Desde que publicara mi muy controvertido libro «El Arte de la Pareja», muchas personas me han escrito para hacerme comentarios o confidencias al respecto, formularme preguntas e interesarse en actitudes para mejorar la relación con la persona con la que tienen una relación sentimental.

Así como uno se siente, así se relaciona

Nunca se puede generalizar, porque toda relación es única y porque cada persona tiene su propia idiosincrasia, sus motivaciones y su intrincada vida psicológica, donde a menudo anidan agujeros psíquicos, fisuras y carencias emocionales, frustraciones, traumas, juicios y prejuicios, e ideas preconcebidas, así como viejos patrones o pautas convencionales.  Pero lo cierto es que, como insisto en mis clases de meditación, «así como uno se siente, así se relaciona».

No hay duda de que la relación basada en el ego, a menudo tiene más de desencuentro que de encuentro y puede convertirse en dos líneas paralelas que nunca convergen.

Pero en principio podría decirse que toda relación libremente elegida debe ser para que resulte cooperante, grata y para el desarrollo interior. De otra manera, ¿qué objeto tiene?  De no ser así, como declarase el mismo Buda, «más vale caminar en solitario como el elefante».

Pero si la relación es de amor consciente, o sea con sabiduría, más desde el ser que desde el ego, puede resultar una preciosa asociación de dos personas para enriquecerse y apoyarse, siempre que no haya expectativas que conduzcan a la frustración amarga o que uno estime equivocadamente que otra persona puede resolver las propias complejidades internas o llenar el vacío existencial que uno mismo tiene que ocupar.

Almor, amor del alma

No se puede encontrar una «estrategia» cierta para que una relación sentimental sea lo más armónica y sana posible, pero sí se puede discernir entre el «amor» sustentado en reproches, expectativas, imposiciones, hacer cargos al otro, presiones y derechos adquiridos, y ese otro amor que denomino «almor» y es el amor del alma, donde uno vela por sí mismo y por la otra persona, pero más allá del ego, el falso amor propio, el orgullo desmedido y el afán de posesividad, los celos, el rencor y el sentirse ofendido o agraviado.

En las antípodas del amor consciente o con sabiduría, que es el más seguro y armónico, se encuentra el amor egocéntrico y mecánico, que se empantana en prejuicios y el espeso velo de la ofuscación. Quiza por eso Jung dijo: «Ni siquiera sabemos lo que es amar», y Gurjieff aconsejó: «Empiece por amar a los animales; es más fácil».

La senda del amor consciente

Algunas reflexiones sí pueden ayudarnos a comenzar a recorrer esa senda del amor consciente, que es quizá uno de los yogas más elevados.

  •  No empeñarse en que las necesidades sentimentales y existenciales de uno tienen que ser también la de la otra persona.
  •  Superar las tendencias de impositivismo o dominio, asi como las de dependencia, para poder tejer una equilibrada interdependencia.
  •  Que nuestra autovaloración no esté supeditada nunca a la valoración que otra persona tenga o no sobre nosotros.
  •  No desempeñar el papel de jueces, haciendo a menudo cargos a la otra persona, puesto que no somos jueces de profesión. Reflexionemos sobre esa realidad de que «nosotros que podemos llegar a ser tan indulgentes con nosotros mismos, qué implacables podemos ser con los demás».
  •  No acarrear​ las ofensas alimentando resentimiento, pero no permitir que nadie se empeñe en hacer el guión de nuestras vidas. Saber ceder cuando sea necesario, pero sin perder la propia identidad. Respetar profundamente el ser de la otra persona, pero sin traicionar el propio ser; saber asir y saber soltar.

banneramirocalle - La pareja: de Ego a Ego o de Ser a Ser

El ego, el peor enemigo de una relación

Una vez más el ego se convierte en el peor enemigo de una relación, el mayor falsario y el gran discutidor que siempre quiere tener razón.  Desde el ego la visión es esclerótica, y lo que necesita una pareja para ser confortadora y reveladora, es una visión panorámica y clara, que nos permita comprender que nadie tiene que ser a nuestra imagen y semejanza.

Amar desde el ego es fácil, desde el ser es una proeza. Quizá por eso el antiguo adagio reza: «Los dioses aman conscientemente y el que ama conscientemente se convierte en un dios».  El amor con sabiduría y consciencia, es un sol sin sombras, que se da luz a si mismo y a los demás. No busca poseer, manipular, dominar, limitar y poner cadenas, sino siempre alas de libertad. Esa es su grandeza,  por eso es ALMOR: amor del alma.

Ramiro Calle

Director del Centro de Yoga Shadak y escritor

ramirocalle.com