Mi buen amigo y fiel alumno y asiduo practicante de yoga y meditación desde hace muchos años, Antonio García Martínez, ha acopiado -tras leer y releer mi Autobiografía Espiritual- una selección de enseñanzas y puntos de vista que aparecen en la misma y que me ha entregado esmeradamente reunidos, como si se tratara de un cuaderno de bitácora en la singladura espiritual hacia la Sabiduría. Ha hecho una selección tan sagaz de algunas de las referencias y opiniones que recojo en mi libro, que desde este blog, generosamente apoyado y conducido por Espacio Humano, he querido compartir con mis lectores, como un amigo espiritual que camina con ellos codo a codo por la senda hacia lo Incondicionado. A continuación, pues, el material seleccionado por Antonio con tanta dedicación y amor.

El yoga es un camino hacia la libertad; su práctica constante nos libera del miedo, la angustia y la soledad.

El yoga es el método más antiguo de desarrollo y perfeccionamiento.

No es en la otredad donde podemos hallar refugio, sino en la mismidad.

No hay que moverse por creencias, sino por experiencias.

El verdadero hatha-yoga trabaja el plano físico, el energético y el mental. A ser las posturas estáticas se consigue conquistar la mente a través de la conquista del cuerpo y convertir la ejecución de las asanas en una meditación a través de la corporeidad. El hatha-yoga es básicamente experimental. Se revaloriza el cuerpo como palanca para ensanchar la consciencia y frenar el pensamiento automático.

Lo importante es asumir que el proceso es la meta y el objetivo está dentro de uno mismo.

En la sadhana (disciplina espiritual) todo es práctica, verificación, experiencia y autorrealización.

El hombre despierto se encuentra en el corazón espiritual.

Hay que practicar a diario la meditación para que se revele la verdad profunda.

Aquellos que desean constantemente cosas jamás están satisfechos; su insatisfacción les sigue de la misma manera que la carreta al buey. El que supera el apego es dueño de todo y, por supuesto, de sí mismo.

El diálogo del Ser está más allá de las palabras y conceptos, dogmas o creencias. Ramana Maharshi insistía en que no hay lenguaje más elocuente y poderoso que el del silencio.

Sin la sadhana el noventa y nueve por ciento de las personas no pueden progresar en la senda de la evolución de la consciencia.

El objetivo es paz interior, lucidez y acción correcta: con conseguir esto ya tenemos bastante.

En todos hay un Alejandro Magno y un Diógenes: se puede vivir atormentado o vivir sosegado.

Cuando asumimos la inseguridad comenzamos a sentirnos algo más seguros.

Tendremos que soltar todo, hasta el cuerpo.

Al perseguir implacablemente el placer lo convertimos en el pasadizo hacia el sufrimiento, generando ansiedad y apego, y al aborrecer el sufrimiento agregamos sufrimiento al sufrimiento.

La práctica de la meditación muestra una senda que es la de la indiferencia, no entendida ésta como apatía o impasibilidad, sino en su más puro sentido de indiferencia, es decir, no hacer tanta diferencia entre uno y otro extremo, que son trampas, emboscadas.

La meditación hay que incorporarla como una actividad más de cada día. Hay que tender un puente entre la meditación sentada y la vida cotidiana y convertir la meditación en un arte y técnica de vida.

La vida cotidiana es el reto o desafío. Hay que bregar para superar los rasgos nocivos del carácter, superar los condicionamientos y lograr la libertad e independencia de la mente.

Hay que llevar los frutos de la meditación a la vida cotidiana y establecerse en el «observador», debilitar las tendencias nocivas e ir desplegando las constructivas, consiguiendo así modificar actitudes y obtener una verdadera transformación.

Hay que mantener una actitud meditativa en todo aquello que se piensa, se dice y se hace. La vida se convierte en meditación y la meditación en vida.

Cada momento cuenta en el aprendizaje y el viaje hacia afuera y hacia adentro. El viaje hacia afuera realizado con lucidez, sosiego, humildad y compasión es siempre viaje hacia adentro. Y en el viaje de la vida el sentido está en vivir cada instante con comprensión clara y plenitud. Todo viaje de ida implica un viaje de vuelta, excepto cuando se alcanza Moks (liberación espiritual), poque entonces ya no hay a donde ir y no hay de donde venir. Se acaba la trashumancia. Deja de ser uno un nómada por el samsara. Solo en el viaje interior, si se encuentra Moksha, ya no hay retorno, porque lo que tenía que ser hecho se ha hecho, y cuando no vas a ninguna parte, porque estás en tu ser, ya está en todas, y al conocer al conocedor, las preguntas dejan de ser necesarias, porque la respuesta se ha hallado en esa mente in-espacial que se esconde tras la mente condicionada.

Hay que aprender el arte de vivir y de morir. Cuando sabes que a cada momento estás muriendo, y lo comprendes de verdad, tomas todo de una manera natural y abandonas el miedo, y al abandonar el miedo desaparece el apego. Comprendes que cada momento hay muerte y en cada momento hay nueva vida, y trasciendes el miedo.

La visión correcta es mirar hacia afuera y mirar hacia dentro. Vivir y vivirse. Ser y «serse» y desenmascarar el ego.

¿De qué hay que liberarse? De la ignorancia (maya) que induce a tomar lo irreal por real y lo real por irreal, distorsionando y falseando el discernimiento.

Ramiro Calle

Director del Centro Sadhak

www.ramirocalle.com