente y  generosamente prologó mi editor y buen amigo Ángel Fernández Fermoselle y que está dedicado a mi hermano Miguel Ángel, especificando: «mi mejor apoyo en tiempos difíciles, el mejor maestro y el mejor alumno; mi mejor amigo». 

Todos tenemos mucho que aprender y mucho que desaprender. Como les insisto a mis alumnos, «venimos al yoga más para desaprender que  para aprender» y sobre todo para debilitar el ego y saber encauzarlo, saltar fuera de la sombra del apego y el aborrecimiento, cultivar una actitud para la vida de cada día basada en cuatro importantes pilares: lucidez, sosiego, ecuanimidad y compasión.  

Aquello que trata de hacer un profesor y amigo espiritual es transmitir a los demás, nunca adoctrinante o impositivamente, lo que a él mismo le ha ayudado y ha aprendido. Siempre he tenido claro que un mentor innaccesible, solemne, engolado, víctima de orgullo espiritual, adoctrinante e impositivo, que pontifica y manipula, es un traidor a la Enseñanza. Estamos todo los que emprendemos el camino hacia la libertad interior compartiendo el  mismo empeño.

¡Liberarnos!. ¿De qué?

De la ignorancia básica de la mente que da lugar a todas las corrupciones: codicia, odio, envidia, resentimiento, celos y otros grandes torturadors internos.

Todavía tengo mucho que aprender y desaprender para estar a la altura de aquello que dice sobre mí en el prólogo de «Lo que Aprendí en 50 años» Ángel Fernández Fermoselle. Pero ese es el gran reto, el motivante desafío, el  intento incesante por ser mejor, más sencillo, más humilde, más humano.

Mucho de lo que he aprendido a lo largo de medio siglo, ha sido,  sí, gracias a mis alumnos.  Por eso cada día, a media tarde, alborozado, corro a sentarme frente a ellos en el aula de meditación, para seguir enseñándoles, pero sobre todo, para seguir aprendiendo.

Ramiro Calle

Director del Centro de Yoga Shadak y escritor

ramirocalle.com